La belleza, en el miradero

Nov 21 • Escenarios, Miradas • 3203 Views • No hay comentarios en La belleza, en el miradero

POR JUAN HERNÁNDEZ

 

David Olguín (Ciudad de México, 1963) es trabajador del teatro, entregado a las letras en forma de dramas que quieren salir de las hojas para cobrar vida en el escenario. Pertenece a la estirpe de escritores que no descansan hasta constatar la eficacia vital de sus historias en el hecho escénico. Así lo ha hecho a lo largo de poco más de un cuarto de siglo de trayectoria, al dirigir obras de su autoría como Belice, Dolores o la felicidad, El tísico, La puerta del fondo, Los asesinos y Bajo tierra.

 

Ejerce el doble papel de autor y director sin dificultad aparente, seguramente después de un proceso complejo de conciliación entre las necesidades del creador escénico y el autor de la historia; o quizá esa relación fluye de manera natural, gracias a que él escribe para el teatro.

 

Recientemente estrenó la obra La belleza, con los actores Laura Almela, Mauricio Pimentel y Rodrigo Espinosa, en el Teatro El Milagro, en la colonia Juárez de la Ciudad de México. Obra perturbadora como suelen ser las piezas dramáticas de Olguín: autor incisivo, que escudriña en lo más profundo del alma humana, para luego exhibirla —impúdica en toda su naturaleza— como espejo frente al público.

 

El dramaturgo toma como eje de la historia a un personaje real y legendario: Julia Pastrana, de quien no se sabe con exactitud año de nacimiento, pero sí que vio luz en Sinaloa y murió en Moscú en 1860, tras parir a un niño que nació, al igual que ella, con hipertricosis.

 

La “mujer simio” —como era conocida en el medio de los circos, en donde fue exhibido su peculiar cuerpo cubierto de vello, mandíbula y orejas protuberantes— ha sido objeto del imaginario de artistas de teatro y cine: en ella se inspiró la película italiana La donna scimmia (1963), producida por Carlo Ponti y dirigida por Marco Ferreri, protagonizada por Ugo Tognazzi y Annie Girardot; y también es el personaje central de un nuevo proyecto cinematográfico: Velvet, del cineasta Celso García, director de la cinta La delgada línea amarilla (2015).

 

Julia Pastrana ha trascendido el tiempo de su propia vida para cumplir un destino: “estar en el miradero”. Provocar el imaginario de artistas y de públicos que han observado su rareza con asombro. En La belleza, de Olguín, asistimos a una exhibición distinta: el carácter relativo de lo bello y lo monstruoso, características que estarían en la mirada del observador, quien —de acuerdo con esta propuesta— compromete su propio ser en la comprensión de aquellos conceptos.

 

En esta obra Olguín cuenta aspectos de la vida atribulada y dramática de Julia Pastrana, “la mujer simio” que se casó con Theodore Lent, quien la exhibió como “fenómeno” en espectáculos circenses en diversos países, consiguiendo hacer fortuna. Sin embargo el dramaturgo crea un universo que sublima el carácter morboso de la historia del personaje destinado “al miradero”, para hacer preguntas esenciales sobre la condición humana.

 

Como director de escena nos lleva al interior de un teatro. La perspectiva en sí es provocadora, toda vez que el público parece estar no al frente del escenario sino en la parte trasera, observando desde aquella profunda intimidad el desarrollo de un espectáculo en donde puede ver, desnudos del alma, a los personajes: en particular a la pareja conformada por “Julia Pastrana” y “Theodore Lent”.

 

El lugar privilegiado que el director da al público es, al mismo tiempo, una manera de comprometerlo a mirarse en el espejo de la escena: dimensión en la cual el espectador observa la imagen de su naturaleza en la expresión de su máxima belleza y de lo que de siniestro hay en ella.

 

“Julia Pastrana” es interpretada por Mauricio Pimentel, un hombre barbado, con vestido de mujer y de movimientos gráciles y delicados; mientras que “Theodore Lent” es encarnado por la actriz Laura Almela —arriesgada y de trayectoria impecable en el teatro mexicano—, en cuya energía actoral se manifestarán la brutalidad y el carácter monstruoso del ser humano.

 

Rodrigo Espinosa, por su parte, interpreta a varios personajes: “Charles Darwin”, “Florita Wonder”, “General Tom Thumb”, “Hans” y al “profesor J. Sokolov”. El trabajo actoral resulta, ciertamente, apasionado y comprometido con la naturaleza del drama. No se trata de una propuesta de “travestismo”, sino de la revelación del misterio del alma humana, en la que los actores establecen una relación de complicidad entre ellos y con el público.

 

La belleza permite ver al monstruo de mil cabezas, la rareza y lo peculiar de nuestra condición como individuos: fenómenos únicos e inigualables de este circo llamado mundo en el que todos los días miramos la particularidad de los demás y en el reflejo de sus pupilas observamos la imagen propia, manifestación de lo bello y lo monstruoso; las dos caras inseparables de una moneda, a saber: la naturaleza humana.

 

 

 

*FOTO: La belleza, escrita y dirigida por David Olguín, con Laura Almela, Mauricio Pimentel y Rodrigo Espinosa, escenografía e iluminación de Gabriel Pascal, se presenta en el Teatro El Milagro (Milán 24, colonia Juárez), jueves y viernes 20:30, sábados 19:00 y domingos 18 horas, hasta el 23 de diciembre/ Especial.

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