“Te veré el año que viene”: Ingenua propuesta teatral

Dic 1 • Escenarios, Miradas • 740 Views • No hay comentarios en “Te veré el año que viene”: Ingenua propuesta teatral

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La aventura amorosa que viven los protagonistas de esta obra, con historias van de lo placentero a lo trágico, resulta en una serie de lugares comunes, muletillas y un humor complaciente

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POR JUAN HERNÁNDEZ

La comedia romántica Te veré el año que viene, (Same time, next year, su título original en inglés), del canadiense Bernard Slade (1930), traducida por Oz de la Ro, dirigida por José Razo, con la Compañía Mucha Mierda, es la historia de los encuentros anuales entre “Doris” y “George” —interpretados por Jimena Merodio y Oz de la Ro—, quienes escapan de la rutina de sus vidas de casados, para tener una aventura entrañable.

 

Te veré el año que viene fue estrenada en Broadway en 1975, ganadora de una nominación al Tony Award, como Mejor Obra, y llevada al cine por el director Robert Mulligan, en 1978, por la cual Slade fue nominado al Oscar en la categoría de Mejor Guión Adaptado.

 

La trama cuenta el encuentro de dos personajes casados, quienes se reúnen en un mismo lugar y a la misma hora, para conversar sobre sus respectivas parejas, hijos y vida familiar, al mismo tiempo que tejen entre ellos una complicidad amorosa.

 

El montaje mexicano de la obra de Slade recurre a un decorado vintage, que remite a la época de la Segunda Guerra Mundial. A partir de la propuesta escenográfica se puede ubicar, temporalmente, la acción dramática. No obstante transcurrir 24 años, el espacio no se transforma. Los cambios ocurren en los personajes, tanto en su estructura física como emocional e intelectual.

 

En escena se coloca una cama de estructura tubular, una mesa, un sofá, un piano y un teléfono retro europeo. Estos elementos ofrecen una atmósfera realista a la puesta en escena. Ahí, los personajes contarán las vicisitudes de su existencia: desde lo más banal a lo profundo, de lo placentero a lo trágico.

 

La puesta en escena de José Razo no resulta, sin embargo, convincente, en la medida que trivializa el conflicto que supone para los personajes la escapatoria momentánea de su vida rutinaria. No hay profundidad en el dilema moral que implica, para los personajes, ese encuentro que se sale de la norma.

 

El montaje hace énfasis en el desenfado, la empatía y los elementos amorosos en la relación de la pareja. También desvela las “otras vidas” que suceden, de manera paralela, al encuentro; las que ambos tienen con sus respectivas familias. Los personajes cuentan una anécdota, en la que ilustran lo peor y lo mejor de sus parejas. De esta manera tejen lazos emocionales, incluso, con aquellos miembros que llegan a conocer por medio de su compañero de aventura.

 

Hasta ahí todo bien. El texto resulta interesante, no sólo por la trama, que se cuenta en tono de comedia romántica, sino por el lenguaje desenfadado para asumir como algo natural y sin señalamientos moralistas, la posibilidad de establecer una relación afectiva fuera del matrimonio; resaltando en la historia el matiz romántico, es decir, la idealización de una relación imposible.

 

Los personajes viven puntos álgidos, como el trabajo de parto repentino de “Doris”, en uno de los encuentros. Otro momento dramático crucial es la revelación de un suceso trágico en la vida de “George”, quien perdió a su hijo en la guerra y, finalmente, el momento amoroso cumbre, cuando el personaje masculino interviene para que el matrimonio de su contraparte femenina no se desbarate.

 

El remordimiento y la culpa, que de pronto asecha a “George”, debido a la aventura amorosa, se adereza con un tono dulzón y hasta ingenuo; se advierte, en este punto, un problema en la dirección escénica, para conseguir, por medio del humor, desarrollar la dimensión del drama. En ese sentido, la comedia se queda a medias.

 

La transformación de los personajes, que se supone ocurre en un periodo de 24 años, es absolutamente inverosímil y burda. “George” se coloca un bigote que no ayuda al actor a dar verdad a su personaje; por el contrario, lo coloca en una posición vulnerable. Ni el bigote de “George”, ni las pelucas de “Doris” resultan necesarias, frente a las carencias actorales, en relación con la construcción de los personajes a nivel emocional, intelectual y moral.

 

Jimena Merodio tiene mucho más dominado el tono del montaje que su compañero de escena Oz de la Ro. La dirección de actores se diluye en una representación llena de lugares comunes, muletillas y gestos humorísticos complacientes. El reto para dotar al drama de actualidad, a través de elementos atemporales y de una exploración aguda de la condición humana, es asumido con ingenuidad y, eso sí, un derroche de pasión, por parte de los miembros de esta compañía de amantes del teatro.

 

Ya sea por una carencia en el dominio de los recursos actorales o por una dirección endeble, Te veré el año que viene, una propuesta de nivel amateur, invita al espectador a pasar un rato agradable, sin ahondar en el conflicto de un amor irrealizable, de gran vuelo romántico. La puesta deja pasar de largo la oportunidad para desentrañar, desde el humor y la gracia, la manera en que el ser humano enfrenta hechos que, en su forma idílica, esconden el infortunio de su destino.

 

FOTO: Te veré el año que viene, del dramaturgo canadiense Bernard Slade, traducida por Oz de la Ro, dirigida por José Razo, con las actuaciones de Oz de la Ro y Jimena Merodio, producción de la Compañía Mucha Mierda, se presenta en La Teatrería (Tabasco 152, Roma Norte), los lunes a las 20:30 horas, hasta el 17 de diciembre. / Luis Ángel Oropeza

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