La Fleming canta Björk

Abr 22 • Miradas, Música • 1121 Views • No hay comentarios en La Fleming canta Björk

POR IVÁN MARTÍNEZ 

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Desde el 4 de abril, en que The New York Times publicó un perfil extrañamente largo, escrito por un escritor ajeno a la redacción de música y que parecía un logro más de publirrelacionistas que de periodismo, anunciando su retiro de la ópera, no ha habido día en que la soprano norteamericana Renée Fleming (Pennsylvania, 1959) haya estado alejada de los medios de comunicación, sea en el propio periódico neoyorkino, sea en blogs de rumorología especializada, en sitios culturales serios o en revistas populares como la Vanity Fair, a la que concedió una entrevista al día siguiente.

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El contexto de esa primera entrada fueron las funciones que durante este mes realiza en la Metropolitan Opera de la ópera Der Rosenkavalier (Strauss), con la que –se dijo- estaba despidiéndose de la escena para dedicarse a ofrecer recitales. En la entrevista siguiente, la diva desmintió la información, sugiriendo además que regresaría al MET en 2019 y anunciando un nuevo rol en su repertorio a estrenarse la próxima temporada con la Ópera de Los Ángeles. Esta semana se anunció también una nueva incursión en el teatro musical: cantará el papel de Nettie Fowler en el revival de Carousel (Rodgers-Hammerstein) que se estrenará en Broadway en marzo del 2018. No es su debut en ese circuito teatral, pues ya antes había ofrecido temporada con la pieza teatral Living on Love, del dramaturgo Joe DiPietro.

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En su trayectoria, no parece que la Fleming haya escogido mal los roles a los que se enfrenta y sí que ha sabido aprovechar su expresividad natural en cada terreno al que se acerca. Sea en escena como en su discografía, y como ejemplo está el nuevo disco, Distant light (Decca), que está en circulación desde enero y que no ha tenido la resonancia mediática de la información cruzada sobre su retiro. Creo que es uno de los más emocionantes de su discografía.

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Distant light, que grabó con la Orquesta Filarmónica Real de Estocolmo con la batuta de Sakari Oramo, es un viaje emocional, extremo y profundo, que comienza con Knoxville: Summer of 1915, op. 24, de Samuel Barber, un clásico del siglo XX sobre el poema en prosa por el que le fue otorgado un Pulitzer póstumo a James Agee. Pieza central en el repertorio nacionalista de cualquier soprano norteamericana, hacía falta una grabación con la voz envolvente y la expresividad, el fraseo dramático, literario, de la Fleming. A diferencia de grabaciones con otras cantantes, encontré ésta especialmente limpia en su dicción, lo que permite otro plano de apreciación de la obra. Y hay algo en la manera en que se grabó que la sonoridad pareciera ser la de una sala de conciertos, en vivo, lo que refleja otro tipo de intuición que no se escucha en el frío de un estudio de grabación.

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Le siguen canciones escritas para ella. La revelación es el ciclo The Strand settings, de Anders Hillborg con poemas de Paul Strand seleccionados por la misma Fleming. Revelador de los dotes en la música de este compositor sueco con las texturas y la atmósfera; y de sus capacidades como orquestador: no recuerdo un ciclo vocal con una orquesta tan densa donde la línea vocal esté escrita en la dirección necesaria para que se escuche por sobre la orquesta. La construcción toda del ciclo parece complejo, pero esas líneas para la soprano solista, melódicas y dramáticas, contienen un poder emocional muy directo; de una belleza intrigante y obscura.

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El tercer acto del disco contiene un nuevo acercamiento de la cantante al pop, como ya había hecho en Haunted heart (2005), cercano a lenguajes jazzísticos, y en Dark hope (2010), más cercano al crossover. Mientras que lo contenido en Distant light pertenece al terreno de lo experimental: dos canciones, “Virus” y “Joga” fueron escritas en colaboración de Sigurjon Sigurdsson y Björk Gudmundsdóttir , y otras dos, “All is full of love” y “Undo”, son creación individual de Björk.

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Aunque todas tienen una personalidad muy característica, se mueven por el mismo terreno sonoro, rítmica y coloristicamente, y orquestal –escritura no tan propositiva en el uso de los instrumentos y mucho uso de la electrónica-, por lo que no es descabellado pensarlas como un mismo ciclo.

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“Virus” es la más “fácil” auditivamente, sus líneas melódicas se sienten llenas, dentro del lenguaje pop electrónico más tradicional; mientras que “Joga”, que parece más salida de una banda sonora cinematográfica, es la más rica en el uso de instrumentos acústicos; aquí el canto también es menos impostado. Las dos de Björk van más allá: a la manera de Ives, armónicamente, a la de Glass rítmicamente, todo con un olor escandinavo inconfundible que no parece escucharse en las anteriores, al que la Fleming se mete de lleno incluso acercándose al color conocido de la vocalidad de la compositora.

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Exploradora de nuevos terrenos y versátil en su capacidad de abordarlos, el arte de la Fleming no está, pues, cercano a ningún retiro. El disco es muestra de ello, a la vez que es un regalo a sus seguidores, a los de los compositores que incluyó y a todo aquel que se acerque por vez primera a su copiosa paleta de recursos sonoros.

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Crédito foto: Especial

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