El pachuco vs el peladito: Tin Tan contra Cantinflas

Jun 30 • Conexiones, destacamos, principales • 45144 Views • No hay comentarios en El pachuco vs el peladito: Tin Tan contra Cantinflas

POR: FERNANDO FIGUEROA

Casi siempre que se habla acerca de Tin Tan surgen las horribles comparaciones y alguien termina por decir que Germán Valdés era mejor actor que Mario Moreno Cantinflas. ¡No hay derecho, joven!

 

En el documental Ni muy muy, ni tan tan… simplemente Tin Tan (Manuel Márquez, 2005), el crítico Jorge Ayala Blanco suelta una arenga que sintetiza la posición del bando rudo germanista: “¡Muera Cantinflas! ¡Viva Tin Tan!”

 

Gilberto Martínez Solares, el director de las mejores (y algunas peores) películas de Germán Valdés, lo decía así: “Era un genio, el número uno; en segundo lugar, él mismo, y en tercer lugar otra vez Tin Tan. A mí nunca me han dado un premio, a Tin Tan tampoco. A Cantinflas le dieron un Ariel inventado, pero no había ni comparación entre Cantinflas y Tin Tan. Germán era actor, bailarín, cantante”.

 

En el aspecto de la versatilidad, la balanza parece inclinarse del lado de Valdés, sobre todo en el terreno musical; ahí están sus excelentes intervenciones como cantante en muchas de sus películas, y las compilaciones en más de una decena de discos. Luis Arcaraz solía decir que la versión de Tin Tan a su “Bonita” era la que más le gustaba.

 

Tin Tan era un gran bailarín en cualquier género musical, pero a Cantinflas no le faltaba gracia a la hora de sacarle brillo al piso. Y si de versatilidad se trata, no hay que olvidar que Mario Moreno es considerado el mejor torero bufo de la historia; su sola presencia llenaba las cuarenta y tantas mil localidades de la Plaza México.

 

A Cantinflas no se le perdona la transformación de genial peladito en múltiples personajes moralistas, básicamente en el cambio del blanco y negro al color. Pero a Tin Tan tampoco le sentó muy bien que digamos el technicolor y acabó como actor de relleno, algo que no le sucedió a Cantinflas, quien fue estelar hasta el último de sus churros.

 

En algunos ambientes intelectuales, lo políticamente correcto es venerar la irreverencia pachuca y pacheca de Tin Tan, y denostar al peladito que se aburguesó. A nivel popular, Cantinflas es el preferido, tal como se constata cuando uno le pregunta al respecto a la gente-gente.

 

De la cima a la sima

 

Por supuesto que los discursos moralistas del Cantinflas en color tienen un sabor ocre, pero qué decir del desbarrancamiento profesional de Tin Tan al final de su carrera. Martínez Solares dijo que Germán Valdés despilfarró el dinero y por eso tuvo que aceptar cualquier cosa en sus últimos años.

 

Un paréntesis: A Tin Tan se le admira por haber sido muy generoso con el dineral que ganó como actor, aunque desde otra óptica puede decirse que fomentó la haraganería que siempre se da en torno a las grandes figuras. Cantinflas también tuvo una destacada actividad filantrópica, pero mucho mejor administrada.

 

Cualquiera que haya sido el motivo, el caso es que Germán Valdés terminó siendo patiño de El increíble profesor Zovek (René Cardona, 1971); dan ganas de llorar cuando Tin Tan pelea a karatazos contra unos enanos que resguardan a un malévolo doctor. Y ni hablar de su muy fallida intervención como director y actor en El capitán Mantarraya (1969).

 

Que Germán Valdés haya sido actor de relleno en Detectives o ladrones (Miguel Morayta, 1966), estelarizada por Viruta y Capulina, tendría como equivalente que Mario Moreno hubiera hecho pequeños papeles en cintas de  Clavillazo o Resortes.

 

Así como El rey del barrio (1949), La marca del Zorrillo (1950) y otras cintas memorables contienen varias secuencias antológicas de Tin Tan, también es cierto que Germán Valdés participó en algunas de las peores escenas de la historia del cine mexicano, como aquella en que Tsekub Baloyán interpreta una interminable canción en un panteón (Chanoc contra el tigre y el vampiro, Martínez Solares, 1971).

 

Curiosamente, los mejores trabajos de Tin Tan en el ocaso de su carrera fueron en el doblaje (otra estrellita a su versatilidad). Resulta insuperable su voz como Baloo en El libro de la selva (1967) y como O’Malley en Los aristogatos (1969).

 

En la escena final de Chanoc en las garras de las fieras (Martínez Solares, 1970), Gregorio Casal suelta un discurso nacionalista (y moralino, ¡ejem!) en medio de Chichen Itzá, y al borracho de Tsekub (Tin Tan) lo pone como “ejemplo de lo que los mexicanos no deben hacer”.

 

Triste final para una gran carrera artística como la de Germán Valdés, quien se sintió feliz, a finales de 1943, por alternar con Cantinflas en el teatro Esperanza Iris, según cuenta Rosalía Valdés en La historia inédita de Tin Tan (Planeta, 2003).

 

Para Salvador Novo, “Cantinflas es la subconsciencia de México y Tin Tan la incómoda conciencia”. Lo escribió en 1944, cuando rifaba el blanco y negro, con Mario Moreno en la cumbre y en el arranque del pachuco.

 

*FOTOGRAFÍA: Fotograma de la cinta Viva Chihuahua/Archivo EL UNIVERSAL.

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