Angelina Muñiz-Huberman: el retorno infinito de la hija pródiga

Feb 9 • destacamos, principales, Reflexiones • 2078 Views • No hay comentarios en Angelina Muñiz-Huberman: el retorno infinito de la hija pródiga

A lo largo de su obra, Angelina Muñiz-Huberman ha creado un universo en el que el desarraigo de sus personajes se traduce en una voluntad ética y ejercicio introspectivo. Desde la novela, el ensayo y la poesía, uno de sus temas recurrentes ha sido la herencia hebreo-sefardí, memoria viva de una ancestralidad. Este texto es una minuciosa revisión de la obra de la autora de Morada interior, quien recibió el Premio Nacional de Artes y Literatura 2018

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POR CLAUDIA POSADAS 

Angelina Muñiz-Huberman, Premio Nacional de Artes y Literatura 2018, proviene de una familia cripto-judía que debió exiliarse durante la Guerra Civil Española debido a su ascendencia Republicana; durante el éxodo, nace en Hyères, sur de Francia (1936). Desheredamiento, exclusión, desarraigo, la autora pertenece, como dice Adolfo Castañón en el prólogo a Rompeolas, poesía reunida de la escritora, “tres veces a la cultura del destierro”1.

 

Así, para la Muñiz-Huberman, premio Sor Juana Inés de la Cruz (1993), Xavier Villaurrutia (1985), José Fuentes Mares (1997) y Universidad Nacional (2003), entre otros, el exilio es parte de su identidad, pero también el pozo místico y profundo del que abreva su creación. Asimismo, su triple condición exiliar le implica una conciencia múltiple y una creación que no halla su centro porque, como bien lo sabe esta escritora de raíz sefardí nacida en la Provenza de los cátaros y llevada por su familia a París (1937), a Cuba (1939) y a México (1942), el exilio es un lugar provisional de llegada, una tierra prometida a la que nunca se arriba y que sólo es entrevista, como un espejismo, en cada obra, si concebimos la literatura como la patria del escritor en tránsito.

 

Es por ello que las fabulaciones de la autora navegan por hondos y diversos mares. Se trata de una escritura libertaria-libertina que va más allá de géneros, que explora varias significaciones en la palabra y en la cadencia invisible del texto y que desarrolla una compleja temporalidad. Asimismo, cultiva el ensayo, la poesía, la narrativa, la pseudomemoria, la neohistoria y por supuesto, el género híbrido. En cuanto a sus temas, ahonda en el exilio español del siglo XX y en la raíz profunda y sagrada de su heredad sefardí, todo ello avivado por la chispa mora y por el esplendor del Siglo de Oro Español y ensangrentado por la Shoá de todos los tiempos; asimismo, se irradia en el espejo de la cábala, la alquimia, las herejías, el hermetismo.

 

La autora ha publicado recientemente su novela Los esperandos. Piratas judeoportugueses… y yo2.

 

 

I. Memorias vivas, múltiples rostros
El 29 de diciembre nací en Hyères
y cinco días después
empapaba de llanto el tren
que de nacer me llevaba al morir…3

 

 

Cinco días en Hyères, la Provenza de los cátaros, los gnósticos y los cabalistas, el mejor lugar de llegada al mundo para una kabbaliste initieé, como la autora; Hyères, la custodiada por una Torre de los Templarios; tan sólo cinco días y de allí, al interminable partir en pos de la heredad.

 

En Angelina Muñiz esta búsqueda se traduce en una voluntad ética, fantasiosa y fantástica; se trata, como afirma Castañón, de “una recreación interior, íntima de su propia sombra ancestral”4 que debe ser dimensionada no como el trazo de una rígida y superficial viñeta del pasado, sino como un ejercicio mayor y trascendente, es decir, siguiendo a Castañón, como “la recreación del ethos, convivial de una civilización perdida —la del Sefarad, la hispano-hebrea, la mozárabe y morisca— lo que ella busca traer a la superficie viva del poema o la fábula, el canto o la narración”5.

 

Hablamos de un hondo ejercicio introspectivo, de un acto de concilio con quienes la han precedido y la sucederán en el éxodo. La escritora nos entrega una memoria viva y viviente de una ancestralidad que continúa sucediendo, transformándose y conmoviéndonos, desde el espacio atemporal de la literatura.

 

 

II. Shoá
El exilio español es traído a la luz por la autora desde la desmitificación. Bajo este matiz, en Las confidentes6, encontramos relatos de esta índole. Son mujeres que mueren olvidadas por una patria que se les volvió irreal y por el país que les diera resguardo. Sin embargo, este aspecto halla su expresión en Dulcinea encantada7 donde la protagonista, quien fuese rescatada por sus padres de aquellos refugios en el extranjero para los hijos de la guerra civil, no se adapta a su nueva realidad y finalmente es llevada en un automóvil donde, silente, crea novelas en su interior, tal vez al manicomio, a la cárcel, a un convento o a una epifanía. No se sabe, en la literatura de Muñiz nada se sabe.

 

Inherente a esta temática, la escritora desarrolla una historia honesta, lúcida, no autorizada, de la República Española, en ese testimonio del siglo XX de entreguerras que es El sefardí romántico…8, en gran medida a través de unas crónicas que fueron tomadas del diario de Alfredo Muñiz9, padre de Angelina.

 

Y por supuesto, relacionado con lo anterior, se alza la Shoá, tanto la experimentada en esta era, es decir, el Holocausto, como aquella expulsión de los judíos de la España de 1492 que ha sido considerada por Máximo José Khan, pensador judeo-alemán nacionalizado español, y personaje vital en El sefardí… como la otra gran Shoá.

 

En este punto llegamos a uno de los grades temas de la autora: la raíz hebreo-sefardí, cuya exploración podría iniciarse en el cuestionamiento que en la novela Morada interior10, memoria “no autorizada” de una Teresa de Ávila cripto judía, se hace una segunda voz, la de una exiliada española contemporánea, a manera de espejo paralelo a la voz teresiana: “No me echen en cara que me desespañolice si al llegar a las raíces veo que arrancan de más lejos que España”11.

 

Raíz que encuentra su forma en ese tributo amoroso a la historia judaica y sus asentamientos en la antigüedad que es El Mercader de Tudela12. Esta novela trata sobre los viajes históricos del ex rabino Benjamín bar Yoná, quien se lanza a explorar el mundo como mercader. Sin embargo, tiene una misión más importante puesto que, como Dulcinea, efectúa travesías interiores, y por otro lado lleva, secretamente, de comunidad en comunidad, unos manuscritos sagrados que los rabinos de cada aljama irán reescribiendo en pos, quizá, del conocimiento último, aspiraciones de la mística hebrea.

 

Holocausto, Shoá, violencia del hombre por el hombre. Como efecto de desarrollar estos temas, la autora se plantea una meditación sobre el mal que busca enfoques más sutiles de modo que sus personajes o encarnan los gestos en los que podríamos ver el origen del mal como en los cuentos de Trosky en Coyoacán13, u observan y reflexionan sobre dichas señales como Walter Benjamin en El sefardí… Desgraciadamente ningún observante podría haberse imaginado los oscuros alcances de estas raíces.

 

 

III. Burladoras presencias
Para atmósferas en tensión, personajes pendientes de los hilos de lo establecido: seres sin asidero en los sistemas impuestos. Así, la transgresión se evidencia como un bajo continuo en la obra de Muñiz. Uno de sus personajes representativos es Elena (Eleno) de Céspedes, figura histórica y protagonista de La burladora de Toledo14, donde se relata la historia, de esta esclava mulata del siglo XVI que fuese liberada y que fuera la primera mujer cirujana. Hermafrodita, casada con un hombre y luego con una mujer, travestida para participar en la Guerra de las Alpujarras, Elena-Eleno fue una conciencia adelantada a su tiempo y encarna las aspiraciones libertarias de la psique humana y el ánima que anima la escritura transgresora de Angelina, una esperanda cabal tal como lo son sus esperandos, sefardíes perseguidos por la Inquisición medieval, pero también, aquellos exiliados de todo orden que esperan para iluminarse en su Jerusalén Celeste.

 

 

IV. Murmullo interior
Fronteras de géneros literarios, de pensamiento, de espacio y de tiempo, en la escritura de Muñiz la acción no es progresiva, evidente ni externa puesto que ocurre en el espacio interior del texto y en la conciencia-silencio de los personajes.

 

Estamos ante una literatura de la no acción que debe leerse en lo no dicho y hecho, en lo percibido, soñado, entrevisto. Como en la Cábala, la prioridad es el Dios que murmura desde lo no visible y desde donde se asoma un mundo impredecible que perturba y modifica el mundo exterior. Un mundo que no concluye y que, a manera de obra abierta, deber ser reinterpretado-buscado, por cada lector.

 

Esta voluntad encuentra su espejo en la trayectoria de los manuscritos en El mercader… donde, al final, se releva que nunca existieron de tal modo que nunca fueron terminados ya que sólo eran una aspiración. Y aún en el caso de que hubiesen existido, continuamente habrían sido ampliados o reescritos por el rabino de cada comunidad, es decir, jamás hubieran sido concluidos. Nuevamente cábala pura y alegoría del bien mayor de esta cultura puesto que sus libros sagrados nunca ponen punto final y de generación en generación siguen reescribiéndose.

 

 

V. Burladores lenguajes
En cuanto a la palabra, la grafía, el murmullo interior también se manifiesta en el signo. Siendo una autora que jamás limita la significación, defragmenta la frase, la palabra, la letra, en su opuesto, en su consecuencia; luego, contrapone, con otra posibilidad, la síntesis lograda. De igual manera, como en la Cábala, las palabras tienen vida propia, son palabras-verbo que implican acción, creación en busca, quizá, de la palabra única. Una palabra que no se encontrará, una palabra en eterno exilio.

 

 

VI. Fata Morgana
La triple condición exiliar de Angelina Muñíz-Huberman es su triple herida: heredad desposeída, destierro nómada, nacimiento sin raíz. Múltiples tiempos y rostros, texto infinito, fuerza ancestral, escritora fantástica, libertina.

 

Su obra, mares inquietos desde los que se avista la Fata Morgana de una Tierra Prometida que sólo se forma en la creación de cada obra pero que, en el momento del punto suspensivo, que no final, se desvanece.
No hay puerto de llegada. Sólo una ciudad de tránsito que a fin de cuentas es la Hyères del incumplido arraigo; Hyères, donde aguarda, a través de los siglos, la Torre de las transmutaciones que ha custodiado, en el éxodo, a su hija pródiga:

 

 

Como hija pródiga he regresado a mis recuerdos:
(…)

Dejé atrás ese sentir inconforme,
este camino de brújula sin norte,

(…)
que ha encontrado al retornar
el espacio habitado de sus muertos amados.15

 

 

Notas:

1. Muñiz-Huberman, Angelina, FCE (Col. Poesía), México, 2012, p. 9.
2.___, Sefarad Editores, España, 2017.
3.___, op. cit., FCE, México, 2012, pp. 16-17.
4. Ibíd., p. 11.
5. Ibíd., p. 18.
6.___, Tusquets Editores, México, 1ª edición, 1997.
7.___, Tusquets Editores, México, 1ª edición 1992.
8.___, Plaza y Janés, México, 2014.
9. Muñiz García, Alfredo, Días de horca y cuchillo, Editorial Renacimiento, España, 2009.
10.__, Joaquín Mortiz, México, 2015.
11. Ibíd., p. 64.
12. ___, FCE (Col. Letras Mexicanas), México, 1998.
13. ___, ISSSTE (Col. ¿Ya Leissste?), México, 2000.
14. ___, Ed. Planeta, México, 2008.
15.___, op. cit., México, 2012, pp. 19-20.

 

 

FOTO: La experimentación es una constante en la obra de Muñiz-Huberman, donde coexisten la narrativa, el ensayo y las seudomemorias./ Germán Espinosa / EL UNIVERSAL

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