Alexander Payne: las inclemencias del tiempo

Feb 22 • Miradas, Pantallas • 1871 Views • No hay comentarios en Alexander Payne: las inclemencias del tiempo

POR MAURICIO MONTIEL FIGUEIRAS

Con un pie dentro y otro fuera de Hollywood, Alexander Payne ocupa ya un sitio privilegiado dentro del cine estadounidense contemporáneo. Dueño de un estilo anfibio que deambula con habilidad e inteligencia entre la comedia y el drama, la ironía y la sátira social, la austeridad y la hondura narrativa, Payne (1961) ha sabido pactar con el star system sin renunciar a la mirada punzante y en ocasiones abiertamente amarga con que estudia a los desterrados del gran sueño americano. Porque los seres que transitan por los seis largometrajes que el cineasta oriundo de Nebraska ha realizado al día de hoy son, unos más que otros, justamente eso: exiliados y marginados de las circunstancias históricas que dejan huella, héroes de odiseas pequeñas y cotidianas sin mayor alcance, parte de la gente común en la que Walt Whitman advirtió que residía el genio de su país. La protagonista de Citizen Ruth (1996), el debut de Payne, muestra con claridad ese temperamento: una drogadicta (Laura Dern) que luego de ser el centro de un debate en torno del aborto vuelve a su anonimato ante los ojos indiferentes del público que la encumbró como fugaz estrella mediática. Cosas similares ocurren con el profesor de preparatoria (Matthew Broderick) que en Election (1999) enfrenta a una proto-Sarah Palin (Reese Witherspoon) sólo para ser condenado a un destino mediocre; con el actuario jubilado (Jack Nicholson) que en About Schmidt (2002) emprende un viaje hacia sí mismo apoyándose en las cartas dirigidas al niño africano que adopta; con el escritor frustrado (Paul Giamatti) que en Sideways (2004) busca hallar la razón de su vida en el gusto por la cultura del vino; con el abogado opaco (George Clooney) que en The Descendants (2011) intenta estrechar el vínculo con sus dos hijas al cabo de que su mujer sufre un accidente que la arroja a un coma profundo. Entrañables en su medianía, todos estos personajes luchan por llevar color a la monotonía gris de sus existencias; una monotonía que aparece bellamente retratada en blanco y negro en Nebraska (2013), la película más reciente de Payne.

 

Nominada a seis premios Oscar, Nebraska regresa al estado natal del cineasta —ahí se ubican Citizen Ruth, Election y About Schmidt— para ampliar la exploración de la vejez iniciada en Schmidt y experimentar de nueva cuenta con la estructura de la road movie, presente tanto en Schmidt como en Sideways. La cinta empieza y termina en una carretera, lo que afianza el sentido de obra abierta y peripatética que establece la trama minimalista: Woody Grant (Bruce Dern en una actuación que le valió ser galardonado en el Festival de Cannes), un anciano residente de Billings, Montana, quiere recoger el millón de dólares que dice haber ganado en Lincoln, Nebraska; David (Will Forte), su hijo menor, accede a acompañarlo pese a saber que es un mero truco para comprar suscripciones de una revista. A partir de esta premisa, Payne desarrolla con pulso impecable una historia sobre la senectud y el trastorno, la alienación familiar y los lazos filiales, el peso abrumador de la rutina y las inclemencias del tiempo físico y psíquico. La contención dramática y la desnudez expresiva que permean todo el filme responden a los paisajes que atraviesan, taciturnos, los protagonistas; ayudado por Phedon Papamichael, su fotógrafo desde Sideways, Payne localiza una extraña pero armoniosa relación entre interior y exterior que lo conduce a ver la vejez como una inmensa llanura bajo un sol permanentemente frío y las arrugas de los rostros como los surcos de una tierra que aguarda las últimas semillas antes de secarse por completo. Al igual que las cabezas colosales talladas en el Monte Rushmore, una de las escalas en el trayecto automovilístico de Montana a Nebraska, los ancianos de Alexander Payne despliegan el desgaste de los años con gesto hierático. Esculpidos por una vida inflexible, encaran los cambios de clima sin traicionar la discreción de la piedra.

 

*Fotografía: Bruce Dern da vida a Woody Grant, un anciano que dice haber ganado un millón de dólares en Nebraska – ESPECIAL.

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