El lado oscuro del corazón del hombre

Mar 31 • Conexiones, principales, Reflexiones • 5481 Views • No hay comentarios en El lado oscuro del corazón del hombre

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En más de una docena de novelas, Evelio Rosero ha abordado temas como la violencia, la vida y la muerte en zonas rurales de Colombia. En entrevista, habla de su novela más reciente, Toño Ciruelo, historia de un asesino en serie en el que se resumen los absurdos de la guerra

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POR ALBERTO SPILLER

Toño Ciruelo fue concebido en un departamento de Bogotá, donde la sinfonía número 9 de Bruckner estuvo sonando, una y otra vez, todos los días durante meses, sin descanso. Allí nació y violó, mató y murió. Su personalidad está impregnada por la influencia de figuras de históricos asesinos, como Caín y Jack el Destripador; y también del entorno y las personas cercanas a su creador. Pero sobre todo por la atmósfera pesada, oscura, de esa música obsesiva: “Ahora ya no la puedo escuchar, pero a mí me metía en el paisaje humano y geográfico de Toño Ciruelo, deambulando por Latinoamérica cometiendo tantos crímenes sin ser nunca capturado, como ocurre con la justicia colombiana, donde siempre hay impunidad”, explica el escritor Evelio Rosero.

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Antonio Ciruelo se mueve entonces, y de alguna forma representa, el entorno de una ciudad y un país sumidos en la violencia, el tradicionalismo religioso, la muerte. Todos temas recurrentes en la obra del narrador colombiano, quien, con esta última novela, publicada en 2017 por Tusquets, dice haber llegado a un clímax, de alguna manera al fondo de un proceso creativo con que, a lo largo de diferentes obras, ha intentado explorar los conflictos, la desesperación y la indiferencia que ha sumido por años a Colombia en una guerra fratricida. Un abismo del que, de ahora en adelante, siente la necesidad de salir.

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Toño Ciruelo es la historia de un asesino en serie. El tema del asesino es común a toda la literatura a través de todos los tiempos, es el lado oscuro del corazón del hombre, la maldad. Siempre me había causado mucha curiosidad, desde que empecé a escribir las otras doce novelas, de alguna u otra manera en varias de ellas ya me asomo al personaje, hasta que en esta última lo abordo por completo”.

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La historia es narrada por Eri Salgado, quien conoce a Toño Ciruelo en un colegio católico y queda hechizado por su personalidad, que se desdobla continuamente, a los ojos de él y otro compañero que participa de la turbulenta amistad, entre lo inspirador y lo repulsivo. Esta perspectiva, como otras a lo largo del libro y sus personajes, tiene origen en una vivencia del propio autor.

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“Hay un detonante real en mi pasado. Tenía un amigo que estuvo conmigo en el colegio y cuando él estaba estudiando medicina en otra ciudad, después de algunos años, me enteré que había matado a cuatro mujeres: la mamá, la abuela, la tía y la novia, y nadie se explicaba cómo. Me impactó muchísimo, para mí fue difícil asumirlo, no como escritor sino como persona. Nunca pretendí ponerme a escribir su historia, no podía acercarme literariamente a este tema. Pero con los años cambió la perspectiva. Esto no quiere decir que Toño Ciruelo sea él, nada que ver, pero fue lo principal”.

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Evelio Rosero podría pasar por uno de los personajes recurrentes en sus novelas. No el arrogante, estrafalario y violento Toño Ciruelo, sino el retraído amigo que padece su personalidad. Con la camisa de cuadros y el pantalón de mezclilla, la cara surcada por pesares, personifica a los sujetos que deambulan por sus páginas y las calles de Bogotá, su ciudad natal; o aquellos de los pueblos rurales donde él mismo pasó la infancia, en el departamento sureño de Nariño, y quienes han vivido en carne propia la indiferencia, el olvido, el clima de violencia que azotó al país durante años, desde diversos frentes, hasta el punto que ya no sabían bien de dónde o de quién.

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Este es el sujeto de su novela Los ejércitos, que se desarrolla en San José, un pueblo ficticio que podría ser cualquier pueblo de Colombia, donde la población vive continuamente asediada por el miedo, los ataques armados y las desapariciones; una sombra constante que asume al mismo tiempo las diferentes caras de la violencia colombiana y ninguna en particular. El todo narrado con un estilo que posee un eco del realismo mágico y una pizca de picardía popular colombiana.

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“Es realismo, pero creo que no es nada mágico. Es el civil, el desarmado, en la mitad de un montón de combatientes, de ejércitos distintos, padeciendo esta realidad: paramilitares, militares, guerrilleros, narcotraficantes. Cuatro ejércitos alrededor del pueblo, del desarmado, eso es para mí paradójico, es una guerra fratricida, absurda, que afortunadamente ya se está empezando a solucionar, entre comillas, con eso del Proceso de paz”.

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Con Los ejércitos Rosero obtuvo el Premio Tusquets de Novela en 2006 y el Foreign Fiction Prize 2009, entre otros reconocimientos que le entregaron a lo largo de su trayectoria, muchos de ellos en diferentes concursos de literatura infantil y, en 2014, el Premio Nacional de Literatura en su país.

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Autor polifacético, ha transitado por el cuento, la poesía, la novela hasta el periodismo y el ensayo, pero se considera un novelista, o mejor un cuentista que escribe novelas: “Es el género que permite todo, uno puede introducir el ensayo, la reflexión, el teatro, hasta la poesía”, en un particular estilo donde los géneros se funden y se alimentan: un poema que se le ocurre en su proceso de escritura puede convertirse en un capítulo de una novela, o en una narración aparte: “Incluso el libro de poemas que publiqué ya hace bastante años para mí son poemas de un narrador. Se titula Poemas contados, porque son en prosa. Cada uno es prácticamente un cuento corto”.

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Sea cual fuere el género, Evelio Rosero es un escritor que no elude la realidad de su país. Habla poniendo siempre un “yo creo” ante cualquier sentencia importante y termina sus frases con “en fin”, como para no darle importancia, sin embargo, no escatima en retratos y críticas agudas de la sociedad que le rodea.

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“La violencia ha sido la realidad de mi país, y también la indiferencia ante la violencia. ¿Cómo voy a eludir esa realidad? Yo sé que en todas mis novelas, como en las novelas de los escritores colombianos, tarde o temprano asoma esta realidad. Las obras clásicas de nuestra literatura todas tienen una relación directa con la violencia, La vorágine, de José Eustasio Rivera, Cien años de soledad, que son grandes obras y están impregnadas de esa realidad. Entonces Los ejércitos y Toño Ciruelo, también obedecen a una respuesta a una realidad. Pero no todo es oscuro, no todo es pesimismo, también está la alegría y el humor del pueblo colombiano”.

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El narco aparece de manera sugerida en Los ejércitos, pero ¿nunca te ha interesado tratarlo de frente?

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“No, no se me ha ocurrido, hay otros escritores colombianos que han tratado el tema del sicariato, como Vallejo, en La virgen de los sicarios. Yo he trabajado el aspecto rural de la violencia, pero no he tenido esta inclinación por abordar directamente el tema del narcotráfico, de Pablo Escobar. Lo ha hecho la televisión, sobre todo, pero de una manera muy superficial, no invita a la reflexión, más bien es una especie de deslumbramiento y apología del mal, del personaje. Los muchachos que ven esas telenovelas son muchachos sin educación, en la miseria, y ven a un paradigma en Pablo Escobar, quieren hacer lo mismo y enriquecerse. Entonces allí hay un daño de esos medios masivos e inmediatos”.

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¿El ambiente rural por qué te interesa?

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“Yo nací en Bogotá, pero pasé mi niñez en el sur de Colombia, en Pasto, y visitábamos mucho los pueblos, que son los que alimentan muchas de mis novelas”.

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Si bien dice que la situación que vive su país la retrata con un realismo “real” más que “mágico”, esta corriente asoma en otra de sus novelas, En el lejero, en la que un hombre anciano busca a su nieta desaparecida en un pueblo donde oscuros personajes se mueven abrumados entre una tierra cubierta de ratas muertas y un estrado bajo, negro de pájaros, que deja ver el cielo nada más una hora al día.

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“En ese caso sí, es una novela muy subjetiva, muy onírica, y por primera vez con ella quise acercarme al tema del secuestro. El secuestro a mí es lo que más me ha impactado y remecido como colombiano, al igual que la indiferencia del pueblo colombiano ante el secuestro. Alguien desapareció y nadie dice o hace nada. Y contra esa indiferencia escribí, tanto en En el lejero como en Los ejércitos, son dos novelas interiormente ligadas, incluso podría parecer que las novelas van juntas, una origina a la otra”.

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La ambientación rural, el clima a veces surreal de sus narraciones, la violencia y los personajes que caminan en vilo entre la vida y la muerte, hacen pensar inevitablemente en la influencia del escritor mexicano Juan Rulfo, al que algunos críticos lo han relacionado.

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Para mí fue “muy, muy importante, fue definitivo, sobre todo porque el paisaje humano de Juan Rulfo, el de Comala, es muy parecido a los paisajes humanos de mi niñez. Yo soy bogotano, pero mi ascendencia es nariñense, al sur de Colombia, y los Andes, la quena, la flauta, el frío y los campesinos, digamos su idiosincrasia, su cultura, son muy parecidos a los de acá, de México. Yo siempre encontré esa empatía, y mi empatía con Juan Rulfo seguramente es la misma. Es algo cultural”.

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FOTO:  Los personajes de Evelio Rosero se mueven en un paisaje humano casi onírico, que él mismo reconoce cercano al universo creado por Juan Rulfo. / Archivo EL UNIVERSAL

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