El triunfo del espíritu

Oct 21 • Escenarios, Miradas • 1567 Views • No hay comentarios en El triunfo del espíritu

Al romper con los márgenes del teatro y la danza, esta obra suma la participación de los espectadores en una especie de caja negra, en donde las actuaciones buscan la desnudez de la psiquis humana

Por JUAN HERNÁNDEZ

 

Un hombre solo, del creador escénico Arturo Serrano, es una batalla que se libra en un campo de excepción, el del desconcierto frente a la apabullante complejidad de la vida. El bailarín, coreógrafo y creador del texto de esta puesta en escena, sabe que la única posibilidad de victoria es ser consciente de que “no vale nada la vida”, como dice la canción de José Alfredo y, aún así, se debe experimentar intensamente.


Arturo Serrano se mueve entre dos pulsiones: el de la supervivencia, sostenida por el placer, y el de la muerte, que se asoma insolente en cada resquicio, amenazante. Un diálogo entre Eros y Tánatos, en el campo de la psiquis humana.


En sentido estricto podríamos definir a la puesta escena como un monólogo, pero sería inexacto, porque el espectáculo incluye a todos los espectadores, quienes son encerrados, literalmente, en la caja negra, espacio de la representación, para ser parte de una confesión.
El diseño de la iluminación resulta altamente eficaz. El discurso requiere de intimidad para dejar salir los temores, los sueños y los deseos inconfesables, como preludio de una demostración de vida en estado de pureza.


Serrano hace una interpretación genuina, no pretende engañar, ni actuar, sino desnudarse, poner en juego su manera de entender el mundo, desde la entraña; el intérprete deja a un lado la complacencia, con la gran carga de angustia que eso implica.
En la concepción de la obra el espacio no es un contenedor, sino un elemento del discurso, una proyección del movimiento del cuerpo, de sus impulsos, de la palabra que deshilvana ideas, para establecer un posicionamiento: el lugar que ocupa el hombre en el escurridizo sentido del cosmos.
No se trata sólo de una desbocada liberación de energía, sino de una medida y bien lograda colocación de la palabra que, en su enunciación, junto con el gesto y el movimiento, concreta el discurso en escena.


El intérprete camina y en cada paso hay una aprehensión nueva del tiempo y el espacio. En ese lapso, el intérprete cuenta una historia, que al ser escuchada por los espectadores, los convierte en cómplices, para crear un lazo indisoluble de comunidad.
La propuesta rompe la frontera entre el territorio del teatro y el de la danza; por eso tratar de definir categóricamente a esta pieza, se antoja una tarea si no imposible, sí innecesaria, toda vez que por encima de las definiciones teóricas, esta la necesidad de expresarse claramente con lo que haga falta.
Ahí en donde la palabra articulada obsesivamente, una y otra vez hasta el cansancio y casi a punto de perder su sentido, llega al límite, es rescatada por el lenguaje insuperable del cuerpo que, cuando habla es expresión en estado puro, inobjetable, epifánico.


La vida, en ese cuerpo en movimiento, en toda su belleza, constituye el instante excepcional de la presencia: la aparición de lo sagrado. En ese sentido, Un hombre solo es la constatación de la experiencia trascendente. En ella se abre un resquicio para escapar de lo ordinario y se hace visible la naturaleza intangible del alma humana. Aquella capacidad para revelar los enigmas profundos de la existencia es, quizá, la mayor aportación que, a través del arte de la escena, ofrece Arturo Serrano.
Un hombre solo, además, es una pieza política, de ideas y convicciones; que expresa un profundo desprecio por la inequidad y la injusticia, como elementos constitutivos de la historia humana. A esa realidad despiadada del mundo, el artista antepone el impulso vital, la necesidad de ser y estar, a pesar de todos los pesares, de la fragilidad de la existencia y la seguridad del advenimiento de la muerte.


La danza de Arturo es expiatoria, porque va de lo profano a lo sagrado y se configura en un cuerpo emancipado. En el reconocimiento de la vulnerabilidad del cuerpo frente a la enfermedad y la finitud, el artista encuentra la grandeza de la perennidad del espíritu; que al manifestarse en el placer de un orgasmo, se levanta vencedor de la batalla.
Una obra con las características de Un hombre solo no requiere de mayor artificio, porque se sustenta en la sincera necesidad de expresar una verdad universal.
En el centro del espacio escénico, un asta conecta lo mundano con lo divino y, entre esas dos dimensiones, el cuerpo del hombre es la creación perfecta. El bailarín seduce, conmueve, se comunica con un lenguaje orgánico que determina el valor del instante.


La edición musical acaricia el momento: “God”, “Mind games”, canciones de Lennon, se mezclan sin menoscabo del lenguaje, con sonidos electrónicos, las letras de Silvio Rodríguez, o el discurso del ex presidente uruguayo José Mujica, quien dice a los jóvenes: “¡no se puede comprar vida¡”, para luego urgirlos a vivirla plenamente; o las palabras de Roger Waters que atraviesan muros para señalar que: “toda vida humana es sagrada, señor presidente, no sólo la de sus amigos”.
Arturo Serrano camina con paso firme. Ha adquirido una voz potente y única, pertinente y contemporánea. Se trata de un artista que se cincela a sí mismo con rigor, llevando su cuerpo y expresión al límite, hpara desvelar la imbatible naturaleza de la condición humana.


Sin duda, es un creador que seguirá llamando la atención, de continuar en esta ruta de maduración y contundencia, con sus piezas escénicas. El artista tiene frente a sí, un camino largo por recorrer. Por el momento, no cabe duda que ha sido llamado a detonar propuestas estéticas que, como experiencia, valgan la pena ser vividas, para sumarse y enriquecer el ámbito del arte contemporáneo.

FOTO: Un hombre solo, creación e interpretación de Arturo Serrano, con El Olvidado Asombro Cía; diseño de iluminación y del espacio escénico de Aurelio Palomino, música de José Alfredo Jiménez, Silvio rodríguez, John Lennon, Óscar Chávez, Bob Marley, Violeta Parra y Lilly Wood & The Prick & Robin Schulz y Fleetwood Mac; fragmentos de discursos de José Mujica, Ofelia Medina, Sinéad O´Connor, entre otros, y diseño gráfico de Sergio Álvarez, se presenta en Carretera 45 (Juan Lucas Lassaga 122, Obrera), lunes y martes a las 20:30, hasta el 14 de noviembre. / Jorge Izquierdo/ Cortesía Carretera 45

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