Elecciones: sector cultural bajo fuego amigo

Jun 16 • Conexiones • 2157 Views • No hay comentarios en Elecciones: sector cultural bajo fuego amigo

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El Grupo de Reflexión sobre Economía y Cultura (GRECU) se acercó a los candidatos a la Presidencia de la República con el propósito de debatir las propuestas en el libro ¡Es la reforma cultural, Presidente! Propuestas para el sexenio 2018-2024 y esto fue lo que ocurrió

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POR EDUARDO CRUZ VÁZQUEZ

¿Por qué no contarlo? Nos preparamos para el proceso electoral de 2018 con un afán competitivo. Con el interés de conformar un equipo capaz de dar la pelea por un conjunto de tesis y, sobre todo de propuestas, para el sexenio 2018 al 2024. Un libro, como el eje articulador. La visión, de carácter sectorial, al tenor de la necesidad de una reforma cultural. El mayor número de colegas reconocidos por su campo de especialidad, lo más posible de páginas, una temática abundante como el mismo sector cultural. Los soportes, el Grupo de Reflexión sobre Economía y Cultura (GRECU), con sus 9 años de labor desde la UAM; una empresa cultural, Editarte Publicaciones, y un modelo de economía colaborativa para los 39 autores que se unieron: todos ponemos. Un esfuerzo para dar la cara a una sucesión de poderes de enorme complejidad, para meter en la agenda nuestros postulados, para provocar con ello el diálogo y la polémica, a la vez de enriquecer el catálogo de expectativas que el tránsito del sistema métrico sexenal impone.

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Después de un año de trabajo editorial, el libro colectivo ¡Es la reforma cultural, Presidente! inició en diciembre de 2017 su ruta programada para dos años. Una prueba de resistencia en la batalla campal que tiene lugar en nuestro país. Una guerra con innumerables frentes que no cesará pronto. Un libro acompañado por una estrategia de búsqueda de plazas para alcanzar tres posiciones: un emplazamiento directo al poder político, una influencia en el Plan Nacional de Desarrollo y otra en el primer Programa Sectorial de Cultura (sectorial, de todo el sector, subrayo), que serán promulgados hacia el segundo semestre de 2019. Al iniciar 2020, podrán verse algunos resultados no sólo para quienes apostamos por una reforma cultural. También para la comunidad toda del sector, según las promesas empeñadas. En esas fechas, no debe quedar un libro sin dueño, al tiempo de tener la seguridad de que se sentó un precedente al que los años darán su adecuada dimensión. Entre ellas, ver a finales de 2023 un sector y una comunidad más integrada a esa noción sectorial, con variedad de instrumentos de lucha para lanzar demandas y obtener conquistas cuando un nuevo relevo presidencial tenga lugar.

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Las capas territoriales

En casos como el nuestro, la toma de posición más frecuente corresponde a las presentaciones. Arrancamos el 3 de diciembre de 2017 en la FIL Guadalajara. Este recurso es inagotable como exigente, sobre todo si consideramos la multiplicidad de públicos y escenarios que tiene la República. En la Ciudad de México como sea convienes y llegas. Cuernavaca o Pachuca, puedes poner de tu bolsa. Sin embargo, para acudir a ciudades más distantes, es crucial no sólo la complicidad en la organización, también el apoyo para el transporte y la estancia. Evidentemente nos falta ir a muchos lugares.

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Las acciones son paralelas. Una refiere a la distribución del libro. Producir volúmenes y venderlos no es cosa de las hermanitas libreras de la caridad. Se entra en contados lugares pues dos mil ejemplares repartidos en dos tiros con cinco meses de diferencia, no dan para coberturas amplias. Sin duda, ser nosotros los vendedores del libro ha sido una gran recurso.

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Es menester, al inicio de la ruta, armar los envíos a los interlocutores centrales de la obra. Docenas de cortesías entre aspirantes a la Presidencia, a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, ciertos candidatos a gobernadores, senadores y diputados, equipos de campaña, periodistas, comentócratas, líderes gremiales, etc. La faena consiste no en que lleguen a las oficinas o residencias. Lo es que acusen recibo a través de algún tipo de señal. En la primera etapa del proceso electoral, entre sedes de los partidos, los cuarteles de guerra de los aspirantes, oficinas de personalidades y personal de diversa ralea en cada punto de destino, se perdieron varios ejemplares. También se extraviaron cartas con la solicitud de diálogo, de apoyo en la difusión. Sabrá en qué manos o estanterías se quedaron.

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La acción de comunicar ha tenido en las redes sociales una base fundamental y de alcances inesperados. La cobertura dispensada por los medios tradicionales, sobre todo en los periódicos y en especial en EL UNIVERSAL, favorecen generar referentes del proceso que nos proponemos. Cierto también que coaliciones y candidatos quedarán en deuda con la comunidad cultural, ya que no facilitaron la inclusión del sector en sus agendas de campaña. Una de las consecuencias de este desatino es la baja presencia de información y análisis en los medios. Mi percepción general a unos días de la jornada del voto, es que el activismo de los gremios culturales se quedó corto: el fuego amigo de la democracia le mermó sus energías.

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Del tingo al tango, ni bolero

Más allá de técnicas propias del Manual de Carreño electoral, nuestros afanes estratégicos para ser atendidos por “alguien del equipo” desde los albores de las “precampañas” de los diferentes aspirantes, se topó con un muro. Semanas enteras de espera por los “vehículos oficiales”, y no pocos “informales”. Oficios, cartitas, mensajes a diestra y siniestra, cacería de teléfonos celulares, recados vía asistentes de los asistentes del jefe, intercepción de personajes para solicitar mediación cual asamblea espiritista.

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Mientras intentábamos asaltar los cuarteles, vino otra acción facilitadora: el ciclo “Ventiladero cultural de la sucesión presidencial”. En la Casa Rafael Galván de la UAM, durante febrero y marzo, se dieron siete sesiones de diálogo sobre los temas torales del libro. En el portal del GRECU se subieron los diferentes registros. Fue entonces que se enderezó otra línea de ataque: convocar mediante la plataforma change.org (marzo 20/abril 7) a la recolección de adhesiones para dar fortaleza a la petición de audiencia dirigida tanto a los suspirantes a Palacio Nacional, como al Antiguo Palacio del Ayuntamiento. Por escrito no hubo respuestas.

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En vísperas del banderazo de la carrera presidencial, el vínculo con las coaliciones, con su gente, era nulo. Si bien Alejandra Frausto fue propuesta como secretaria de Cultura para el eventual gabinete de Andrés Manuel López Obrador, en una presentación en diciembre, la primera conversación tuvo lugar el 26 de marzo, gracias a que nos obsequiaron (“no digas que yo te lo di”) su número celular. El Sábado de Gloria (no es broma) supimos que Raúl Padilla sería el encargado con Ricardo Anaya. El miércoles 4 de abril, después del anuncio formal, se dio la conversación. En el lado de Margarita Zavala, la figura era Consuelo Sáizar, con quien se estuvo en contacto en espera del momento. El 6 de abril acudimos a la casa de campaña, si bien la formalización de su encargo ocurrió el 9 de mayo.

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Con José Antonio Meade literalmente fue de película por la cantidad de libros, recados y mediadores involucrados en la trama (al menos una docena de personas). Todo un laberinto que desembocó en Liz Galván hacia el 14 de abril, con la figura de enlace. A Liz la había conocido años atrás. Su trabajo al lado de Meade en la cancillería nos dio mucha confianza. Pero mayo resultó de movidas: el día 1, Liz me dice que no será ella quien asuma el liderazgo, el cual recayó el día 3 en Javier Lozano. El día de las madres, tras una reunión con el senador, la representante en el “Diálogo por la reforma cultural”, del lunes 14, sería Beatriz Paredes. Y mientras cursaba el encuentro en el Centro Cultural Roberto Cantoral, Meade daba posesión como vicecoordinador de cultura a César Moheno. Por la noche de ese lunes, en una casona de San Ángel, el coordinador de proyectos, Sergio Alcocer, presidió una reunión con colegas del medio cultural.

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En la refriega, la figura de Jaime Rodríguez “El Bronco” se desdibujó. Pronto desistimos de andar tras su gente, de incorporarlo. Asumimos el riesgo, era lo mejor ante el panorama que enfrentábamos.

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Por lo que refiere al escenario de la Ciudad de México, a los distintos aspirantes a la Jefatura de Gobierno, los intentos con Claudia Sheinbaum y sobre todo con Paco Ignacio Taibo II resultaron infructuosos, por no decir ríspidos. Otro tanto con el equipo de Mikel Arriola. Tampoco se logró un diálogo con Alejandra Barrales. A las otras candidatas y al candidato, ya no alcanzamos a llegar…

Encuentro de representantes en temas culturales de los candidatos a la Presidencia de la República con miembros del Grupo de Reflexión sobre Economía y Cultura (GRECU) el 14 de mayo en el Centro Cultural Roberto Cantoral. De izquierda a derecha, Eduardo Cruz Vázquez, Alejandra Frausto (representante de Andrés Manuel López Obrador), Raúl Padilla (representante de Ricardo Anaya), Beatriz Paredes (representante de José Antonio Meade), Consuelo Sáizar (representante de Margarita Zavala) y el editor Francisco Moreno. /Archivo EL UNIVERSAL

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Estrategia con bote pronto

La petición por change.org rebasó nuestras expectativas. Más de 2 mil firmas. Con ellas y una carta, tuvimos los encuentros de entrega con Frausto, Padilla, Galván y Sáizar. Acordamos reuniones con los autores del libro, cuyos registros están a disposición de los interesados en el portal del GRECU. Solicitamos el encuentro con sus candidatos lo cual, hasta el momento de aparecer este recuento, no ha ocurrido.

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El empeño puesto alrededor de la obra, así como el respaldo a nuestra labor, quedó de manifiesto el lunes 14 de mayo. En lo que ha sido el único evento de esta naturaleza, con un modelo de encuentro que todas las partes convinieron, en un suceso que tanto le debe a Francisco Moreno, director de Editarte, y a la complicidad de Alejandro Jiménez, director del Centro Cultural Roberto Cantoral, alrededor de 600 personas abarrotaron el recinto para escuchar a Frausto, Padilla, Paredes y Sáizar. El promedio de gente conectada las 2:42 horas de duración del “Diálogo por la reforma cultural”, alcanzó la cifra de 800. Se generaron cerca de 5 mil tuits, 29 mil vistas en Facebook Live, impactamos 103 mil perfiles, el video lleva cerca de 600 reproducciones. La cobertura, sobre todo de medios impresos, fue notoria.

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Lejos del final del camino, ¡Es la reforma cultural, Presidente!, va con saldo a favor. Lo es por otros diálogos, encuentros y acciones que se han dado (UNAM, Cultura 33 en Morelos, la campaña por incluir la cultura en el tercer debate), como por la certeza hacer una contribución a la agenda del sector cultural para los próximos años a partir de un libro. El enfoque integral de sector no es asunto menor y marca un antes y después respecto a otras campañas de sucesión presidencial. Tanto como reveladora es la evidencia de que al llegar al 1 de julio, la comunidad cultural tiene el panorama posible de lo que ofrecen las diferentes coaliciones. Además de seguir el periplo de presentaciones, lo que nos viene es, por un lado, vincularnos al proceso de transición del nuevo gobierno. Por otro, emplazar a los legisladores a partir de septiembre, en especial a quienes integren las comisiones de cultura. La batalla es larga y la damos desde la UAM, desde la Casa Rafael Galván, el recinto del sector cultural. La nave va con la entrega del editor Francisco Moreno, de los autores, de mis colegas del GRECU, con la de quienes creen que, si bien con todo esto no obtendremos una victoria fulminante, estamos lejos de perder. Sin duda vamos de gane.
http://economiacultural.xoc.uam.mx

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Foto: Fila para entrar a las exposiciones Miguel Ángel Buonarroti. Un artista entre dos mundos y Leonardo da Vinci y la idea de la belleza, en el Palacio de Bellas Artes, en agosto de 2015./Yadin Xolalpa/ EL UNIVERSAL

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