El arte de Pahud

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Los discos del flautista suizo y de Les Vents Français, uno de los conjuntos de viento más relevantes de la actualidad, son para disfrutarse como un diálogo entre pares

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POR IVÁN MARTÍNEZ

Para muchos, Emmanuel Pahud (Ginebra, 1970) es el mejor flautista de la historia.

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Quizá sea exagerado decirlo así: yo lo dejaría en el mejor flautista del mundo moderno, para hacer un juicio menos absoluto. O sea, el mejor de quien podemos escuchar un registro. Y hay montones de registros, Pahud –tanto como el desaparecido Rampal– es el más grabado.

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Ha grabado de todo. Músico perspicaz, en lo que toca y cómo lo toca, teniendo, eso sí dicho con toda seguridad, uno de los sonidos de flauta más ricos en posibilidades armónicas, colorísticas y expresivas, se ha dado el lujo de registrar en disco el repertorio tradicional de su instrumento, mucho repertorio desconocido, no poco repertorio nuevo dedicado a él, y se ha acercado también al repertorio de una época que no fue floreciente para la flauta, el romántico; el purista dirá que es una herejía, pero si algún flautista iba a tocar transcripciones de las sonatas para clarinete de Brahms o la de violín de Cesar Franck, haciéndolas sonar tan “flautísticas”, tenía que ser él.

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Hace unas semanas, el sello Warner lanzó dos discos dobles con su presencia como protagonista. No son los únicos, pues en su carrera como primera flauta de la Filarmónica de Berlín, se le puede escuchar constantemente en la mayoría de las grabaciones de la orquesta.

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El primero se titula simplemente Solo, y es un viaje muy bien configurado y conceptualizado por la historia de la flauta, de su repertorio sin acompañamiento, trazado alrededor de las 12 fantasías para flauta sola, TWV 40, de Georg Philipp Telemann: esa serie aparentemente insípida de estudios ingenuamente basados sólo en la técnica.

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Éstas son intercaladas con otras piezas que van de Les folies d’Espaigne de Mariais a las Air y Voices de Toru Takemitsu, pasando por el clásico moderno Densidad 21.5 de Edgar Varèse, la descomunal Sequenza I de Luciano Berio, y otras piezas actuales como el Estländer de Arvo Pärt y la Petite Suite de Jörg Widmann, sin dejar de lado repertorio menospreciado como la Danse de la chevre de Arthur Honegger o Los niños juegan, el “sencillo” movimiento de la pieza teatral La madre, de Carl Nielsen.

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Dicho así, suena a un menú de chile, dulce y manteca poco apetecible como conjunto. Y promovidas sólo las Fantasías de Telemann con cualquier otro intérprete, podría llamar a la aburrición. El éxito está en la configuración del menú, su orden, sus elementos en común, los puntos de encuentro indescifrables sólo al oído atento, y de lo que cada pieza está dotada desde el sonido de Pahud. De su arte. Y de la personalidad del disco: como pocos en el mundo de la música clásica, su diseño es conceptual. No sólo es un compendio, es una experiencia.

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En la ejecución de estas piezas por este flautista hay un lirismo elegante, sobrio; a la vez, lleva a su instrumento por terrenos desconocidos, al límite de posibilidades acústicas, pero sin que suenen nunca forzadas. Todo aquí es natural y orgánico. La forma en que colorea las líneas en Telemann, cómo canta en Nielsen, cómo procura la atmósfera etérea de Takemitsu, cómo construye una narrativa para Berio, hacen del disco un álbum, “sencillamente”, encantador.

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El otro es Concertante! y lo lanzó como parte de un grupo de solistas estrellas, un dream team de alientos que se reúne de tanto en tanto bajo el nombre –por mayoría– de Les Vents Français: además de él, el oboísta François Leleux, el clarinetista Paul Meyer, el cornista croata Radovan Vlatkovic y el fagotista Gilbert Audin. Aquí acompañados por la Orquesta de Cámara de Munich y la batuta de Daniel Giglberger.
Se trata de una rendición ante la Escuela de Mannheim, que tanto hizo avanzar artísticamente a los instrumentos de aliento –aquí se introdujeron de lleno a la vida orquestal como protagonistas y no sólo como adornos que daban color–, y a la forma “sinfonía concertante”, que tanto prosperó en esa ciudad antes de 1800.

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Es un compendio que incluye a sus mayores exponentes: Franz Danzi, Ignace Pleyel y Francois Devienne, pero también a un joven que se influenció lo suficiente de ellos, Mozart.

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A este álbum también lo distingue la elegancia. Y la nobleza: no es Les Vents Français un grupo de solistas sino claramente un ensamble con cinco miembros de suficiente clase como para darle al otro el lugar que merece, entre pares. No escuchará nunca en este disco a las cinco divas que pueden ser los músicos fuera de este ámbito, sino a cinco amigos que disfrutan hacer música juntos.

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Técnicamente, solo encontrará pulcritud y brillo. No es el disco más ortodoxo, pero no hay rubatos excesivos ni ornamentaciones extravagantes. Sí mucha elocuencia y muchos pasajes, virtuosos o líricos, para descubrir a cada uno de los solistas, si es que a alguno no lo conocía. El acompañamiento de la orquesta de Munich provee no solo la necesaria fluidez que se necesita de base para que las obras corran con naturalidad, sobre todo en pasajes polifónicos intrincados entre solistas, pero también un sentido balance entre la idiosincrasia exquisita de unos y la necesaria resistencia que implica la partitura. Un goce total.

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FOTO: Solo, Emmanuel Pahud, Warner Classics, 2018 / Concertante!, Les Vents Français, Warner Classics, 2018. / Especiales

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