Para soñar que no estamos huyendo

Ene 24 • destacamos, Lecturas, Miradas, principales • 4901 Views • No hay comentarios en Para soñar que no estamos huyendo

 

POR JUAN HERNÁNDEZ

 

Ana Francis Mor es la autora y directora de la obra Para soñar que no estamos huyendo, reestrenada el jueves en el Teatro Benito Juárez. Una comedia que hace homenaje a Shakespeare y al teatro del Siglo de Oro, pero con una postura estética contemporánea.

 

La dramaturga y directora tiene el tino de no traicionarse ni como escritora de teatro ni como la creadora escénica que realiza la obra. No se pelean una con otra: dialogan y se completan de modo ágil, de tal forma que el discurso no enfrenta obstáculos para llegar con libertad a los espectadores.

 

El elenco de la obra no pudo ser mejor: Marisol Gasé, una actriz de cabaret y miembro de la compañía Las Reinas Chulas —heredera de la tradición cabaretil desarrollada por Jesusa Rodríguez, Liliana Felipe y Tito Vasconcelos—, Amanda Schmelz y Antonio Cerezo.

 

La escena es en apariencia simple, pero en la sencillez radica su gran complejidad. El espacio escénico es una caja negra en la que sólo aparece una cama, un atril, una cámara fotográfica, y algunos objetos de utilería, como un puñal, piedras y dedos amputados con anillos imperiales.

 

En el desarrollo escénico sobresale Leika Mochan, realizando sonidos con la garganta y reproduciendo en vivo el ambiente sonoro y la música original compuesta por ella para la obra.

 

Para soñar que no estamos huyendo es una obra difícil para los actores. Frente a la ausencia de un sobrado aparato escenográfico, los actores tienen que valerse completamente de su aparato emocional, interpretativo y creador. Son ellos los que crean por completo el universo de la ficción y lo dotan de verdad.

 

El público, por otro lado, tiene en esta propuesta un papel activo. Desde el escenario es interpelado, provocado e invitado al festín teatral. El espectador responde con imaginación: inventa las cosas, los paisajes, los personajes que no están ahí, materialmente, pero que son una referencia externa absolutamente importante para que la obra quede terminada.

 

Los actores, de la mano de su directora de escena, consiguen el ritmo pertinente, la interpretación por demás creíble, tienen el timing para jugar en escena sin sobresaltos.

 

Recuerdos vienen a propósito de este montaje. Imposible no traer a la memoria a Gerardo Mancebo del Castillo Trejo, dramaturgo fallecido el año 2000, quien legó una forma de hacer teatro e influyó a los miembros de su generación. Ana Francis Mor fue su compañera artística en la memorable obra Las tremendas aventuras de la capitana Gazpacho —estrenada en 1998 en el Foro La Gruta del Centro Cultural Helénico—, en la que interpretó el personaje de Circa Mártir.

 

En Para soñar que no estamos huyendo la dramaturga y directora de escena hace homenaje —no sabemos si conscientemente— a aquel dramaturgo y actor, con un teatro dotado de humor satírico, para arribar a una realidad dolorosa y patética.

 

Ana Francis Mor dialoga como artista con una tradición muy definida del hacer teatral y su voz se eleva como una de las más críticas de la actualidad, para evidenciar, a través del fenómeno escénico, los excesos en el uso del poder. En la visión de la dramaturga no hay maniqueísmos ni complacencias. La responsabilidad de la dominación es compartida: por un lado los privilegiados haciendo mal uso del poder; por el otro, los dominados con una vocación de mártir, quienes parecen gozar con la posición de víctima.

 

No se trata de simplificar la lectura de un fenómeno complejo, sino de expresar la responsabilidad que los personajes tienen en ese mecanismo de dominación, en el que el Rey decide el destino inamovible de los súbditos.

 

La obra ofrece espacios en el discurso para insertar referencias, breves y brutalmente efectivas, sobre la realidad mexicana actual. Con sólo mencionar el número 43, por poner un ejemplo, nos remite a la desaparición de los normalistas de Ayotzinapan. Y a través de la violencia, nos habla de la explotación y la discriminación contra las mujeres y, de manera brutal, de los feminicidios.

 

En el viaje onírico que, en cama, realizan los personajes —la esposa del Rey, que huye del monarca, quien la ha mandado asesinar; la sirvienta de la Reina, y el hombre enviado a matar a la soberana—, por pueblos con calles llenas de mierda, Ana Francis ofrece todo un discurso sobre la situación en la que se encuentra un país que, sin mencionar su nombre, es claramente el nuestro.

 

Un momento dramáticamente alto de la obra es el acto del “sacrificio”. Con una referencia a Jesucristo, como el máximo mártir de la historia occidental, que da su vida por los otros, en la puesta en escena uno de los personajes ofrece su cuerpo y su sangre para salvar a su opresor, una expresión insuperable del martirologio. Para soñar que no estamos huyendo es, sin duda, una obra para reírse amargamente de la tragedia contemporánea.

 

*Para soñar que no estamos huyendo, de Ana Francis Mor, con Marisol Gase, Amanda Schmelz y Antonio Cerezo, música de Leika Mochan, se presenta en el Teatro Benito Juárez jueves y viernes a las 20:00, sábados a las 19:00 y domingos a las 18:00, hasta el 8 de febrero.

 

*Fotografía: Para soñar que no estamos huyendo retoma elementos del teatro de cabaret / Cortesía Secretaría de Cultura de la Ciudad de México.

 

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