Ai Weiwei: “Sin verdad ninguna nación tiene futuro”

Feb 10 • Conexiones, destacamos, principales • 11975 Views • No hay comentarios en Ai Weiwei: “Sin verdad ninguna nación tiene futuro”

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“La desigualdad siempre le habla a la sociedad”, dice Ai Weiwei, el artista que ha hecho de su arte un activismo y viceversa, en esta entrevista exclusiva. De visita en México, el creador chino, que se reunió hace unos días con los familiares de los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa y visitó Ciudad Universitaria, reflexiona sobre la necesidad de la verdad y lo que está detrás de ésta: la justicia

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POR GERARDO LAMMERS/

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Encuentro a Ai Weiwei (Pekín, 1957) de espaldas, jugando ajedrez con un niño en el restaurante del hotel donde se hospeda, en la Ciudad de México. Viste una sudadera con capucha, un pantalón de mezclilla y unos tenis negros. El niño, de rasgos orientales, bien podría ser su hijo (o su nieto). Y la amable mujer que nos sonríe, ofreciéndonos un café en lo que el artista termina o interrumpe la sesión, su esposa. Que use un ajedrez portátil recuerda por partida doble a Marcel Duchamp –una de sus grandes influencias–, el inventor del ready-made que hizo miniaturas de algunas de sus obras y que, después de terminar El Gran Vidrio, se retiró del arte por una temporada para dedicarse al ajedrez de tiempo completo.

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Ai Weiwei ha vuelto a México para reunirse con los familiares de los 43 estudiantes desaparecidos de la Normal de Ayotzinapa, Guerrero; para visitar Ciudad Universitaria y el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC), donde montará una exposición en uno o dos años; y para hacer algo que lo remite a sus años de juventud en Estados Unidos a principios de los años ochenta, cuando se ganaba la vida como jardinero y caricaturista y era un completo desconocido: vagar. En su cuenta de Instagram (@aiww) va subiendo las fotos de sus hallazgos. El autor de la instalación Semillas de Girasol (2010), uno de sus trabajos más conocidos –100 millones de semillas de girasol de cerámica, pintadas a mano, por 1,600 artesanos chinos, metáfora de la opresión al pueblo chino–, y que logró sobrevivir en 2011 a 81 días de aislamiento ordenado por el gobierno de su país por una supuesta evasión de impuestos, es un activo usuario de las redes sociales.

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“La vida es arte. El arte es vida. Nunca lo separo”, ha dicho Ai Weiwei, quizá el artista más conocido que ha fusionado arte y activismo. En los últimos años uno de los temas que han atrapado su atención ha sido la crisis de refugiados en el mundo. En 2016 cubrió con 14 mil chalecos salvavidas las columnas del pórtico de la Konzerthaus de Berlín. Y un año después estrenó en el Festival de Venecia su documental Human Flow (Marea humana), para el cual realizó un recorrió por 23 países.

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También en 2017 visitó su querida Nueva York para montar Good Fences Make Good Neighbors (Buenas bardas hacen buenos vecinos), una serie de esculturas que aluden al fenómeno de la migración, con especial dedicatoria a Donald Trump.

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Impasible y sólido como una roca, el artista que gusta de hacerse una selfie de su dedo medio usando como fondo diversos escenarios asociados a la concentración de algún tipo de poder (la Plaza Tiananmén, la Casa Blanca, la Ópera de Sydney, la Torre Eiffel, etc.), se planta frente a mí. No sonríe.

Gilded Cage [Jaula de oro], 2017, escultura de Ai que forma parte de Good Fences Make Good Neighbors. Instalada en Central Park, Nueva York. /Cortesía de Ai Weiwei Studio y Public Art Fund. fotografía: Jason Wyche.

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¿Cómo está?, ¿cómo le va en esta visita a México?

Llevo aquí cinco o seis días y todos han estado llenos de sorpresas y observaciones interesantes. México es un lugar lleno de vida. Dentro de la escena global pienso que México sigue teniendo muchas ventajas por su cultura y ubicación geográfica.

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Hace un par de días estuvo usted en una reunión con las familias de los 43 estudiantes de Ayotzinapa. ¿Qué puede contarnos de esta experiencia?

Desde mis dos viajes anteriores a México me ha interesado el caso de estas familias. En ese momento, hace como año y medio o quizá dos años, pude verlos realizando una protesta en un parque-plaza pública, ahí montaron casas de campaña aquí en la Ciudad de México y me quedé impresionado, en realidad muy sorprendido, de ver a esta sociedad moderna del siglo XXI teniendo una tragedia como ésta. Siempre le hago la misma pregunta a un amigo: ¿Qué fue lo que realmente pasó? Hay tantas versiones diferentes y todas estas versiones reflejan profundas heridas en la sociedad, a nivel político y a nivel de los derechos civiles y humanos. Es increíble. No sólo para ciertos individuos como yo que le tienen un gran respeto a México y su sociedad. Tuvo un impacto muy profundo en mí constatar su propia cultura y su dignidad. Pero al mismo tiempo ver que un hecho tan brutal y oscuro pueda suceder en esta sociedad refleja la condición general del país, ya que mucha gente ha estado desapareciendo por años. No fue sólo una persona. Esto claramente habla del problema. Siento una gran empatía con las víctimas y sus familias, pero al mismo tiempo tengo un gran respeto por cada individuo que defiende la verdad, que busca la verdad porque siempre es en beneficio para la sociedad. No es sólo un beneficio para los miembros de su familia, no es sólo para ti, sino para la sociedad entera. Porque debemos entender los derechos humanos como un derecho universal en el que si se violenta a uno se lastima a todos. Entonces si no establecemos ese tipo de entendimiento la sociedad nunca será una sociedad moderna.

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¿Sabe de los grandes problemas que tenemos en México, como pobreza, corrupción, violencia, inequidad?

Sí, este es mi tercer viaje a México y he escuchado sobre todos esos problemas. Y de uno que no mencionaste: la relación con Estados Unidos. Gran problema éste. Estados Unidos trata a sus vecinos con descuido y negligencia. Se aprovecha de México en lugar de ayudar. Todos esos problemas pueden ocurrir en todas las sociedades, pero en México tienen su propio carácter: crímenes, drogas y corrupción. Es necesario recuperar nuestra conciencia social y preguntarnos acerca de la verdad. La verdad no necesariamente implica mejorar el mundo, pero sí contribuye a mejorar el entendimiento de nuestra condición. Y lo que está detrás de la verdad es la justicia. Así que si no tenemos verdad, no habrá justicia. Y cuando no hay justicia la sociedad se vuelve perversa. Debemos impedir esto. Todo político tiene que entenderlo: sin verdad ninguna nación tiene futuro.

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¿Cómo puede el arte ser igual al activismo?, ¿puede explicar esta ecuación?

Pienso que un buen activismo tiene que ser arte. Y el buen arte tiene que tener ingredientes de activismo. Porque el arte está ligado a la conciencia de la sociedad humana. Es paralelo a la ciencia y a asuntos, tú sabes, como la eficiencia y la racionalidad, y nos hace darnos cuenta de lo que es humano. Es lo más importante. No importa de qué tiempo es el arte: apela a nuestra conciencia y tiene que ser activo, de otra forma es arte muerto y no es relevante.

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Quizá no podamos entender su práctica artística sin entender el sufrimiento que su padre [el poeta e intelectual Ai Qing], su familia y usted vivió durante su infancia en Manchuria y el Desierto de Gobi [a donde Ai Quing fue enviado a realizar trabajos forzados durante la Revolución Cultural (1966-1976)]. ¿Considera que su arte y su activismo son una manera de confrontar y combatir el sufrimiento humano?

Mi arte se ancla en profundas raíces en la lucha contra la desigualdad y la injusticia, las cuales ocurren tanto en China como en muchos otros países, incluso en los más avanzados de la actualidad. La desigualdad siempre le habla a la sociedad: a la sociedad que sufre y a la que saca provecho de esa injusticia. Entonces pelear por eso ciertamente es una causa muy importante para saber por qué estamos haciendo lo que estamos haciendo. Ahora el mundo se volvió aún más impredecible y con mayores problemas. Representa una gran lucha defender la libertad, la cual nunca podemos dar por sentada. Cuando algún país dice: “Tenemos libertad” está diciendo una mentira. No tiene libertad, sino que sólo está tratando de lucrar con ella.

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Ai Weiwei, Sunflower Seeds [Semillas de girasol], 2010. / Cortesía de Ai Weiwei Studio.

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Su padre fue un poeta y ustedes dos han encontrado una vía de escape, una salida, a través de la expresión de sus propias voces. ¿Qué puede decirnos al respecto?

Pienso que hemos sido afortunados de tener este corazón y esta mente y de que no hayamos sido destruidos por… obstáculos… y por el poder del Estado. Porque nosotros creemos que los individuos tienen la capacidad de decirle a la gente qué tipo de sociedad puede ser. Esto es responsabilidad y también es una parte hermosa de la vida.

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Estados Unidos fue crucial en su desarrollo cuando era un joven artista. ¿Imaginó que este país iba a cambiar hasta este punto, con el presidente Donald Trump?

En la superficie puede parecer que Donald Trump ocasionó un fuerte cambio, pero eso ya estaba profundamente arraigado en los huesos de los Estados Unidos. Lo que Estados Unidos debe entender es que el capitalismo, el imperialismo y esta cultura material está ocasionando graves, graves problemas, en términos del siglo XXI. Esto está relacionado con la justicia social y la paz mundial. Y con la falta de una verdadera responsabilidad ambiental que durante un largo tiempo Estados Unidos ha tenido. Decir [como sostiene Trump] que “Estados Unidos es primero” es una frase vergonzosa para un líder mundial, que habla de su estrechez mental y de su superficialidad.

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El año pasado presentó en Nueva York la obra Good Fences Make Good Neighbors [Buenas bardas hacen buenos vecinos], una serie de esculturas dirigidas a los espectadores estadounidenses. ¿Planea hacer algunas obras dirigidas al público mexicano sobre este tema para su exposición en México?

Aún no tengo claro que voy a hacer en esa exposición, pero ciertamente trataré de hacer obras relacionadas con esta sociedad en México.

Ai Weiwei, “Dropping a Han Dynasty Urn” [Dejando caer una urna de la dinastía Han], 1995 / Cortesía de Ai Weiwei Studio

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Como quizá sepa, en esta semana están ocurriendo algunas ferias de arte en la Ciudad de México. ¿Cómo lidia con el mercado del arte?

No lidio con él. Casi no voy a ferias de arte ni a exposiciones en galerías, salvo algunas excepciones que hago en atención a algún amigo. Pero visité el museo de la UNAM (MUAC) y me pareció asombroso. De primera clase en materia de arte. Un castillo del arte absoluto, que defiende la cultura local y las manifestaciones políticas actuales. Artistas mexicanos de primera clase. Me impresionó muchísimo. Estoy muy orgulloso de poder exponer ahí.

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Quisiera saber por el valor que le da a los sueños.

Pienso que nuestro cerebro tiene funciones diferentes: la capacidad para tratar con los asuntos diarios, y la de imaginar y expresar nuestros miedos. Y todo eso se refleja en nuestros sueños. Son un parte importante de nuestra vida.

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¿Cómo es su vida en Berlín?

Fui expulsado (de China). La vida en Berlín me permite concentrarme en mi trabajo. Tengo un estudio lleno de energía al aire libre. Lo que más disfruto de mi estudio es estar expuesto a la luz del sol.

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FOTO: Ai Weiwei, retratado durante su reciente visita a la Ciudad de México. / Juan Carlos Reyes / EL UNIVERSAL

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