Gustav Metzger: idealismo o muerte

Sep 5 • destacamos, Miradas, principales, Visiones • 2856 Views • No hay comentarios en Gustav Metzger: idealismo o muerte

POR ANTONIO ESPINOZA

 

Es una leyenda viviente del arte. Su nombre es Gustav Metzger (Nuremberg, Alemania, 1926). Siendo un niño vio el ascenso del régimen nacional-socialista y, por el hecho de que sus padres eran judío-polacos, fue recluido en un campo de concentración, del que fue rescatado en 1939 para emigrar a Inglaterra (sus padres no corrieron con la misma suerte: fueron asesinados por los nazis en 1943). Inició su trayectoria artística a fines de los años cincuenta. Marcado profundamente por la guerra y con la idea en mente de que el arte debe servir de algo y no sólo adornar las mansiones de los poderosos, inventó el concepto de “arte-autodestructivo”. Su intención, por supuesto, era minar el gran edificio del arte (el arte con A mayúscula) e incidir directamente en la sociedad; ha realizado durante décadas numerosas obras de carácter político-social que buscan cambiar nuestra percepción del mundo, alertarnos sobre los riesgos que implica el progreso tecnológico y hacernos conscientes de la necesidad de un cambio.

 

El arte de Gustav Metzger se puede ver en estos días en la Ciudad de México. Con el título de We must become Idealists or Die y la curaduría de Daniela Pérez, la exposición de Metzger se presenta en el Museo Jumex (Miguel de Cervantes Saavedra 303. Col. Ampliación Granada). Se trata de una notable muestra antológica que nos permite visualizar un conjunto importante de obras del autor germano. La pieza que abre la exposición: Baterías gastadas (1999-2015), una caja de madera con cientos de pilas usadas en su interior, anuncia el sentido de la muestra, que se refuerza conforme hacemos el recorrido. Muchas de las obras exhibidas pueden ser consideradas como work in progress: obras que se han ido construyendo a través de los años, se han expuesto en distintos países, se han enriquecido y han reforzado su significado político y social en la medida en que la realidad permanece inmutable.

 

Se exhibe una impresión de la primera obra significativa en la producción de Gustav Metzger: Cartones (1959). Sucede que en ese año Metzger exhibió en un café londinense ubicado en Monmouth Street 14 una serie de cartones que él llamó “desechos de la sociedad industrial”. La acción fue provocadora y además anunció lo que sería originalmente el espíritu del Nuevo Realismo, el movimiento artístico orquestado por el crítico de arte Pierre Restany, quien se pronunció por un arte ciudadano, por el rescate estético de la calle y la “poesía de la civilización urbana”. Constituido el 27 de octubre de 1960 en París, el Nuevo Realismo estuvo integrado inicialmente por Arman, César, Yves Klein, Daniel Spoerri y Jean Tinguely, entre otros. Influidos por Duchamp y Dadá, los nuevos realistas abandonaron los pinceles para apoderarse sobre todo de los objetos de desecho de las sociedades de consumo. Metzger no se sumó al movimiento, aunque se refirió al mismo como “el movimiento más vital de nuestro tiempo”, si bien también cuestionó su “creciente comercialización”. Participó, eso sí, con Fluxus en el célebre Festival de los Inadaptados, que se realizó en Londres en 1962.

 

La obra más espectacular de la exposición es Supportive (1966-2011), una video-instalación con una pantalla de 4 X 28 metros y 5 proyectores. Se trata de una proyección de cristales líquidos en un movimiento de flujo y reflujo. La obra es enorme y puede ser hasta aburrida. Lo peor es que nos aleja del discurso más rebelde y contestatario de Metzger quien, como reza el título de la muestra, nos pide ser idealistas para salvar al mundo. El gran Metzger es el artista político, el creador utópico que el 3 de julio de 1961 realizó su primera acción de “arte-autodestructivo”: Acid Action Painting, que la muestra nos ofrece en un video. Ejecutada en el Southbank de Londres, fue una acción pictórica-performática en la que el autor atacó con ácido telas de nylon de tres colores (blanco, negro y rojo) destruyendo simbólicamente la pintura informalista que predominaba entonces en Europa.

 

Como buen neovanguardista sesentero, Gustav Metzger escribió numerosos manifiestos que podemos ver y leer en la exposición. En uno de ellos se lee: “La totalidad del campo visual del artista se convierte en la obra de arte”. El autor es fiel a esta idea y en Terror y opresión (2007-2015) nos ofrece imágenes de una marcha nazi y de un grupo de judíos en un campo de concentración. Metzger cuestiona el poder, el racismo y la intolerancia. Cuestiona también el poder de los medios de comunicación. Así lo hace en Mass Media: Today and Yesterday (1972-2015), una instalación interactiva en la que se invita al público a participar recortando imágenes y textos de periódicos para pegarlos en un pizarrón. Mucha gente acepta la invitación, se da tiempo para revisar los diarios –apilados frente al pizarrón– y buscar lo que tenga que ver con el tema de la “extinción” para tomarlo y terminar la tarea en el pizarrón. De esta manera, el público construye la obra y le da sentido.

 

Otra obra de Gustav Metzger en la que la gente participó activamente fue Kill the cars (1996), realizada en Londres. Se exhiben una gran foto –en la que vemos londinenses en rebelión contra los coches–, un Volkswagen viejo que ha sobrevivido a la ira humana y el audio de la acción. Pero alentar la rebelión contra los coches es tan sólo el principio de la idea de Metzger de destruir para crear. En su Manifiesto del arte auto-destructivo, dice que éste es un tipo de arte público para las sociedades industriales y que puede ser creado mediante el uso de fuerzas naturales, técnicas del arte tradicional y tecnológicas. Ahí mismo señala que una vez cumplida su función, la obra auto-destructiva debe ser arrojada a la basura (Stewart Home, El asalto a la cultura, Barcelona, Virus Editorial, 2002, p. 130). Por eso también imagina “monumentos públicos” que nadie en su sano juicio intentaría construir: Monumento autodestructivo (maqueta de grapas, 1966-2015) y Cinco pantallas con computadora (maqueta de acero, 1969-2015). Concluida su función creativa, estas obras deben destruirse y ser arrojadas al basurero de la historia.

 

 

*FOTO: Gustav Metzger, “Kill the cars”, 1996/Museo Jumex.

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