Fervor y olvido

Nov 29 • Reflexiones • 1182 Views • No hay comentarios en Fervor y olvido

 

POR LUIS VICENTE DE AGUINAGA

 

Autor de Reducido a polvo (Premio Aguascalientes 2004)

 

Ardores, cenizas, desmemoria es, en sentido estricto, el único libro de poemas publicado hasta la fecha por Juan Goytisolo. Se trata de una colección de nueve poemas ordenados en tres grupos: de dos textos el primero, dos también el segundo y cinco el último. Tales grupos llevan los nombres que acaban formando, por yuxtaposición, el título general del poemario. Así, la primera secuencia es “Ardores”; la segunda, “Cenizas”; la tercera, “Desmemoria”.

 

Debe recordarse, sin embargo, que dos poemarios ya figuraban en El sitio de los sitios (1995), novela en cuyas páginas va desarrollándose una búsqueda casi policial teniendo como fondo el asedio de Sarajevo durante la guerra de Yugoslavia. El propio Goytisolo recuerda este precedente al comienzo de Ardores, cenizas, desmemoria, en una “Nota liminar” donde también señala que muchas de sus novelas pueden leerse “a la vez [como] prosa y poesía”. Goytisolo añade que los poemarios incorporados en El sitio de los sitios “fueron escritos en respuesta a las exigencias de la trama”, mientras que sus nuevos poemas no resultaron de proyecto alguno. El escritor, que ni siquiera se concibe a sí mismo como poeta, dice haber sido “visitado” en un puñado de ocasiones por versos imprevistos.

 

Otra característica peculiar del volumen es que recoge los poemas de Goytisolo en sucesivas versiones al catalán, el euskera y el gallego. Esto, desde luego, es posible gracias a la brevedad y coherencia del contenido, pero también al hecho de que Goytisolo decide abrir el texto a diferentes lecturas en un mismo espacio. Cada traducción representa, conforme van pasándose las páginas, una proyección distinta, un eco diferente —pero siempre audible— de una sola voz original.

 

El poemario concluye, por lo demás, con un epílogo en prosa: el ensayo titulado “Belleza sin ley”. Conviene apuntar que Ardores, cenizas, desmemoria se publicó en 2012 y que un año más tarde apareció el tomo de artículos y ensayos Belleza sin ley, que si lleva ese título es justamente porque comienza con el epílogo del volumen de poemas. No es la primera vez que un libro crítico de Goytisolo hace compañía de modo más o menos notorio a una de sus obras “de creación”: Cuaderno de Sarajevo (1994) forma una pareja bastante obvia con El sitio de los sitios, y algo parecido sucede con Señas de identidad y El furgón de cola (1967), con Juan sin Tierra (1975) y Disidencias (1977), con Makbara (1980) y Crónicas sarracinas (1981), que son obras hermanadas temáticamente.

 

“Belleza sin ley” es un ensayo subdividido en tres incisos cuyos temas van de la energía incontenible del impulso literario a las frecuentes muertes y consecuentes resurrecciones de la novela, entendida como género capaz de inventarse una y otra vez a sí mismo. El título del segundo apartado es explícito: “Los novelistas deberían leer poesía”. Esa frase basta para confirmar que Goytisolo escribe poesía como quien visita un país amigo, admirándolo y aprovechándolo, aun sabiéndose originario de otras tierras.

 

La poesía, para Goytisolo, ha sido estética y éticamente un género ejemplar al menos desde Reivindicación del conde Don Julián (1970), novela de intrincadas raíces gongorinas. Poetas como Rumi, San Juan de la Cruz, Lérmontov, Cernuda y Valente se hacen presentes de varias formas en el propio Don Julián o en Señas de identidad (1966), Paisajes después de la batalla (1982), Las virtudes del pájaro solitario (1988) y La cuarentena (1991).

 

Con todo, en un libro como Ardores, cenizas, desmemoria, que se diría naturalmente idóneo para la intertextualidad, apenas descuellan algunas alusiones literarias (declaradas, por añadidura, desde la “Nota liminar”). Parecería más bien que Goytisolo escribió estos poemas a la escucha de preocupaciones, deseos, reminiscencias y dolores que, de tan íntimos, optan por expresarse con austeridad y recato, en voz muy baja, como si la cita y la paráfrasis le resultaran (con la excepción, tal vez, de un guiño al “Retrato” de Antonio Machado) inapropiadas.

 

Dos intensidades paralelas, la de la contemplación y la de la consumación, son los polos temáticos de Ardores, cenizas, desmemoria. En ambos casos la experiencia erótica se cruza con la epifanía verbal (que también es, por supuesto, una revelación del ser ante sí mismo).

 

Los poemas toman forma, conscientemente, desde la vejez de su autor. Si en las primeras páginas, las de “Ardores” y “Cenizas”, el recuerdo amoroso se abre camino entre los obstáculos del tiempo y el olvido, en los últimos textos (los de “Desmemoria”) es este último, el olvido, el que vence a la experiencia:

 

Desmemoria que llega

de puntillas.

Fechas, lugares, nombres,

borrados sin piedad.

[…]

Ligero de equipaje

afrontarás la sima,

sombra ya de ti mismo

en el punto final.

 

Como en Telón de boca (2003), la pérdida de la memoria desencadena una meditación sobre la muerte, abrumadoramente vivida como una bancarrota del cuerpo y un incurable naufragio del espíritu. En ese punto, la poesía se mantiene a flote como la última reconciliación posible del individuo con el mundo.

 

*Juan Goytisolo, Ardores, cenizas, desmemoria, traducciones de Clara Curell, Rikardo Arregi Diaz de Heredia y Carina Rodrigues, Salto de Página, Madrid, 2012, colección Poesía, 68 pp.

 

*Fotografía: Especial.

 

 

 

 

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