El arte de ser diferente

Jun 22 • Reflexiones • 3146 Views • No hay comentarios en El arte de ser diferente

POR: Antonio Espinoza

A Giovanni Antonio Bazzi (1477-1549), conocido en la historia del arte como el Sodoma, le tocó vivir en una época, sino de absoluta, sí de relativa tolerancia hacia las personas con preferencias sexuales distintas. Hombre culto y apasionado, fue pintor y poeta, además de que gustaba de cantar y tocar música en sus ratos libres. Contemporáneo de Leonardo, Rafael y Miguel Ángel, fue un espíritu renacentista que gozó de privilegios y recibió numerosos encargos. Giorgio Vasari (1511-1574) lo incluyó en su obra monumental: Las vidas de los más excelentes arquitectos, pintores y escultores italianos, desde Cimabue a nuestros tiempos, publicada por primera vez en 1550. Dispuesto siempre a subrayar el carácter “excéntrico” de los artistas, Vasari nos dice que el Sodoma vivía en una lujosa residencia en Siena y rodeado de animales exóticos. Pero el indiscreto Vasari fue más allá en su retrato del Sodoma:

 

 

“Un hombre jovial y licencioso que divertía y entretenía a los demás con su vida de escasa castidad, como consecuencia de la cual -y porque siempre se rodeaba de chicos y jóvenes barbilampiños a los que quería “desmesuradamente”- adquirió el apodo de Sodoma. Esto no sólo no le molestó ni le enojó, sino que se enorgulleció de ello, componiendo estrofas y poemas satíricos al respecto, los cuales cantaba muy graciosamente acompañándose con su laúd”.

 

 

El “jovial”, “licencioso” y poco casto Sodoma fue también un gran pintor. Su obra maestra al fresco se encuentra en Roma, en la Villa Farnesina: Bodas de Alejandro y Roxana (1516-1517). Otra obra capital, esta al óleo, es el San Sebastián (1525), del Palacio Pitti, en Florencia. En este cuadro dramático, pintó al santo en pleno martirio, cargado de belleza andrógina. De hecho, en buena parte de su obra el Sodoma expresó con libertad el amor entre personas del mismo sexo. Pero cuando murió el maestro en 1549, esa libertad que gozaron él y otros artistas renacentistas había empezado a colapsarse.

 

 

 

En el Concilio de Trento (1545-1563) se reafirmó la religión católica frente a la “herejía” protestante. En la última sesión tridentina, en diciembre de 1563, se abordó la cuestión del culto a las imágenes. La Iglesia ordenó la depuración y vigilancia de las obras artísticas, imponiendo una serie de reglas que los artistas debían seguir para tratar con respeto los temas religiosos. Ya no más vírgenes semidesnudas y santos andróginos. De ahí en adelante los artistas que trataran temas eróticos lo harían con el riesgo de ser requeridos por la Inquisición. Por cierto, en la Francia decimonónica ya no existía tanto el peligro de la condena religiosa como el de una sociedad conservadora que vio con malos ojos El origen del mundo de Courbet y la Olimpia de Manet. Las putas no podían ser motivos para el arte.

 

 

El siglo de la diversidad

 

 

El siglo XX fue el más sanguinario del que la historia tenga registro (Eric Hobsbawm dixit), el escenario que vio el surgimiento de regímenes totalitarios sin precedentes, las guerras más brutales y algunos de los monstruos históricos más terribles (Hitler, Stalin, Mao…). Pero también fue un siglo en el que se consiguieron derechos y libertades otrora impensables. En la lucha para lograr esos derechos y libertades hubo artistas en primera línea. Uno de ellos fue George Grosz (Berlín, 1893-1959), autor dadaísta y expresionista que se opuso al régimen nazi y realizó una obra crítica en contra del capitalismo y la industria bélica. Traigo a cuenta a este pintor porque paralelamente a su obra políticamente comprometida, desarrolló una producción plenamente pornográfica. Se trata de dibujos caricaturescos, expresionistas, que revelan su fantasía delirante.

 

Otro gran pornógrafo es Jeff Koons (York, Pensilvania, 1955), el célebre artista neopop, creador de objetos kitsch. Conocedor del marketing (estudió economía en Harvard y fue corredor de bolsa), busca en sus obras el escándalo y la provocación. Su obra más atrevida y directa es la serie: Made in heaven (1990), que incluye esculturas, fotografías y videos, en los que él mismo se exhibe en plena actividad sexual junto a su esposa de entonces, la “pornodiputada” italiana Ilona Staller, conocida como Cicciolina. Con estas obras, el “Bernini de nuestro tiempo” (como le llamó sarcásticamente el crítico Robert Hugues) borra la línea entre el erotismo y la pornografía, concibiendo a ésta como un arte lúdico.

 

 

El fotógrafo norteamericano Robert Mapplethorpe (Nueva York, 1946-1989) no fue un mercader del arte como lo es Koons, pero también nos dejó imágenes fuertes, que revelan su gusto por la ambigüedad y la reivindicación homosexual. Fue autor de imágenes transgresoras, como su famoso Autorretrato de 1978, en el que aparece él mismo en una actitud sadomasoquista. Muerto a los 42 años a consecuencia del sida, Mapplethorpe retrató de forma explícita el submundo homosexual, creando impactantes fotografías de escenas homoeróticas. Por el mismo camino transita el fotógrafo y activista transexual Loren Cameron (Pasadena, California, 1959), quien documentó a partir de 1993 su transformación física de mujer a hombre. Incluso, publicó un libro con su obra fotográfica: Body Alchemy: Transsexual Portraits (1996).

 

 

Al igual que Cameron, Andrés Serrano (Nueva York, 1950) recrea la realidad del mundo no heterosexual. En su Historia del sexo (1997) “retrata comportamientos sexuales que representan tabúes para el imaginario social; personajes transgénero, mujeres seniles en posiciones sugerentes con hombres jóvenes, entre otras. Imágenes que juegan a transgredir todo discurso sobre la sexualidad ordinaria” (Yunuen Esmeralda Díaz, La feria de la carne. Itinerarios subversivos del cuerpo en el arte contemporáneo, Instituto Mexiquense de Cultura, 2012). En cambio, Cindy Sherman (Nueva Jersey, 1954) se deleita en la fantasía en su serie: Sex Pictures (1993), en la que utiliza máscaras, maniquíes y prótesis -entre otros elementos- para armar montajes que recrean pesadillas, visiones obscenas del cuerpo. Lo esencial de estas obras no es tanto en el detalle fotográfico, dice Anna María Guasch, sino más bien en el carácter perturbador de las mismas.

 

 

Tan perturbador como las obras de artistas mexicanos que lucharon en su momento por abrir espacios para el arte erótico y el reconocimiento de la diversidad sexual. Nahum B. Zenil, Reynaldo Velázquez, Froylán Ruiz, Salvador Salazar, Yolanda Andrade, Elena Villaseñor, Oliverio Hinojosa… autores que nos enseñaron que el ser diferente también es un arte.

 

*FOTOGRAFÍA: Jeff Koons, Jeff and Ilona, 1990/Especial.

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