Las migraciones bíblicas de José Revueltas

Oct 27 • Reflexiones • 1089 Views • No hay comentarios en Las migraciones bíblicas de José Revueltas

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A 70 años de Israel, obra sobre los conflictos interétnicos en Estados Unidos, el texto adquiere una dimensión profética y muestra a su autor como un agudo intérprete de la condición humana

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POR SONIA PEÑA

El 13 de mayo de 1948 el Teatro del Sindicato Mexicano de Electricistas estrenaba Israel, “drama en tres actos, original de José Revueltas con el poema de Langston Hughes ‘Canto de una muchacha negra’ y música de Silvestre Revueltas”. El grupo teatral La Linterna Mágica bajo la dirección de Ignacio Retes fue el encargado de llevar a escena esta historia cuyo escenario es “el campo petrolero de Amapola Village, en algún lugar de Texas”. Los actores fueron Eugenia Bedoy, Lucila Alarcón, Carmen Bracho, Ignacio Retes, Eduardo Licona, Rafael Estrada, Carlos Bocanegra y Fernando Balzaretti.

 

Al leer este pequeño libro editado por Gráficos Guanajuato y la Sociedad General de Autores de México se percibe una característica de la literatura de Revueltas: su empatía con las franjas marginadas de la sociedad, en este caso una familia de color y un mexicano que sufren la discriminación en el país del Norte. Hoy, a más de medio siglo de su publicación y en medio de expresiones racistas de todo tipo, la pluma de Revueltas adquiere una dimensión profética y nos demuestra –una vez más– que el novelista fue un agudo intérprete de la condición humana.

 

Israel, el protagonista que da nombre a la obra no aparece en ningún momento, los lectores reconstruyen su personalidad a través de los comentarios y recuerdos de los demás actores. No cabe duda de que La Biblia fue una de las lecturas favoritas de Revueltas, en esta obra las referencias van desde los nombres (Rebeca, Esaú, Eleazar, Israel), el epígrafe: (“Y la tierra que yo he dado a Abraham y a Isaac, la daré a ti: y a tu simiente después de ti daré la tierra”) hasta la temática de la persecución y el éxodo. Revueltas cita Génesis 35-11, en realidad se trata del versículo 12, el momento en que Yahvé ratifica el cambio de nombre de Jacob por el de Israel y éste huye a Betel, luego de que sus hijos masacraran a Siquén y su tribu por haber violado a su hermana Dina, hija de Jacob y Lía.

 

El primer acto trascurre en una habitación que sirve a la vez de dormitorio y cocina, la tensión se centra en tres mujeres: Mamá Smith, madre de Israel, Celeste Smith (esposa) y Rebeca Smith (hija) quienes se encargan de los preparativos para celebrar su partida a “los hermosos campos de Florida, a sus grandes y apacibles sembradíos de tabaco”, mientras la joven Rebeca trata de desarmar una cama para dejar libre el espacio sugiere que va a necesitar “la llave Steelson”, elemento clave en la diseminación que guía al trágico desenlace. La conversación pasa de la alegría a la seriedad cuando la jovencita anuncia que está enamorada del migrante mexicano Jimmy González. Noticia que las mayores reciben con preocupación: “Ni tu padre ni tu hermano estarán de acuerdo. Será mal visto por los nuestros… y por los otros” sentencia la madre. La disyuntiva del migrante mexicano no podría ser peor: mal visto entre negros porque lo consideran blanco y mal visto entre norteamericanos quienes tampoco lo consideran de los suyos, un limbo atroz (para usar un término revueltiano) en que se debatirá a lo largo de la obra Jimmy González. En ese momento entra Esaú, hermano mayor de Rebeca para romper la tensión, bromea con la muchacha quien luce hermosa como nunca y se detiene en las medias que Rebeca anuncia como un regalo de Peggy Ryan, una prostituta, lo que provoca una discusión que pronto se ve interrumpida por la aparición del tío Eleazar con la llave Steelson llena de sangre. El final del primer acto cierra con la noticia de que el cuerpo de Peggy Ryan fue encontrado a la entrada de la cabaña de los Smith y que Jimmy González vio a Esaú cuando trataba de deshacerse de la llave Steelson que comprometía al tío Eleazar, de inmediato todos huyen.

 

El segundo acto inicia en una celda del condado con el tío Eleazar, Jimmy González y un tal Jhonnatan Lincoln Fletcher, allí nos enteramos de que el mexicano en realidad se llama “Jaime González, hijo de Hipólito González y de Eleuteria Gudiño, de Rosita, Chihuahua”. El tío Eleazar (que es mudo) es golpeado hasta el desvanecimiento para que confiese y de esta manera instalar el miedo entre sus compañeros pero lo único que logran es que los acusados planeen la fuga. De Israel sólo sabemos que permanece incomunicado en otra celda. El racismo por antonomasia que se vive en Estados Unidos se refleja en el grito de la multitud fuera de la cárcel: “¡We wont the negroes and the mexican to!”

 

El último acto cuenta la interminable espera de Mamá Smith, Celeste, Rebeca y Esaú en un oleoducto petrolero en desuso en Amapola Village que aparentemente conduce directo a la frontera con México, los personajes aguardan el encuentro con los fugitivos pero el único que aparece es tío Eleazar: “Ellos me golpearon todo lo que su fuerza les permitió para asegurarse de que yo era mudo. Pero no contaron con Dios. Cierto que yo no gozaba del habla, pero Israel, con su muerte, me dio su propia voz y sus palabras para que yo hablara en su nombre de lo que no morirá jamás (…). ¡Llorad por el bello corazón muerto de Jimmy que se ofreció a conducirnos hasta los lindes de su atormentada y generosa patria mexicana, donde hubiéramos sido libres al sólo pisar la tierra! ¡Llorad por los perseguidos de todos los países, de todas las latitudes y de todos los rincones de este mal planeta!”. El monólogo de Eleazar es digno de las Lamentaciones bíblicas (incluso el lenguaje) porque –como aquellas– refleja la muerte, la destrucción y la culpa, pero también la absoluta confianza en Dios, ya que termina inclinando “la cabeza humillada” y cierra con los versículos del epígrafe: “…una nación y conjunto de naciones procederá de ti, Israel, y reyes saldrán de tus lomos: y la tierra que yo he dado a Abraham y a Isaac, la daré a ti: y a tu simiente después de ti daré la tierra…” Se supone que los personajes mueren ahogados en petróleo porque los guardias, a sabiendas de que huyen por el acueducto, abrirán las compuertas.

 

En los escritos bíblicos originalmente el nombre Israel sólo se refería a las tribus del norte que se contraponían a las de sur o Judá, ambas compartían la misma fe religiosa por lo que el término Israel sirvió para designar a todos como un solo pueblo; del mismo modo Jacob recibió el nombre de Israel, quizá para unificar grupos que anteriormente eran antagónicos (Jacob/Lía y Jacob/Raquel). Por lo que la referencia a Israel parece apelar a la unidad.

 

La primera edición de Israel, por lo visto publicada con gran esfuerzo, como la mayoría de las primeras obras de Revueltas, no está exenta de erratas, tal como se le recriminó en algún momento por otro de sus libros; tampoco es una obra relevante dentro de su dramaturgia, más bien se trata de una obra menor, sin embargo, hay en ella un grito de desesperación que se percibe en cada página y que hoy en día adquiere un valor impensado. Cuando Revueltas crea personajes como los negros Israel, Esaú, Eleazar o el mexicano Jimmy González, no piensa en individuos sino en pueblos y sus realidades históricas y la conclusión a la que llega no es del todo descabellada: “la unión hace la fuerza” parece ser la moraleja que quiere destacar el autor aunque finalmente Israel y su familia (tribu) perecen en el intento.

 

El final es paradójico, los protagonistas emigran del país más rico del mundo y encuentran la muerte ahogados en petróleo, más aún, su Tierra Prometida es México pues bajo ese cielo “los negros y los blancos son hermanos”. Tal vez así lo quiso creer Revueltas o tal vez ese fue su propósito al escribir esta obra, pero hoy en día bajo el cielo de México no todos son hermanos, ni mucho menos iguales, el atropello contra migrantes centroamericanos es igual o peor al que reciben los mexicanos en su intento por cruzar la frontera norte. Lo cierto es que ante la amenaza de muros y el silencio servil de gobiernos cómplices no queda más que hacernos eco de las proféticas palabras de tío Eleazar: “¡Llorad por los perseguidos de todos los países, de todas las latitudes y de todos los rincones de este mal planeta!”

 

 

FOTO: Cartel de la primera presentación de Israel, de José Revueltas. / Especial

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