¡Qué ingratos con La ingrata!

Feb 25 • destacamos, principales, Reflexiones • 6461 Views • No hay comentarios en ¡Qué ingratos con La ingrata!

POR LEONARDO TARIFEÑO

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El martes pasado, los miembros de Café Tacvba airearon públicamente, a través de su página oficial de Facebook, las dudas que por estos días les provoca la letra de “Ingrata”, quizás la más popular de todas sus canciones, compuesta en 1993 por el tecladista Emmanuel del Real y reunida en su clásico disco Re (1994). “Éramos bien jóvenes cuando se compuso y no estábamos sensibilizados con esa problemática como ahora todos sí lo estamos –explica Rubén Albarrán en una entrevista publicada por el diario argentino La Nación, subida por la banda a la red social–. Creo que es un momento de repensar si la vamos a seguir tocando o si le cambiamos la letra”. ¡Pum! Las dudas de los tacvbos se trasladaron a sus fans y encendieron el debate exprés en el ágora digital. Como siempre, las opiniones se dividieron y en cuestión de minutos levantaron trincheras con bandos irreconciliables. Y, como siempre también, el principal resultado fue dejar varias preguntas sin respuesta. Por ejemplo, ¿qué tan lícita es la autocensura, aún cuando se ejerza como parte del legítimo apoyo a una causa irreprochable? Y si el arte se deja llevar por las cambiantes imposiciones de la realidad, ¿no pierde una parte importante de la libertad que lo constituye y enriquece?

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En la entrevista de La Nación, Albarrán subraya la repentina desconfianza que le genera el hit que ha cantado durante más de 20 años. “Mucha gente puede decir que es sólo una canción. Pero las canciones son la cultura, y esa cultura es la que hace que ciertas personas se sientan con el poder de agredir, de hacer daño, de lo que sea”, apunta. Por su parte, en el mismo diálogo, Del Real parece no compartir el punto de vista de su compañero. “La canción se basa en el sentido del humor –dice Meme-. La inspiración tiene que ver con los corridos norteños, cuyas letras muchas veces narran historias que no tienen sentido del humor. Si genera una lectura incorrecta es algo que está más allá de la intención que tenía en su momento”. La divergencia de opiniones explica lo que, desde el martes, los propios Albarrán y Del Real han dejado trascender en las columnas de periodistas especializados: que el futuro de “La ingrata” no está decidido, y que el post de Facebook es la consecuencia de una discusión interna que permanece sin saldarse.

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De acuerdo a relevamientos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en México son asesinadas siete mujeres por día. La emergencia es tal, que sin duda ha llevado a Café Tacvba a preguntarse por el impacto de un himno transgeneracional que, de acuerdo a Albarrán, alguien quizás podría interpretar como la reivindicación del derecho a balacear a la esposa, novia, amante o ex. La sospecha de Albarrán es comprensible y obliga a ponerse en su lugar. ¿Se puede cantar alegremente “por eso ahora / tendré que obsequiarte / un par de balazos / pa’ que te duela” mientras una, dos o varias mujeres mueren de esa forma, quizás a la misma hora en la que miles de fanáticos de la banda bailan y corean esos versos sin pensar que representan el involuntario retrato de lo que ocurre a su alrededor? Para el carismático frontman, no. Queda claro que retirar “La ingrata” de los shows de la banda es una manera muy elocuente de decir que la tragedia de la violencia de género en México es demasiado cruel como para reírse de ella. Lo que no queda tan claro es, en definitiva, qué tan acertada, coherente o práctica podría resultar esa decisión.

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La idea de que una canción o un género musical pueden promover actos violentos no es nueva y, en general, suele surgir de la usina del pensamiento de la derecha política. En su momento, grupos de derecha como los que actualmente apoyan al presidente Donald Trump responsabilizaron al roquero Marilyn Manson de inspirar la masacre del 20 de abril de 1999 en la Columbine High School, en la que dos estudiantes de 17 y 18 años, Eric Harris y Dylan Klebold, asesinaron a 13 personas e hirieron a otras 24 antes de suicidarse. A Harris y Klebold les encantaba Manson, y su gusto musical ocultó otras razones, directas e indirectas, de la matanza. El acceso a armas, la violencia explícita en el entretenimiento masivo, el ejemplo de un presidente que año tras año bombardea países (con sus correspondientes “daños colaterales”) y los valores de una cultura del miedo exorcizado por el consumo podrían ser algunas de esas razones, perdidas en el laberinto del que Columbine emergió con Marilyn Manson como gran y único culpable.

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El caso de “La ingrata” evoca el de Manson en Columbine porque, toda proporción guardada, le atribuye a la música un poder casi hipnótico, en el que el público acepta de manera irracional un mensaje que los robotiza. Si la clave para eliminar los feminicidios de México fuera adecuar las letras de las canciones a las necesidades sociales, la tarea sería de una sencillez apabullante. Lamentablemente, la respuesta a semejante drama no habita en la música, sino en pedirle cuentas a un Estado que se ha desentendido tanto de la educación a nivel nacional como de la construcción de una sociedad libre, justa e igualitaria, donde el machismo ya no tenga lugar. Al asumir un rol y una importancia que no tienen, los tacvbos parecen tomar una medida que los incrimina, cuando a quien conviene incriminar por su responsabilidad es a aquellos que amparan y promueven un modelo de corrupción y saqueo en el que la violencia de género es apenas una de no pocas catástrofes de las que el Estado no se ocupa.

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Albarrán tiene razón cuando afirma que una canción es cultura, y que la cultura ayuda a moldear conductas. La música es un arma, como bien decía el nigeriano Fela Kuti, pero da en el blanco cuando enseña a vivir en libertad, con humor y atrevimiento, y no de acuerdo a los paradigmas del pensamiento único. Al verse a sí mismo como el cómplice de un asesino por cantar un himno popular repleto de ironía, el artista se inmola en un panteón imaginario, mientras que los verdaderos cómplices del drama que denuncian quedan sueltos y libres de culpa. Paradojas de la cultura políticamente correcta, que vigila a quien se permite decir lo que quiere y exonera a quien se limita a callar.

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FOTO:  “La ingrata” es uno de los temas incluidos en el disco Re (1994) de Café Tacvba, uno de los grupos de rock con mayor proyección internacional. En la imagen, el vocalista de la banda (a la derecha) y el guitarrista Quique Rangel en un concierto en La Habana, Cuba, en junio de 2009.

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