Instituto del Libro y la Lectura: ¿por dónde empezar?

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Ante el anuncio del próximo director de Fondo de Cultura Económica (FCE) de la creación de este nuevo instituto, a partir de la fusión de Educal, FCE y otras áreas de fomento a la lectura, este texto hace un balance y análisis de como operan estas instituciones

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POR GERARDO OCHOA SANDY

I

La idea de un Instituto del Libro y la Lectura, llamémoslo el ILL, es antigua. La escuché por primera vez en 1988, hace 30 años. Jaime García Terrés había dejado la dirección del Fondo de Cultura Económica (FCE) y, como director entrante de la Biblioteca de México, la formuló al suscrito en entrevista.

 

Existían ya las Direcciones Generales de Bibliotecas y la de Publicaciones, adscritas a la Secretaría de Educación Pública (SEP), que pasarían al extinto Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) —hoy Secretaría de Cultura (SC)—, más Educal —la red nacional de librerías—, y el propio FCE. La idea resurgió una y otra vez y hoy parece una decisión tomada por el gobierno actual.

 

De serlo, la creación del ILL, por la ingeniería legal e institucional y la asignación presupuestal que implica, no es un punto de partida sino de llegada. De no concebirse así se malograrían los relevantes avances de las instituciones que lo integrarían.

 

 

II

No hace falta un encomio del Fondo. Es más relevante subrayar que su Junta Directiva es su órgano de gobierno y que sus consejeros editoriales orientan a la editorial.

 

Estas dos figuras las alentó su fundador, Daniel Cosío Villegas. Luego de tres años de destacada faena en Buenos Aires, Arnaldo Orfila Reynal llega a México en 1948 —no como refugiado como se ha dicho sino como relevo temporal de Cosío, quien se ocuparía de su Historia moderna de México— y permanecerá hasta 1965. Orfila consolida la Junta y los consejos.

 

En el Catálogo General de 1944 y en el de 1955 figuran como consejeros, según las áreas de su competencia: Cosío Villegas, Alfonso Caso, Daniel F. Rubín de la Borbolla, Juan David García Baca, José Gaos, José Medina Echavarría, Agustín Yáñez, Silvio Zavala, Mariano Picón-Salas, Eduardo Villaseñor, Julián Calvo, Luis Alaminos, Marcel Bataillon, Francisco Romero, Raimundo Lida, Francisco Giner de los Ríos, entre otros.

 

Luego del golpe de Díaz Ordaz a Orfila Reynal en 1965, a consecuencia de su línea editorial y bajo el pretexto de la publicación del libro de antropología social Los hijos de Sánchez de Oscar Lewis —reeditado en 2011 con prólogo de Claudio Lomnitz— y del panfleto procastrista Escucha, yanqui, de Charles Wright Mills, el FCE se doblega al autoritarismo presidencial: el de Díaz Ordaz y el de Luis Echeverría.

 

La época más aciaga.

 

Nombrado por Carlos Salinas, Enrique González Pedrero relanza los consejos, que retoma Miguel de la Madrid, a los que sus sucesores dan continuidad.

 

La Junta y los consejos son, pues, las garantías y los contrapesos que protegen el ideario del Fondo.

 

La Junta la integran la UNAM, la UAM, el Colmex, el CIDE, el IPN, entre otros, presidida por la SEP.

 

Estos son algunos de que los participaron en el sexenio anterior:

 

Denise Dresser, Soledad Loaeza, Ricardo Pozas Horcasitas, Jesús Silva Herzog-Márquez, Felipe Garrido, David Huerta, Margo Glantz, Vicente Quirarte, Roger Bartra, Enrique Florescano, José Sarukhán, María Rosa Palazón, Lorenza Martínez Trigueros, Eduardo Matos, Josefina Zoraida Vázquez, David Brading, Nestor García Canclini, Martha Lamas, Miguel León Portilla, Julieta Fierro, Manuel Peimbert Sierra, Ruy Pérez Tamayo, Héctor Pérez Rincón y Pablo Latapí, entre otros.

 

La cifra aproximada: 140, en diez áreas de conocimiento. El blindaje está ahí.

 

 

III

 

Hoy día el FCE enfrenta un recorte, de 156.9 millones de pesos (mdp) (2018) a un pretecho presupuestal de 129.7 mdp (2019), 17.3% menos. A lo largo de 2018, debido a negociaciones ante la Secretaría de Hacienda, de manera destacada por parte de Otto Granados Roldán, ex titular de la SEP, se amplió la partida a 294 mdp.

 

Para alcanzar esta cifra, se requiere un aumento de 127%. Sólo con esa base el FCE podría generar recursos propios, 200 mdp en 2018, para un total final de 494 mdp.

 

Aun así, el FCE genera menos recursos que los que recibe. Los recursos fiscales y los propios durante el periodo que concluyó: 238.7 mdp y 209.9 mdp (2013), 312.2 y 198.3 (2014), 265.3 y 220.7 (2015), 262.73 y 210.40 (2016), 279.42 y 221.03 (2017).

 

 

IV

 

Además de la virtual, de las 36 librerías en México —según “Anatomía del FCE: informe de actividades”, en Nexos del 14 de noviembre de 2018— 23 están asociadas a instituciones culturales y educativas, lo cual cuadruplica su rentabilidad.

 

Las librerías propias tienen una rentabilidad de 9.5%, las asociadas con particulares de 36% y las vinculadas con instituciones de 39%, según el Informe de rendición de cuentas 2012-2018, del 30 de septiembre de 2018. El esquema funciona y debe continuarse.

 

En el exterior, el FCE tiene 11 librerías distribuidas en 10 filiales, aunque desde 2017 han sido excluidas del Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF). Indicamos en su momento que, a lo largo de más de ocho décadas, reportaban números rojos, así que su exclusión del PEF, aunque no grata, era previsible.

 

El FCE buscó alternativas. A través de la renta y la concesión de espacios, más las ventas —40% del total del sello— las filiales cubren el 80% de sus gastos.

 

Deben volver al PEF, a condición de avanzar en esta estrategia.

 

 

V

 

No es cierto que el FCE haya desdeñado las letras: fue lo que lo más publicó.

 

Las cifras de las novedades 2013-2017 en México, según el informe: literatura (204), humanidades (194), ciencias sociales (153), libros para niños (152), ciencia (69), educación y psicología (35), obras de arte (28), para un total de 835 novedades (el informe indica que fueron 807, pero la suma da 835). El resto, 62%, son las reimpresiones: 2 mil 309 títulos durante el lapso, 450 el promedio anual.

 

En tanto las filiales, de 2013 a 2018, publicaron 861 títulos: 372 novedades y 489 impresiones.

 

En “Anatomía del FCE: informe de actividades” se redondean las cifras: 4 mil 314 títulos (mil 296 novedades y 3 mil 18 impresiones).

 

La mitad del catálogo vigente, además, está ya en formato digital.

 

 

VI

 

Hay también avances a nivel gestión, señala el informe:

 

a) Un nuevo sistema de administración de librerías que concentra la información de las ventas de libros del FCE y otros fondos, lleva al día el control de inventarios y de liquidación.

 

b) Una nueva estructura organizacional y funcional “que sigue cada paso de la cadena del libro y alinea funciones y puestos, homogeniza los tramos de control, optimiza la administración y mejora el control de recursos”.

 

Resta un inventario de un millón 274 mil 118 ejemplares. La cifra amerita contexto. En 1990, Miguel de la Madrid arrancó con un inventario de 14 millones. Los distintos directores se han ocupado de la cuestión y el avance es apreciable.

 

Los cambios que quieran hacerse deben basarse en una evaluación de los logros, que tiene que hacerse pública, y con la Junta de Gobierno.

 

 

VII

 

A finales de los 70 apareció el boletín El Correo del Libro, que luego dio nombre a las casetas móviles ubicadas en el ex DF. A la creación del Conaculta fueron asignadas a Educal, ocupada de elaborar material educativo, volviéndose en una distribuidora y comercializadora de la SEP.

 

Aún más, se ocupa de editoriales gubernamentales —INAH, INBA, etc.— y editores independientes, universitarias y estatales. Educal subsidia su distribución, lo que aumenta sus gastos de operación.
En la actualidad consta de 82 librerías en el país, más la librería del Centro Cultural Elena Garro, seis libro-buses y la librería virtual.

 

Durante el periodo 2013-2018, Educal encaró ajustes anuales a la baja en su presupuesto, hasta reducirse a la mitad, pero las ventas netas duplicaron y hasta cuadruplicaron la asignación fiscal: 64.6 mdp de presupuesto asignado y 131.30 mdp de ventas (2013), 54.6 y 194.77 (2014), 54.5 y 177.03 (205), 51 y 159.98 (2016), 35 y 162.97 (2017) y 32.9 y 230.10 (2018). El promedio de ingresos ascendió a los 142 mdp.

 

Las librerías con más ventas son las dos del aeropuerto, la Cineteca, el Centro Cultural Elena Garro, Bellas Artes, Cenart, Palacio Nacional y el Museo de Arte Moderno, en la Ciudad de México. Las dos más allá de la capital son las del Centro Cultural La Paz, en Baja California Sur, y la de la Biblioteca Jaime Torres Bodet, en Aguascalientes.

 

 

VIII

 

Tampoco es cierto que los libros que más vende Educal sean de literatura motivacional. Elijo, entre los cinco más solicitados entre 2013 y 2018, los siguientes:

 

El Principito, de Saint-Exúpery; Las batallas en el desierto, de José Emilio Pacheco; La Conquista de México, de Bernal Díaz del Castillo; Itinerario crítico, El laberinto de la soledad y Las palabras y los días, de Octavio Paz; Palabra sagrada. La antología, de José Revueltas; Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez; Gabriel Vargas. Una historia chipocluda y José Guadalupe Posada: un artista en blanco y negro, de Agustín Sánchez González; y Las esencias viajeras, de Carlos Monsiváis.

 

 

IX

 

El desafío han sido los costos anuales de operación, de 131 mdp, más el costo anual sobre ventas para pago a proveedores, de 55 millones: un promedio de gastos fijos de 186 mdp.

 

El déficit acumulado, durante el periodo 2013-2018, es de 132 millones 649 mil 478 mdp. El adeudo de Educal con las editoriales es de 37.7 mdp, según reporte de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem). La red, que contaría para 2019 con un presupuesto de 32.1 mdp, no podría cubrir ese monto. La cifra, no obstante, está sujeta a ajustes.

 

Educal vive en una paradoja que la asfixia: es una S.A. de C.V por lo que debe ser rentable y, a la vez, tiene una vocación social de Estado.

 

La integración de Educal al ILL abre la posibilidad de hacer cambios —además del deseable incremento presupuestal—: volverla un organismo público descentralizado, lo que le permitiría solicitar un presupuesto etiquetado para la nómina —que oscila alrededor de 80 mdp— y abrir la red al capital privado.

 

¿Habría interés?

 

Entre las del Fondo y Educal, el Estado cuenta con 116 librerías en México. El total de librerías y puntos de venta a nivel nacional asciende a los mil 934. Es decir, el Estado se ocupa del 5.9% o el 6.5% si contamos las 11 del FCE en el exterior.

 

No suena ilusorio que varias deseasen invertir capital en la red estatal.

 

Los criterios: distribución geográfica adecuada, calidad en la oferta de títulos, fortalecimiento de las librerías digitales, apoyo a las editoriales independientes y finanzas sanas.

 

Para ello es crucial la creación de un comité de trabajo en el que participen el FCE-SEP, Educal-SC, la Caniem y la Asociación de Librerías de México (ALMAC).

 

 

X

 

El FCE ha formado universitarios; difundido el saber —a través de sus Breviarios, concebidos por Cosío Villegas, y de la Colección Popular, lanzada por Orfila Reynal—; creado lectores infantiles y juveniles y de ciencia —A la orilla del Viento y La ciencia para Todos—, méritos de De la Madrid.

 

La Dirección General de Publicaciones busca también lectores concretos: Clásicos para Hoy y Cien — jóvenes—; Clásicos: Este cuento no ha acabado —primeros lectores e intermedios— y la Caja Chicha —ensayo para jóvenes sobre temas de su interés—. Más el Fondo Editorial Tierra Adentro, para autores menores de 35 años que radican en los estados.

 

Además publica materiales para la capacitación de quienes se ocupan del fomento a la lectura.

 

Junto a ello, cuenta con colecciones emblemáticas, que no compiten, o que eventualmente complementan, las del FCE: Cien del Mundo, Cvltvra, La Centena —en ensayo, narrativa, poesía y teatro—, Práctica Mortal (poesía), Sello Bermejo, Lecturas Mexicanas Tercera y Cuarta Serie, entre otras.

 

No puede hablarse de duplicidad.

 

 

XI

 

Las publicaciones del “sector cultural” —acepción usada en el 3er Informe de Labores 2017-2018 de la SC, por lo que no es claro si se refiere a Publicaciones o a todo el sector— correspondientes al sexenio pasado: mil 172 fondo propio y 146 coediciones (2013), 894 y 233 (2014), 729 y 204 (2015), 883 y 193 (2016), 693 y 198 (2017) y 241 y 35 (enero-junio 2018).

 

Es palpable que a consecuencia de los recortes se ajustó el fondo propio para no afectar las coediciones, aunque éstas tienen una caída drástica en 2018.

 

Al igual que el FCE, se avanzó en la edición digital: 288, 415, 383, 414, 448 y 221 títulos, respectivamente, desde 2013 a 2018.

 

El saldo final: 7 mil 790, 84.2% de fondo propio y 15.8% en coedición.

 

 

XII

 

Para el fomento a la lectura, Publicaciones participa, apoya y organiza diversas ferias del libro de distinto perfil en varias regiones de México. Está al frente de más de 4 mil 452 salas de lectura en el país. Le otorga apoyo presupuestal a los 32 estados, a fondo mixto, para actividades dirigidas a migrantes, jornaleros, trabajadores en maquiladoras, comunidades indígenas y zonas de conflicto.

 

Inició un programa especial para soldados con la Secretaría de la Defensa Nacional (en Jalisco, Puebla y la Ciudad de México), otro de atención a escuelas normales públicas, uno más de capacitación de adultos mayores para el fomento a la lectura en su localidades junto con el IMSS, y organizó brigadas de lectura en áreas afectadas por los sismos de septiembre pasado.

 

Más un vasto trabajo en conjunto con las 7 mil 436 bibliotecas públicas que integran la Red Nacional del Bibliotecas Públicas (RNBP): entre 2013 y 2018, 80.7 millones de personas asistieron a alguna de las 3.8 millones de actividades realizadas, sea en las salas o en la red.

 

El fomento a la lectura no está disociado de la RNBP ni de otras instancias de la SC. El futuro ILL debe de tomarlo en cuenta. No se sugiere que la red pase a la SEP, en donde parece que el ILL quedaría ubicado. Subrayamos que es una cuestión “transversal”, lo que reconfirma nuestra percepción de que el ILL no es un punto de partida, sino de llegada.

 

 

XIII

 

¿Qué hacer? Es decir, ¿por dónde empezar?

 

El ILL, como tal, debe tener un titular.

 

Las colecciones de Publicaciones pueden trasladarse al catálogo del FCE manteniéndose vigentes, es decir, formar parte de las novedades editoriales, al igual que las reimpresiones.

 

El programa de coediciones debe, dentro del Instituto, fortalecerse, en un área aparte, y apegarse a los criterios de las convocatoria vigente, o dentro del FCE, que también coedita.

 

La red de librerías, abrirse al capital privado.

 

El programa de Fomento a la Lectura, volverse una nueva dirección que incluya a las salas de lecturas y ahonde la colaboración con la RNBP, los estados y la sociedad civil.

 

Así de fácil. Así de difícil.

 

 

FOTO:  Librería Rosario Castellanos del FCE, en la Ciudad de México. / Archivo EL UNIVERSAL

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