Las andanzas de Claudia Lavista

May 31 • destacamos, principales, Reflexiones • 3160 Views • No hay comentarios en Las andanzas de Claudia Lavista

 

JUAN HERNÁNDEZ

 

A Claudia Lavista (París, Francia, 1969) no se le puede entender sin la danza, disciplina artística que descubrió en una clase con Federico Castro —maestro del extinto Ballet Nacional de México—, en la cual encontró el lenguaje propicio para expresarse como artista.

 

Hija del compositor mexicano Mario Lavista y de la cineasta Rosamarta Fernández, la bailarina y coreógrafa nació con un destino: el del arte. A los ocho años empezó a estudiar teatro, así como cello por influencia de su padre. Pero no fue sino hasta que descubrió la danza que se sintió plena.

 

Como bailarina alcanzó el nivel del atleta de alma prodigiosa que consigue arribar a territorios sublimes de expresión artística. A partir de un entrenamiento riguroso, la creadora hizo de su cuerpo un medio de expresión; territorio de búsquedas hondas sobre el misterio de la condición humana, en un viaje de ida y vuelta entre lo divino y lo terrenal.

 

Estudió en el Sistema Nacional para la Enseñanza Profesional de la Danza y en 1987 se integró a la compañía UX Onodanza, dirigida por Raúl Parrao, para después viajar a Venezuela, en donde a partir de 1989 se unió a las filas de Danzahoy, una de las agrupaciones dancísticas sobresalientes en Latinoamérica. En aquella compañía conoció a Víctor Manuel Ruiz, bailarín y coreógrafo mexicano, quien se convirtió en su compañero de aventuras creativas.

 

Lavista ha concretado, en sus interpretaciones, la copulación de lo apolíneo y lo dionisiaco a la que se refería Nietzsche en El nacimiento de la tragedia como condición fundamental para el surgimiento de la obra de arte. Dos fuerzas en resistencia perpetua que encuentran el punto de equilibrio, en este caso, en el cuerpo de la bailarina atenta a la hermosura de la forma a la cual, a su vez, anima con la embriaguez de las pasiones humanas.

 

Sus cualidades técnicas e interpretativas fueron reconocidas con el Premio Nacional de Danza a la Mejor Intérprete Femenina en 1988. Desde entonces Lavista hizo gala de una intuición fina y también de una capacidad intelectual para realizar sus búsquedas y expresarlas en escena.

 

La construcción del artefacto dancístico en que convierte a su cuerpo bailarín no está exenta de pasión como tampoco de racionalidad, con el objetivo de alcanzar el equilibrio en la manera de expresar y figurar universos poéticos con los movimientos corpóreos.

 

El nacimiento de Claudia Lavista en la danza fue afortunado. Quizá impulsada por la vena artística heredada, la joven avanzó rápidamente en su desarrollo profesional. Abrevó de las aguas de UX Onodanza, de Raúl Parrao, grupo de búsquedas no convencionales y creador de universos fantásticos y, luego, de la compañía venezolana Danzahoy, en donde además de la coherencia en la búsqueda de un lenguaje artístico conoció el modo de operar de una compañía estable, que le serviría a la postre en la conformación de su propia agrupación.

 

El nacimiento de Delfos: proyecto de vida

 

Al regresar a México, junto con Víctor Ruiz, la bailarina y coreógrafa Claudia Lavista fundó el proyecto al que se ceñiría, a partir de entonces, su desarrollo como artista: Delfos Danza Contemporánea. La sorprendente aparición de esta compañía en 1992 ocurrió ni más ni menos que en el Palacio de Bellas Artes, en donde con la coreografía Trío y cordón ganó el Premio Nacional de Danza INBA-UAM.

 

Trío y cordón es pieza fundacional de un estilo que al paso de los años haría escuela. En ella se manifiesta una estética que da identidad a la compañía Delfos: finura en las líneas compositivas, búsqueda de imágenes poéticas, belleza plástica, el tiempo de la danza en perfecto acoplamiento con el tiempo musical y una profunda expresión interna del elemento principal de la danza: el bailarín.

 

Claudia Lavista ha hecho de Delfos Danza Contemporánea su proyecto de vida. De 1992 a 1998 realizó un trabajo entregado a la consolidación de la compañía, en busca de estabilidad y estructura sólida para concretar hallazgos artísticos a largo plazo.

 

En esta agrupación ha desarrollado sus necesidades expresivas como bailarina, pero también sus inquietudes como coreógrafa y maestra. La creciente carrera de la artista no se puede entender sin la existencia de Delfos, proyecto que alcanzó su máxima aspiración al mudarse, en 1998, de la ciudad de México a Mazatlán, en donde se estableció la sede de la compañía y se fundó, en ese mismo año, la Escuela Profesional de Danza de Mazatlán (EPDM).

 

A lo largo de casi tres décadas, Claudia Lavista ha bailado en alrededor de 80 estrenos y ha realizado coreografías fundamentales del repertorio de la danza nacional, entre ellas La casa de Mondrian, Territorios perdidos, Sótano, La calma, Lamento, Un cuarto propio, La azotea, Sin tregua y Memorias de un viajero.

 

Sin duda, uno de los momentos gozosos en términos artísticos y también personales fue la concreción del proyecto coreográfico Cuadernos de viaje, en el que trabajó siete obras con el mismo número de piezas del compositor Mario Lavista y la interpretación musical en vivo del ensamble de percusiones Tambuco, Bozena Slawinska en el violonchelo, Carmen Thierry en el oboe y Alejandro Escuer en la flauta.

 

Las siete piezas coreográficas de Claudia Lavista que integraron el programa fueron: Jardín de piedra, Territorios perdidos, Resonancias, Lamento, Cuando los disfraces se cuelgan (fragmento), Memoria ciega y Reflejos de la noche (estreno), a las que llevó a escena con las partituras de Cuadernos de viaje, Danza isorrítmica, Marcias, Lamento a la memoria de Raúl Lavista, Quinto movimiento del cuarteto Seis Madrigal y Divertimento para una bruja (en homenaje a Guillermina Bravo), de Mario Lavista.

 

Como bailarina y coreógrafa Claudia Lavista posee una sensibilidad musical excepcional. Creció con música y la estudió. Si bien para ella en lo personal fue emotivo trabajar un programa coreográfico con la música de su padre, en lo artístico logró una respuesta desde la danza a los impulsos de la obra musical del compositor contemporáneo.

 

El programa se realizó en la Sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario de la ciudad de México en noviembre de 2011, y fue todo un acontecimiento en la danza mexicana, toda vez que es poco frecuente que una compañía dancística consolide una obra en la que participen el compositor y los músicos interpretando las piezas en vivo.

 

Fue un duelo entre danza y música, un diálogo entre disciplinas, un momento en el que la bailarina Claudia Lavista le dio sentido a la creación musical desde la danza y se entregó con toda su potencia física y emocional al momento efímero de la figuración artística.

 

Además de ser un proyecto personal, íntimo, por tratarse de la música de su padre, Claudia Lavista enfrentó el reto desde una postura creativa, interpretando las obras del compositor, al que admira y respeta profundamente como artista, más allá de su relación familiar. Con ese encuentro la coreógrafa ofreció a los integrantes de Delfos Danza Contemporánea la posibilidad de experimentar el proceso de trabajo con la música de un solo compositor, para establecer un diálogo desde la potencia del movimiento.

 

Semillero de la danza

 

Claudia Lavista encontró en la danza su modo de vida. Puso toda su atención en la consolidación de un proyecto artístico de largo plazo en el que pudiera desarrollar sus necesidades de bailarina, coreógrafa, maestra y promotora cultural. Por eso decidió, junto con su cómplice de aventuras artísticas Víctor Ruiz, llevarse a la compañía dancística a Mazatlán, para descentralizar la actividad escénica y la formación profesional de la danza.

 

Debido a la presencia de Delfos Danza Contemporánea, que tiene como residencia el Teatro Ángela Peralta, y a la existencia de la Escuela Profesional de Danza de Mazatlán, el puerto se ha convertido en un semillero de nuevos creadores dancísticos que se esparcen por la república en busca de su propio lenguaje.

 

La coreógrafa, bailarina y maestra come, respira y sueña danza. Su corazón creativo está en Mazatlán, pero viaja por el mundo ofreciendo su arte y alimentándose, a su vez, de otras culturas, para regresar luego a la que ha sido su casa en los últimos 16 años.

 

A los 45 años de edad, Claudia Lavista es una artista que deja huella en la historia del arte en México y el extranjero. Con Delfos Danza Contemporánea ha presentado su trabajo en Canadá, Estados Unidos, Italia, Venezuela, Colombia, Francia, España, Brasil y Ecuador, entre otros países.

 

Poseedora de pasión a toda prueba, la bailarina, coreógrafa, maestra y promotora ha conseguido lo que pocos en el ámbito de la danza: crear una infraestructura para ejercer profesionalmente el arte del movimiento y dignificar la creación coreográfica. Sus logros y la solidez de su proyecto artístico la colocan como una de las matriarcas de la danza mexicana actual.

 

*Fotografía: Escena de la coreografía “Cuadernos de viaje”./ ARCHIVO EL UNIVERSAL

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