Hou Hsiao-Hsien y la reinvención marcial

Oct 1 • Conexiones, Miradas, Pantallas, principales • 3772 Views • No hay comentarios en Hou Hsiao-Hsien y la reinvención marcial

POR JORGE AYALA BLANCO

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En La asesina (Nie Yianning, Taiwán-China-Hong Kong-Francia, 2015), sigiloso filme 19 del gran maestro taiwanés de 68 años tras 8 de semirretiro Hou Hsiao-Hsien (Capital del dolor 89, Millenium Mambo 01, El vuelo del globo rojo 07), con guión suyo y de Ah Cheng, Chu Tien-Wen y Hsieh Hai-Meng basado en el relato del siglo IX Nie Yianning de Pei Xing, la ubicua joven enlutada de larga daga curva Nie Yianning (Shu Qi superestrella adusta) ha sido secuestrada desde sus 10 años y entrenada por su tía monja taoísta la bella princesa canora Jiacheng (Sheu Fang-Yi) como justiciera homicida, para purgar abusos del poder, según la máxima severidad de las artes marciales, en las lejanas colinas escarpadas de la China Imperial de la Dinastía Tang del siglo IX, cuando las diseminadas guarniciones hacían proliferar estrategias sinuosas para enfrentar el exigente poderío de la Corte central, pero su desobediencia por perdonadora compasión femenina de cara a un multicriminal ante el hijito indefenso recibirá como castigo remontarse a su natal comarca de Weibo en el norte distante, para eliminar a su propio primo Tian Ji’an (Chen Chang) con quien estuvo prometida durante la primera década de su existencia, por lo que se hace recibir como la parienta pródiga de regreso libre y triunfal, atestigua las retorcidas intrigas palaciegas en torno a su siniestro tío maquinador despiadado Tian Xing (Zhen Yu-Lei) y a las crueles prácticas contra concubinas como cierta infeliz bailarina embarazada por el hijo Huji (Hsieh Hsing-Yin), aparte del urgente simulacro de su emplazada víctima gallarda fingiéndose hasta con derrame cerebral y la necesaria huida posterior de él mismo, bajo la amenaza de los soldados feudales enemigos y los guardias de la realeza, razón por la cual nuestra temeraria habilidosa Yianning se ve en la emergencia de rescatarlo malherido durante una emboscada que lo condenaba a ser sepultado vivo y cruzarlo a cuestas por la gruta-pasadizo de una montaña para ponerlo a salvo, aunque colocándose ella además en duro conflicto entre el amor y el deber, al añorar sus expectativas infantiles mientras se restañan las heridas del amado protegido al lado del también doliente preboste padre de la heroína Nie Feng (Ni Dahong), para terminar finalmente perdonándole la vida, aunque antes deba enfrentarse en feroz duelo con otra implacable justiciera enmascarada y luego con su defraudada tía rabiosa.

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La reinvención marcial se remonta y abreva en las originarias fuentes mitológico-legendario-literario-épicas del cine oriental de artes marciales llamado genéricamente wuxia, hasta las postrimerías del siglo IX chino, para proceder narrativa y fílmicamente por despojamiento, por eliminación de recursos efectistas, por depuración tanto visual como auditiva, como si se tratara de revisarse y recrearse a sí misma, de resarcirse gracias a la recuperación de La imagen ausente/faltante (Rithy Panh 13) o la confirmación de alguna particular Hipótesis del cuadro robado (Raul Ruiz 78 reivindicando a Pierre Klossowski), con escenas de acción violenta (rapidísimas, fuera de la percepción del ojo más veloz) tan escasas como las líneas de diálogo que de repente sin embargo se clavan en un haz de pretéritas o fabulosas historias paralelas (en el mejor estilo del mencionado franco-chileno Ruiz o del ampuloso rutilante Señor de los anillos de J.R.R. Tolkien-Peter Jackson 01-03), sin patadas voladoras o expansivos duelistas por los aires tipo aquel pirotécnico enfático Ang Lee de culto efímero (El tigre y el dragón 00), donde todos los detalles ópticos y los despaciosos sonidos significan cual signos fuertes y suntuosos, hasta el ceremonial hierático y el misterio, hasta la expansión marchita de antemano y el enigma, en suma un mundo reminiscente de las viejas cintas de artes marciales (incluso las de King Hu o Zhang Yoinou y Wong Kar-Wai) aunque ayuno de acrobacias y con magna opulencia visual, un divertimento genérico bordeando lo fantástico en virtud de sus demasiados plus autoconscientes y, por apabullante sorpresa, secretos.

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La reinvención marcial sólo incluye de modo primordial y bien valorado tanto en lo visual como en lo auditivo elementos significantes muy selectos, a saber, un soberano uso evocativo-invocativo del blanco/negro en el contundente prólogo con la primera encomienda de la huidiza heroína y un empleo flamígero del color en su segunda (abarcando de hecho el corpus completo narrativo), una lenta casi irritante e impositiva fotografía ceremonial de Liao Chin-Song cediendo a las gamas tonales rojoamarillentas y a la iluminación con velas, imágenes-flash mentales que perturban el entendimiento como aquel entierro a paletadas en vivo a la mitad de un apenas asalto (cual desplazado recuerdo de una ocasión no vivida pero vuelta premonición malvada), el diestro tañido hipnóticamente espacioso del guqin (la cítara para mano femenina de la antigua China) al tiempo que se profiere la fábula del archisimbólico pájaro azul-alter ego que alentado por su reflejo especular murió cantando y bailando en suprema excitación, la ominosa presencia de los antepasados de los espejos bruñidos a la vista maravillada de los niños y del prodigioso papel engendrando peleles-vudú para acuosa magia negra, flores blancas como formas de paso, gasas voyeuristas, un jade dividido y el arcaico hechicero vil de luenga barba muerto a inmisericordes flechazos fulminantes, en suma, un mundo grave de fastos ancestrales subvirtiendo cualquier imaginario de (in)acción preestablecida.

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Y la reinvención marcial añade a las olvidadas, y por ello muy novedosas, virtudes dramáticas y estetizantes del ya preconizado sigilo, una ausencia de énfasis y un rigor a toda prueba, para implantar un aura poética absoluta, radical, hecha para poner en evidencia los aún todopoderosos subterfugios laberínticos del Poder y la fehaciente conciencia axiológica de una mujer-máquina de matar en trance de sosiego bienhechor.

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FOTO: La asesina, del director taiwanés Hou Hsiao-hsien, basada en el relato del siglo IX Nie Yianning, se proyectará en la Cineteca Nacional hasta el 6 de octubre./ESPECIAL

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