La censura en sábado

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El editor recuerda el origen de la famosa sección “El diván” del suplemento cultural sábado, dedicada al erotismo, en donde aparecían personalidades de la cultura y los espectáculos, y de sus problemas con la censura

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POR HUBERTO BATIS

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Como editor de un suplemento tienes que buscar opciones para hacer atractiva tu publicación. Así fue como nació, sin una intención premeditada, una sección que fue muy popular entre nuestros lectores porque combinaba lectura y erotismo. Se llamó “El diván”. Había comenzado por accidente, porque cada que me visitaba algún escritor en las oficinas del suplemento sábado, llamaba por teléfono al departamento de fotografía del periódico unomásuno y pedía que me mandaran un fotógrafo para que le hiciera un retrato, pero casi siempre estaban haciendo sus labores en la calle. Además, decían que “político mata a escritor”. Uno de los fotógrafos me dio una cámara y me dijo: “Tómalas tú y aquí te las revelamos”. Me dieron unas pequeñas clasecitas y empecé a tomarlas yo mismo. De este modo logré hacer un archivo muy variado y rico. Tengo retratos de varios escritores mexicanos que reuní a lo largo de 25 años.

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En una ocasión vino Claudia Hernández de Valle Arizpe, alumna mía. Se sentó en el diván a leer el suplemento. Entonces, me llamaron la atención sus piernas. El ejemplar tenía en sus manos le tapaba el rostro. Le tomé una foto y una semana después la publiqué. Como título sólo le puse: “Guess who?” Cuando encontré a Luis Gutiérrez, director del periódico, y me preguntó quién iba a salir en la sección “Guess who?”, su pregunta me sorprendió y le dije que eso había sido una puntada. Me dijo que le habían hecho buenos muy comentarios y que había varias candidatas que querían aparecer ahí. Cuando retraté todas las piernas del periódico, comenzaron a visitarnos las poetas y escritoras. No necesitaba decirle dos veces a una escritora que la quería retratar. Si no le decía, se ofendía. Al final del año, publiqué, en fotos pequeñas, retratos de cada una de ellas con el rostro descubierto para revelar la incógnita. Algunas competían por ver quién enseñaba más pierna. Así fui haciendo mi archivo de “divanesas”, fotos increíbles. Pero en “El diván” no sólo posaron mujeres. Por ejemplo, Fernando Tola de Habich llegó a despatarrarse ahí.

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También comenzaron a llegar artistas, actrices y cantantes. Algunas fueron Paty Manterola, Edith González y Biby Gaytán. Empezamos a recibir poemas dedicados a ésta. Era tanto el éxito que teníamos la sensación que estábamos viviendo una Bibymanía. Algunos lectores empezaron a pedir que publicáramos fotos de Gloria Trevi. Tuvimos sesiones memorables a puerta cerrada con varios fotógrafos simultáneos, con actrices en paños menores. Muchas de ellas no se publicaron pero nos hicieron gozar mucho. Milagrosamente, ahí sí aparecieron los fotógrafos que antes nos hacían falta.

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“El diván” era una de las páginas más buscadas. Como el unomásuno no tenía secciones separadas, sábado era él único que se podía desprender del resto del periódico porque se encartaba al centro. Algunos voceadores me dijeron que sacaban el suplemento y lo vendían aparte. Cuando tenían que regresar las existencias, nadie se daba cuenta que no lo traía. Así se sacaban un dinero extra.

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Un suplemento es la revista cultural de un periódico. Recuerdo que en sábado teníamos autores para aventar para arriba en temas de cine, teatro y literatura. Llegamos a tener hasta cuatro críticos publicando simultáneamente en el suplemento, aunque a veces hablaran del mismo tema. Eso permitía comparar opiniones.

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Con “El diván” descubrimos que incluir recursos eróticos en los temas culturales era algo novedoso. Lo más cercano al erotismo que tenían los lectores eran las secciones de espectáculos, donde aparecían fotografías pícaras, graciosas, muy bellas, de actrices de teatro y cine. Hoy no veo que las secciones culturales tengan algún aporte erótico, salvo algunas excepciones.

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Poco tiempo después de que Manuel Alonso Muñoz tomó la dirección del periódico unomásuno, nos encontramos en la boda de un escritor amigo mío. Yo llevaba mi cámara. Me dijo: “¿Cómo es posible que te aproveches del periódico, de la cámara y los laboratorios, tomando fotografías de sociales? ¿No te da vergüenza?” Pensó que estaba ganándome otros ingresos como fotógrafo de eventos sociales, cuando esas fotografías se destinaban al periódico, se publicaban o se archivaban para formar parte de un dossier.

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Su hijo, Manuel Alonso Coratella, no intervenía en mi trabajo. Otra de sus hijas era la que le decía qué estaba bien y qué estaba mal. Así supe que el papá se guiaba por el criterio de Guadalupe Alonso.

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Cuando llegó, don Manuel me había dicho que el suplemento era lo mejor del unomásuno y que debía de ayudar al periódico a adquirir la fama de sábado. Muchos intelectuales decían que compraban el periódico sólo para leer el suplemento. Pero la censura, que nunca me ocurrió con los directores anteriores, la padecí con Manuel Alonso Muñoz. Me regresaba cada número del suplemento con indicaciones de las cosas que no le gustaban: tachaba las fotos que le parecían escandalosas. Llegó a tachar la plana entera, diciendo que era un artículo indigno de publicarse. No daba argumentos, lo hacía porque le daba la gana. Es muy lamentable que un director de un suplemento tenga encima la voluntad o el capricho de un director sin criterio ni voluntad de escuchar. Luego, llegó a tacharme todo el suplemento. Me di cuenta que ya no tenía nada que hacer ahí: en algún momento me iba a tachar a mí.

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FOTO:  Huberto Batis, un devoto ejemplar de la Bibymanía./ Cortesía Huberto Batis

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