Cuerpos sutiles

Jun 24 • destacamos, Miradas, principales, Visiones • 13378 Views • No hay comentarios en Cuerpos sutiles

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Empezamos con un beso, en su sede habitual en el Museo Universitario del Chopo y con un renovado catálogo de artistas, refleja la riqueza que la diversidad sexual ha aportado en las disciplinas plásticas

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POR ANTONIO ESPINOZA

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En el año de 1982 se realizó por primera vez la Semana Cultural Gay con las más diversas actividades: conciertos, conferencias, escenificaciones teatrales, mesas redondas, performance, recitales poéticos, etc. Hasta 1986 la Semana Cultural Gay se llevó a cabo en distintos foros, pero en 1987 el Museo Universitario del Chopo se convirtió en su sede permanente. Para entonces el evento ya era organizado por el Circulo Cultural Gay, encabezado por José María Covarrubias, y contaba desde 1984 con una exposición de arte erótico como lo más destacado del conjunto. En aquellas memorables exposiciones podíamos ver obra de artistas como: Yolanda Andrade, Oliverio Hinojosa, Ofelia Márquez Huitzil, Salvador Salazar, Froylán Ruiz, Reynaldo Velázquez, Elena Villaseñor y Nahum B. Zenil, entre muchos otros. Algo interesante es que en las muestras participaban no sólo autores homosexuales sino también heterosexuales en apoyo a sus compañeros con preferencias sexuales distintas.

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Durante la década de los noventa era obligado ir al Museo Universitario del Chopo para ver no sólo la exposición sino todas las actividades de la que después se llamó Semana Cultural Lésbico-Gay. Desafortunadamente, ya entrado el nuevo siglo, la exposición empezó a desgastarse. Recuerdo bien algunas de las últimas exposiciones, las realizadas antes de que el museo cerrara sus puertas para ser remodelado en el año 2006. Eran muy desiguales, a veces con más obras malas que buenas. Creo que en esto influyó que varios de los principales animadores del evento fueron perdiendo poco a poco el interés y participaban muchas veces con obras menores. Otro problema es que, en los últimos años de su vida, José María Covarrubias se convirtió en un ser terriblemente conflictivo que se peleaba con todo el mundo; se volvió paradójicamente muy intolerante y a todo el que no pensara como él lo acusaba de homofóbico. Su vida difícil concluyó con su suicidio el 16 de agosto de 2003.

Manuel Parra, "Rosa y mexicano", impresión cromógena y tejido de estambre, 2016
Manuel Parra, "Rosa y mexicano", impresión cromógena y tejido de estambre, 2016

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Concluida su remodelación, el Museo Universitario del Chopo volvió a abrir sus puertas en mayo del año 2010. Con la reapertura del museo, se retomó el tema de las exposiciones gay. Pero los tiempos habían cambiado: la vocación del nuevo museo era otra y la muestra ya no podía ser como antes. El recinto era ahora un espacio de exhibición exclusivo para las múltiples expresiones del mainstream. Sólo los artistas globalizados, exponentes de la práctica artística contemporánea, podían exponer en el nuevo museo; el arte tradicional fue relegado. De ahí que en la nueva era del museo, en las exposiciones de arte erótico, realizadas ahora dentro del llamado Festival Internacional por la Diversidad Sexual (FIDS), brillaran por su ausencia muchos de los autores que en su tiempo fueron grandes animadores de la Semana Cultural Gay.

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Afortunadamente, esta postura excluyente se ha desechado en la nueva edición de la exposición, en la que reaparecen algunas de las figuras protagónicas del evento y se le da cabida a todo tipo de expresiones artísticas: pintura, escultura, dibujo, grabado. Bajo la curaduría de Carlos Jaurena, Empezamos con un beso incluye obras de 30 artistas, distribuidas en el nivel 3 del museo, en la Galería Arnold Belkin. Consultado vía telefónica, Jaurena señaló que su idea de la exposición no es que fuera una “vuelta al pasado” sino una suerte de síntesis de lo que ha sido a lo largo de treinta años (el tiempo que tiene de realizarse en el Chopo). Su intención fue curar una muestra más bien “sutil” en cuanto al tema del erotismo, que no cayera en lo vulgar, y que enlazara el pasado con el presente. De ahí que la muestra incluya a tres de los artistas pioneros del evento (Froylán Ruiz, Reynaldo Velázquez y Nahum B. Zenil), a artistas que se sumaron a la exposición en los años noventa y a varios artistas jóvenes que participan por primera vez. El resultado es una muestra muy equilibrada en cuanto a la calidad de la obra exhibida y con un discurso contundente en el que el cuerpo se presenta como el centro de la mirada: el principio del placer en sus múltiples formas de expresión.

Carlos Cárdenas, "Interior", óleo sobre tela, 2015.
Carlos Cárdenas, "Interior", óleo sobre tela, 2015.

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El título de la exposición, dice Jaurena, es “un tributo a la capacidad creativa”. No hay duda: el acto creativo y el acto sexual van de la mano. Los tres autores veteranos participantes (Ruiz, Velázquez y Zenil) lo saben y en sus obras nos remiten nostálgicamente a la etapa heroica de la muestra. La escultura kitsch de Alejandra Zermeño (Biología interna de un pavo real, 2013), que se encuentra en el centro de la sala, parece presidirlo todo. La mujer con flores en el pelo de Laura Quintanilla mira fijamente al espectador. Hace lo propio la chava alivianada pintada por Carlos Cárdenas, sorprendida en su departamento y con el celular en la mano. La que no nos mira es la chava desnuda pintada por Sandra del Pilar, más preocupada por saber si al México violento de nuestros días se le puede regalar algo. Tampoco nos mira el hermafrodita rosado de Gustavo Salmones; más bien esboza una leve sonrisa, como burlándose de nosotros.

Fabián Cháirez, “Desnudo enmascarado”, óleo sobre tela, 2016.

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Dos referencias magníficas a la historia del arte están presentes: Francisco Paz parafrasea con solemnidad a Rubens y César Córdova subvierte con desenfado a Vermeer. Suma y sigue. Las niñas perversas de Iván Villaseñor, las lesbianas retadoras de Rigel Herrera, los hombres desnudos en sueño místico y pasional de Rocío Caballero, las mujeres carnosas en posturas inverosímiles de Carmen Chami, los niños roqueros de Manuel Mathar, la mujer barbuda de Carlos Pérez Bucio, el autorretrato con siameses de Fernando Guevara, la orgía orgánica de Patricia G. Santiago, el ratón cachondo de Gabriela García, el pene con almohada de Salvador Pizarro, el rosa y mexicano de Manuel Parra, el Eros triste de Paulina Jaimes, los dibujos desparpajados de Ray Herrera, los gritos de placer y protesta de Liliana Ang, el hombre floreado de Luis Enrique García, la asamblea animal de Renato Garza, las formas caprichosas en papel recortado de Fernando Osorno, el luchador desnudo de Fabián Cháirez, las escenas cachondas de lucha libre de Enrique Garnica y el ovni de Samuel Melendrez. Muy bien.

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FOTO: Iván Villaseñor, “El fin del edén”, técnica mixta sobre tela, 2010./ Cortesía/Museo Universitario del Chopo.

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