James Franco y la maestría desastrosa

Ene 27 • Miradas, Pantallas • 9013 Views • No hay comentarios en James Franco y la maestría desastrosa

 

The Disaster Artist: obra maestra está basada en las memorias de Greg Sestero, productor de The Room, considerada como una de las peores películas de la historia del cine

 

POR JORGE AYALA BLANCO 

En The Disaster Artist: obra maestra (The Disaster Artist, EU, 2017), exultante film 14 del heterodoxo actor-director-documentalista californiano de ascendencia judío-sueco-portuguesa y estudios en literatura inglesa de 39 años James Franco (Simiosis 05, la faulkneriana El sonido y la furia 14, Una lucha incierta 16), con guión de Scott Neustadter y Michael H. Weber basado en el relato biográfico El artista del desastre: mi vida dentro de The Room, la más grandiosa peor película jamás filmada de Greg Sestero y Tom Bissell, el carilindo/babyface modelo profesional con talento interpretativo inhibido Greg (Dave Franco) conoce dentro de sus clases actorales según el tradicional método vivencial de Stanislavski en el San Francisco de finales de los 90s, al desaforado actor asimismo en ciernes Tommy Wiseau (James Franco) que destaca por su exageradísimo autopatetismo anacronizante a lo Marlon Brando, cosa que fascina al muchacho que en seguida lo busca para convertirlo en su faro y guía, siguiendo todas sus órdenes e indicaciones aún cuando se trate de recitar a grito pelado monólogos de Tennessee Williams o Shakespeare en una cafetería, por lo que no tarda en romper con su madre protectora y mudarse al apretado depto propio de Tommy, sin saber siquiera el verdadero origen de su inubicable acentazo supuestamente de New Orleáns ni de donde saca para sus derroches, o para sostener otro depto propio en Los Ángeles, donde ambos acabarán alojándose para, ahora sí, intentar hacer carrera actoral a lo grande en la Meca del Cine, pese a que el disciplinado Greg de inmediato encuentra un agente y Tommy fracasa, o de plano hace el ridículo, en los castings en que con entusiasmo o prepotencia participa, hasta que, viendo al sumiso Greg infatuado con la guapa meserita Amber (Alison Brie) y cansado de picar piedra artística hollywoodense, el incontenible Tommy toma en serio una hablada de su amigo sometido y decide probar suerte como su propio guionista-productor-director fílmico, sin conocer nada del oficio, redactando en arrebatos febriles un libreto donde abruptamente vuelca anhelos y traumas, volviéndose supercerebro creativo-ejecutivo al servicio de su lucimiento y de Greg, levantando heroicamente el proyecto bautizado como The Room/La habitación, acerca de un traidor triángulo amoroso bancario, conchabando como socio buenoparatodo al guionista incipiente Sandy Schklair (Seth Rogen) y como único conocedor técnico al aquiescente fotógrafo Raphael Smadja (Peter Scheer), comprando el carísimo equipo fílmico en vez de rentarlo y revelándose un inepto actor incapaz de memorizar los impronunciables diálogos esquizofrénicos pergeñados por él mismo y un cineasta incapaz de ajustarse a plan de trabajo cualquiera, aplastando al mundo entero, desbordando sobradamente los días previstos para el rodaje, concluyendo con una exhibición privada de la que el buen Greg sale huyendo y ocho meses después estrenando a lo megalomaniaco el producto atroz en una atestada sala al principio en el desconcierto pero pronto botada de risa con cada fallidísimo incidente, no dejándole otra vía a Tommy que dar las gracias en el escenario celebrando las burlas a su peripatético producto autobiográfico y fingir que se trataba en efecto de una comedia deliberada, pronto elevada por varias décadas a cinta de culto de medianoche, gracias a su inesperada maestría desastrosa.

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La maestría desastrosa rinde alucinado y delirante culto ambiguo al visceral e irresponsable ímpetu creador vuelto finalmente cinismo que encarna el insuperable paranoicazo perfecto Tommy Wiseau, irresistible detonante duradero, desternillante involuntario sin saberlo y sin miedo, compulsivo ocurrente a rabiar, fanático que obliga a visitar de noche la carretera donde se estrelló mortalmente James Dean para ser inmortal, catártico infantiloide melodramáticamente fiel a cierto pacto de meñiques cruzados con Greg para un apoyo mutuo hasta la muerte, carismático tirano odiado por su doble crew (pues insiste en filmar en 35mm y a la vez grabar en HD), manipulador castrante que obliga al infeliz Greg a afeitarse a cámara la barba que le resultaba indispensable para un papelito crucial que lo integraría al equipo televisivo del famoso showman Bryan Cranston por fin alcanzable, narcisista iluso que mediante pago extra sostendría dos semanas baldías a The Room en cartelera para poder figurar como imposible candidata a los Óscares, absurdo egocéntrico autoinflado como cualquier adolescente artista que se siente incomprendido a perpetuidad, estratega que da vueltas en su limusina blanca rentada en espera de que se junte suficiente publico para hacer su entrada triunfal, y ahora sujeto de mitificación instantánea, para erigir al personaje posmoderno más maravillosamente complejo, contradictorio y ojete del cine estadunidense actual.

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La maestría desastrosa dicta un verdadero tratado de seducción multitrack, seducción lúdica e infernal que impone su exclusivo orden en el caos de la filmación del cine dentro del cine (auxiliada por la soberbia edición de Stacey Schroeder en sus mutaciones formales a la vista), seducción padecida desde una excentricidad irritante más cerca del Jim Carrey de El lunático (Forman 99) que a la del peor-cineasta-de-la-Historia Johnny Depp en Ed Wood (Burton 94), seducción supragay del vértigo sobre el tema, seducción límite, seducción estridentista inasible, seducción de otras renovadas Opiniones de un payaso (Böll) y seducción irónica y nihilista antiKierkegaard en un mundo trágico farsescamente vaciado de sentido.

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Y la maestría desastrosa se estructura como bitácora con fechas exactas, diario íntimo de horrores, desde el primer encuentro con Tommy hasta la desinhibición-emancipación-liberación de Greg, en una brillantísima película infumable al interior de otra dolorosa, a su imagen y semejanza, que culminará comparando aquel The Room original con su clon ideal y se consumará como cuento de nunca acabar.

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FOTO: The Disaster Artist: obra maestra se exhibirá en la Cineteca Nacional hasta el 1 de febrero de 2018. / Especial/

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