Monsi, los 41 y el 14

Abr 28 • destacamos, principales, Reflexiones • 1958 Views • No hay comentarios en Monsi, los 41 y el 14

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Carlos Monsiváis, quien cumpliría el 4 de mayo 80 años, dedicó numerosos ensayos y crónicas a la libertad sexual. Dos episodios que en su momento pusieron a debate los límites entre lo público y lo privado y la acción policiaca en nombre de las buenas costumbres, y que ocuparon su atención, son repasados a manera de homenaje a una presencia que se extraña en un país que vive con el Jesús en la boca

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POR MIGUEL ÁNGEL MORALES

Dos sitios que llamaron poderosamente la atención de Carlos [Pascual Aceves] Monsiváis (1938-2010): el de la gran redada de noviembre de 1901 y donde se veía sexo en vivo en julio 1996. Del primer caso quedan sus diferentes versiones, el discurso que envió para conmemorar su centenario en noviembre 2001 y una hermosa maqueta con figuras de plomo. Del Disco Bar Las Adelitas, antes El 14, una crónica a su estilo, la cual provocó en agosto de 1996 el embate contra unos tables-dancers, hoy desaparecidos por las actuales autoridades capitalinas bajo el pretexto de explotación sexual de las bailarinas.

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La Paz número 4

En la noche del sábado 16 noviembre de 1901 o en la madrugada del domingo 17 la policía detuvo a “anfibios” en un baile donde se bautizaría a un rorro y rifaría un Pepito bigotudo en la calle de La Paz. El Hijo del Ahuizote informó el 24 que la “policía aprehendió sólo a cuarenta y dos”. Como uno de los detenidos era supuestamente Ignacio de la Torre, yerno del presidente Porfirio Díaz, se le dejó en libertad. Por eso a la siguiente semana la publicación acota que el delito de “los cuarenta y uno” no está calificado en el Código Penal.

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En 1995 Monsi mandó a hacer una maqueta y figuras en plomo donde se ven hombres de frac bailando con mujeres con bigotes. La pieza, me informa Henoc de Santiago, director del Museo del Estanquillo, se titula El baile de los 41 y es de Teodoro Torres y Susana Navarro. En su prólogo a La estatua de sal (1945; Conaculta 1998), de Salvador Novo, consigna que la noche del 20 de noviembre de 1901 la policía irrumpe un baile celebrado en la calle de La Paz, lo que “quebranta el veto del tradicionalismo…, y que durante un siglo hace del número, el 41, la cifra del choteo”. Comenta que Posada hizo una “serie de grabados” que fijan “la imagen popular del acontecimiento”.

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Después redacta un largo texto al que quita y agrega párrafos, habitual a su costumbre periodística: “Los 41. La gran redada”, aparecido en 2001 en el suplemento Letra S, y “Los 41 y la gran redada”, para Letras libres de 2012. Al igual que el anónimo e inexacto redactor de una hoja volante de 1901, que identifica el 20 de noviembre como fecha del baile de los 41 “maricones, muy chulos y coquetones”, Monsiváis cometió un error, ya que la redada no fue en un improbable “domingo 18”. Acertó al identificar La Paz como la actual calle de Ezequiel Montes. Por su parte la historiadora Mílada Bazant, quien consultó periódicos y semanarios de 1901 para su “Crónica de un baile clandestino”, publicado en Tradiciones y conflictos (El Colegio de México /El Colegio Mexiquense, 2007), señala el domingo 17 como día de la captura en el número 4 de la hoy calle Jesús Carranza (entonces avenida por el rumbo de La Lagunilla).

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La aprehensión fue la noche del sábado 16 (según el Diario del Hogar) o la madrugada del domingo 17 y no el 18, dice el investigador, grabador y docente Ricardo Morales López, el único que ha analizado en forma técnica los impresos de José Guadalupe Posada, además de descubrir sus breves días como masón. “La redada fue en la hoy calle de Ezequiel Montes, muy próxima al actual Monumento de la Revolución, porque en una nota de 1901 se menciona que esa casa estaba en la 8ª demarcación, ubicada en la 3ª de Industria número 28, actual Serapio Rendón. También, en lo que no han reparado los historiadores, es que cuando los pusieron a barrer la calle ‘con escobas de varas vestidos de mujeres’, un repórter intentó retratarlos con una ‘camarita instantánea’ pero se lo impidieron”. Morales López me escribe que sólo uno de los dibujos atribuidos a Posada trae su firma: el que presumiblemente circuló en 1902 con motivo del Día de Muertos.

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Menos conocidos son los dibujos firmados que Pérez Brincos (Álvaro Pruneda) publicó en 1901 desde las páginas La Tarántula (1901-1909). Además de dar a conocer uno de los “Ángeles y querubines”, Manuel de Jesús Hernández recuperó en 1996 una parte de una jocosa crónica, donde el anónimo redactor acusa a los 41 de imitar a los “degenerados franceses y, sobre todo, italianos”. El señor Gobernador “empaquetó a los …adictos al decadentismo y ¡a Yucatán!”

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El Popular, el periódico “joco-serio ilustrado”, ofreció el sábado 23 de noviembre los nombres de los 19 que fueron enviados a Yucatán, sólo tres corroborados. En “El pintoresco origen de los 41” la desinformada reportera Rosa Vega, del semanario Vea, escribe en 1945 que no aparecen los nombres de los participantes en las actas de ese año –según ella en 1908– “en virtud de que están borrados en el proceso que se les siguió…” De los 41 detenidos, el abogado e investigador Juan Carlos Harris anunció en 2016 la identidad de ocho de los aprehendidos, siete de ellos solicitaron sus respectivos amparos. De los tres que menciona Monsiváis (citados por El Popular), el único que coincide con las actas es Jesús Solórzano. Tampoco está el nombre del aristócrata Antonio Adalid que ofrece Salvador Novo en La estatua de sal.

Grabado publicado por la prensa de la Ciudad de México días después del arresto de 41 participantes en una fiesta en la que participaban sólo hombres, algunos de ellos vestidos de mujeres, en noviembre de 1901. episodio cronicado décadas después por Carlos Monsiváis. / Especial

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El 14-disco bar Las Adelitas

Sobre los escombros de los Baños Ecuador comenzó a funcionar El 14, esta cervecería para homosexuales, en la misma acera del Bombay y atrás del mercado de comida de Garibaldi. A mediados de 1995, ya como Las Adelitas, mujeres desnudas realizan el acto sexual con hombres seleccionados entre el público. En un número de Proceso, de julio de 1996, Carlos Puig detalla su recorrido por el Royale, Madonnas, Titanium (donde apunta que el delegado Carrillo Castro “prometió a los vecinos que no sea abriría y hoy funciona con llenos todos los días”) y El 14. Monsiváis aparece en un recuadro con: “A partir de cierta hora (La nueva noche popular)”, donde enumera a La Chaqueta, La Corneta, La Diabla y La Bruja y centra su atención en El Catorce (sic).

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A Monsiváis, más que el espectáculo en el escenario, le llamó la atención el público tan heterogéneo: “…El Catorce [sic] es un cobertizo de la permisividad reciente, con poder de convocatoria que atrae a grupos de parejas de (burócratas o de estudiantes), jóvenes de aspecto bélico, señores de mirada omnipresente, mujeres de conducta recriminable por los salvadores de almas, curiosos, periodistas en pos de la gran crónica o del gran reportaje marginal, estudiantes de la UNAM inmersos en la tesis novedosísima y, naturalmente, un contingente apreciable de gays”.

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“Los espectáculos de La Chaqueta y La Corneta eran mucho más fuertes que Las Adelitas-El 14”, me dice Martín Hernández, investigador cinematográfico, historietólogo, profesor y curador de la exposición titulada “Carlos Monsiváis: el hacedor de libros, el cronista de la ciudad”, a inaugurarse el próximo miércoles 9 de mayo en el Patio de Escritores de la Biblioteca de México. Recuerda que fue a su casa, en la hoy colonia San Simón Ticumac, a dejarle unos papeles administrativos. Le comentó cómo llegó a los sorprendentes espectáculos de El 14 y La Chaqueta. “Le dije que estaba con dos amigos en la plaza Garibaldi, habíamos salido de Las Adelitas y estábamos un poco ‘sacados de onda’ por todo lo que vimos. Decidimos ir al Tenampa. Ahí un mesero nos comentó que si queríamos ver un atrevido espectáculo. Nos llevó por un pasaje oculto detrás del negocio y fuimos a parar a La Chaqueta. El sexo a metro y medio de distancia”. A Monsiváis le interesó tanto el show de sexo en vivo que publicó una par de semanas después su crónica en Proceso.

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La Monsi-crónica y la de Carlos Puig influyeron para que Alejandro Carrillo Castro, entonces jefe de la delegación Cuauhtémoc, planeara cerrarlos. El 20 de agosto de 1996 ordenó la clausura de La Chaqueta, Bar Frappé, Las Adelitas, Baccarat (donde reina la vedette Norma Lee, pionera del sexo en vivo en la Ciudad de México) y El famoso 42 (donde exhibí pinturas ad hoc en julio de 1989). A la semana siguiente cerraron el Exotic Gems, La Bruja, D’Alex, El Clóset (piano bar), High Society, ExTassis!, Clandestine, Bar Hon y Bar Boom. A las 2 de la madrugada del 31 de agosto, uniformados detienen a 300 clientes, teiboleras y meseros en una redada en Titánium, Madonnas, Calígula, Lobby Bar, Diamante y del cabaret Cadillac.

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Sospechosamente las autoridades delegaciones de la Cuauhtémoc respetaron el Solid Gold y al exclusivo The Men’s Club. En diciembre, el Madonnas celebró su tercer aniversario y Martha Zuk publicó “Las Adelitas: No te lo puedes perder”, donde escribe que “tal vez te resulte imposible imaginar que un lugar ‘gay y de barrio’ …sea tan tranquilo y agradable. Confieso que yo tampoco podía hacerme a la idea, hasta que fui a cerciorarme…” La noche del 14 de febrero de 1997 invitaron a Ricardo Morales López al disco bar Las Adelitas con el que pretexto de que “Carlos Monsiváis lo había bendecido como ya lo había hecho con la Casa de Paquita, en la colonia Guerrero”.

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Foto: Carlos Monsiváis, entusiasta parroquiano del bar El 14, edificado sobre los escombros de los Baños Ecuador, en los rumbos de Plaza Garibaldi. / Especial

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