Elena Garro en los umbrales de la desmemoria

Jun 10 • destacamos, Lecturas, Miradas, principales • 4383 Views • No hay comentarios en Elena Garro en los umbrales de la desmemoria

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Debo olvidar que existí (Debate, 2017), de Rafael Cabrera, una investigación sobre la etapa más turbulenta en la vida de Garro, ha generado opiniones favorables
de los conocedores de su obra, pero también reclamos por supuestos descuidos. A continuación, presentamos la reseña de Ángel Gilberto Adame

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ÁNGEL GILBERTO ADAME

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El más reciente libro del periodista Rafael Cabrera, Debo olvidar que existí. Retrato inédito de Elena Garro, se suma a los esfuerzos por ahondar en el talante político de la escritora mexicana.

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Cabrera, quien se destacó por ser parte de la indagatoria de la turbulenta historia detrás de la llamada “Casa Blanca” de nuestro presidente, le ha regateado mérito —a través de sus redes sociales— a los trabajos previos de Patricia Rosas Lopátegui y Christopher Domínguez Michael sobre Elena Garro. Con estos antecedentes, uno supondría que su investigación ofrecería una perspectiva inédita y reveladora.

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Mi primera incursión en la escritura de Cabrera se dio por la vía académica, pues tuve acceso a su tesis de licenciatura, Elena Garro y el 68, la historia secreta, misma que presentó en 2011 y que tiene como eje la que podría considerarse “vida pública” de Garro, comprendida entre 1968 y 1972, periodo en el que se cuestionó su participación en el conflicto con los estudiantes, se vinculó a distintas conspiraciones políticas y trabajó como agente encubierta del gobierno. La investigación es valiosa y hasta disfrutable, pues explora un sendero biográfico poco conocido de la narradora, en el que se conjugan la persecución y el desprestigio intelectual del que fue objeto. Construido con base en pesquisas y archivos, el reportaje de Cabrera constituyó un indicio de su habilidad periodística.

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Desafortunadamente, Debo olvidar que existí. Retrato inédito de Elena Garro fracasa en distintos niveles. En la nota de autor se advierte que su objetivo es “reconstruir una historia llena de incongruencias, confusiones y silencios de una autora fundamental para la lengua española. En particular [al igual que su tesis], este libro explora su papel en el Movimiento Estudiantil de 1968, año que destruyó su imagen pública como una roca que estrella un espejo. Y como un espejo roto que se vuelve a unir, la imagen que proyecta de Elena siempre luce mutilada e imposible de reordenar”. El resultado de este proyecto derivó en una reducción estilizada de su trabajo de titulación, toda vez que los elementos narrativos y la organización no difieren sustancialmente de un texto a otro. Basta una revisión temática para corroborarlo.

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El tercer capítulo de ambos documentos lleva por nombre “El complot de los cobardes”, título que Cabrera retoma de un artículo que Garro publicó en Revista de América el 17 de agosto de 1968, tres días después de que protagonizara una confrontación con otros artistas e intelectuales en torno a sus perspectivas sobre la agitación juvenil. El diferendo se debió a que Garro exigía que los ahí presentes, a quienes señalaba como los incitadores de las revueltas juveniles, se hicieran responsables de las medidas tomadas por el Estado para reprimir a los estudiantes –las detenciones arbitrarias y los encierros extrajudiciales eran el pan de cada día– y le decepcionó saber que las reuniones servían más para lamentarse que para elegir vías de acción. Por ende, cuando echó mano de su pluma lo hizo para acusar a “los izquierdistas” de utilizar a los menores como carne de cañón para avanzar en su agenda sin mancharse las manos. Luego, Cabrera deja abierta la posibilidad de que Garro escribiera otro texto en contra de la intelectualidad en la revista Punch del primero de octubre del mismo año, aunque no logró documentarlo en ninguna de las versiones. En la que aparece en su tesis, apenas aporta información sobre el pasquín en que se publicó el misterioso trabajo, mientras que en Debo olvidar que existí sólo dedica un párrafo al tema. Ya que transcurrieron seis entre la aparición de la tesis al libro, ¿debo asumir que agotó todas las fuentes posibles para encontrar el artículo o que simplemente lo pasó de largo?

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Me queda claro que el personaje Garro apasiona a Cabrera, sin embargo, el punto de vista desde el cual aborda su biografía está más vinculado con el morbo que con el rigor literario. El centro de su relatoría es una nota periodística que involucra a la creadora de Los recuerdos del porvenir en un complot de la oposición para desestabilizar al gobierno de Díaz Ordaz. A partir de ese incidente, va refiriendo las consecuencias de semejante acusación y las repercusiones que éstas tuvieron en la vida de Garro y su hija, Helena Paz, que culminan cuatro años después con su salida del país y un periplo del que sólo se conocen generalidades.

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Valiéndose de digresiones y licencias, Cabrera va incorporando datos de distintos momentos en la vida de la polémica escritora para aportar información “inédita”, pero la falta de cohesión argumental hace que sea difícil distinguir los datos relevantes de los anecdóticos. Pero el rasgo que, en lo personal, más me decepcionó, fue el contenido de las entrevistas que el autor tuvo con algunos de los actores más importantes del drama vital de Elena Garro y las que por descuido o ignorancia dejó de hacer. Creo que la pericia periodística de Cabrera cedió a su veta narrativa, pues las palabras que consiguió arrebatarle a Raúl Urgellés, el otrora joven que avisó a Garro que estaba en riesgo de muerte luego de sus actividades clandestinas y delatoras, son parcas y poco esclarecedoras. Este testimonio resultaba fundamental para que el autor logrará articular una hipótesis definitiva sobre la huida de las Elenas que trascendiera el mito de la paranoia; no obstante, tanto en la tesis como en el libro comercial, el resultado de la charla se limita a una escueta lista de nombres de quienes las visitaban en sus horas aciagas y en la descripción de los gestos de un entrevistado que se niega a confesar por qué sabía que la escritora estaba en la mira, así como la adscripción política de los supuestos sicarios que cumplirían con el cometido de asesinarla. Teniendo en cuenta la relevancia de esta información, la investigación queda trunca y esas carencias buscan subsanarse por medio de una prosa abigarrada.

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Algo similar se deriva la conversación que sostuvo con Helena Paz Garro, que fue la última que concedió antes de fallecer. Aunque el afán era el esclarecimiento de lo vivido por ella y por su madre en los años previos a su autoexilio, sólo sirvió para perfilar el pavor que aquel año funesto (1968) provocaba en la hija única. También me llama la atención que, si Cabrera tuvo un encuentro con la escritora chilena Gabriela Mora, no se haya dado a la tarea de profundizar en la relación que ésta mantuvo con las Garro cuando huyeron a Estados Unidos. Por último, ¿dónde están las entrevistas con los demás sobrinos de Garro que, como me consta, tienen mucho que decir sobre el periodo que le interesa a Cabrera? ¿Y con los parientes que le sobreviven a Paz? En sus memorias, Garro narra que, a principios de los 70, ella acudía con frecuencia a un restaurante de la familia del poeta, quienes se compadecían de ella y no le cobraban.

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En mi opinión, Debo olvidar que existí. Retrato inédito de Elena Garro cumple con su misión de dar a conocer el momento quizá más polémico en la trayectoria vital de su protagonista. Pese a ello, me parece que el periodista Rafael Cabrera se quedó atrás del joven estudiante que escribió su tesis, ya que sus aportaciones a la gran biografía Elena Garro son nimias y tienden al amarillismo. Para ensamblar el rompecabezas Garro hacen falta todavía muchas voces que emprendan el desafío desde el punto de vista intelectual, histórico y periodístico.

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FOTO: Debo olvidar que existí, Rafael Cabrera, México, Debate, 2017, 264 pp.

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