Diez cuentos que nos regresan a la escuela

Oct 27 • Lecturas, Miradas • 1027 Views • No hay comentarios en Diez cuentos que nos regresan a la escuela

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Si la infancia y la adolescencia son un paraíso perdido, Ruta 70 rescata los frutos dulces y amargos de diez autores mexicanos nacidos en esa década

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POR JOEL FLORES

Existen varios tipos de antologías de cuento, pero explicaré las dos más comunes: las que reúnen a los compas, como si de una fiesta se tratara, y las que reúnen a la crema y nata literaria, es decir, la pura calidad. Las primeras son fáciles de hacer. Es cuestión de sentarse frente a la computadora, mandar un par de mensajes privados a las redes sociales de los amigos o hacer uso del correo electrónico y el celular. Más tarde, leer los textos que llegaron, seleccionar la mayoría y voilá: hagamos un intro y tenemos libro. Las segundas, por el contrario, inician con la investigación, la consulta a otros lectores y especialistas, el rastreo de las obras, las horas de lectura minuciosa de conocidos y desconocidos, y la criba objetiva de cuentos que merezcan, según el ojo crítico del antologador, la lectura de su público meta.

 

En este sentido, quien selecciona es un puente importante entre la obra y el receptor: el camino necesario que ayuda a que la obra —que de otro modo no habría llegado a los lectores— se difunda y se disfrute, pues la lectura de una antología no debe reducirse al grupo de amigos seleccionados: sus cuentos deben salir y alejarse del grupo para llegar a donde no penetra la literatura misma, a lugares donde se inyectan vacunas para no leer y, de esta manera, salvar al menos a uno o dos jóvenes del terrible hábito de la no lectura.

 

Ruta 70, Recuerdos del aula, de Ave Barrera (Guadalajara, 1980) es una antología de diez cuentos que encaja en la segunda categoría. La autora, quien escribió Puertas demasiado pequeñas, una novela imprescindible, se lanzó a leer con interés a sus hermanos mayores, aquellos que nacieron durante los setentas, para encontrar propuestas estilísticas que se ciñeran a la línea editorial de contar una serie de historias, sin artificios ni un lenguaje rebuscado, sobre los años en la escuela —desde la primaria hasta la universidad— del mexicano promedio. Estas historias rescatan los frutos dulces y amargos de la niñez y la adolescencia en los ochentas y noventas, época en la que no existían las bondades del internet, la inmediatez de las redes sociales y a la “carrilla” —actividad que debilita a los acosados y fortalece a los acosadores— aún no era llamada bullying ni prohibida por las autoridades académicas.

 

Además de un tema que genera empatía con el lector, Ruta 70 ofrece otro gran acierto. Contrario a muchas antologías donde gana la testosterona, aquí encontramos una línea de género balanceada: cinco mujeres y cinco hombres que narran, desde su formación como cuentistas y ciudadanos de un país, un paraíso perdido que sólo podemos recuperar con la memoria, ya sea rescatando episodios cargados de alegría o los secretos más dolorosos que preferimos enterrar por temor a oscurecer nuestro presente. Aunque alejados de la añoranza por los años escolares, todos los cuentos abordan un México dentro y fuera de las aulas, algunas veces desde el humor, desde la neutralidad o la evidencia de los hechos que muestran la condición juvenil. Sus anécdotas parten de lo doméstico, la amistad y el deporte en los juegos callejeros; de los viajes a la provincia en las vacaciones de verano, las trampas escolares, la cerveza y la academia y la dulce venganza contra el acoso.

 

Entre los diez cuentos, autores como Vicente Alfonso, quien es dueño de una prosa prolija y una intuición narrativa privilegiada, nos ofrece la historia de dos jóvenes que comprenden el destino trágico del mexicano gracias a las fábulas de Esquilo en paralelismo con las canciones de José Alfredo Jiménez. Y en otro relato más adelante, M. B. Brozon, narradora de libros de corte infantil y juvenil, se adentra en los laberintos del acoso escolar para mostrar que el poder de los celulares puede registrar la venganza más atroz. Y Antonio Ramos Revillas, quien es umbral en la literatura norteña, nos cuenta con humor la historia de un puesto maldito que, cada vez que algún maestro intenta ocuparlo, ocurre una desgracia.

 

Si uno considera que estos cuentos no muerden, se equivoca. Las mujeres en esta antología muestran la violencia de género y sus feminicidios. La historia más perturbadora es, sin duda, “Dos maneras de viajar a Egipto”, de Iris García Cuevas, quien desde una mirada testigo, recrea a la típica alumna modelo que recuerda sus días en una escuela de Acapulco, cuando una de sus compañeras desea viajar a Egipto, pero la ignorancia, los problemas en su casa y las carencias afectivas familiares la conducen a engordar las tristes cifras de las ultrajadas en México. Un cuento que dota de calidad a esta antología y ofrece al lector la escenografía precaria del sur del país, donde los adolescentes son presa fácil del crimen.

 

Entre narradores como Rogelio Guedea, cuya poesía es más conocida que su narrativa, Jaime Mesa, quien ya es un nombre común en la novelística mexicana, Susana Iglesias, Nadia Villafuerte y Daniela Tarazona, leemos también el cuento de Juan Pablo Villalobos, quien ganó en 2016 el Herralde de Novela con No voy a pedirle a nadie que me crea. Su relato aborda la vida de un niño que desea convertirse en astronauta para saber qué hay más allá de la provincia y, como historias secundarias, la mirada de un padre distante, la generosidad de una mamá y las corruptelas políticas del alcalde de una región que podría ser cualquier municipio mexicano.

 

Si algo puedo se echar de menos en la antología Ruta 70 es la falta de más referencias musicales que formaron en muchos sentidos a los nacidos en esos años. Me refiero a las canciones que fueron la banda sonora de su juventud, tanto dentro de las aulas, como fuera de ellas, en las fiestas donde se reventaban hasta perder los sentidos y olvidarse de que el mundo a veces es cruel y otras tantas hermoso. Sin embargo, esa omisión no es un impedimento para disfrutar la lectura de los cuentos que Ave Barrera reúne aquí. Para todos aquellos que, como yo, disfrutan de los avatares de la adolescencia como Batallas en el desierto, de José Emilio Pacheco, Materia dispuesta, de Juan Villoro, o un Un hilito de sangre, de Eusebio Ruvalcaba, esta antología no los va defraudar. Nos recuerda cómo era nuestra vida de estudiantes en un salón escolar que reducía lo ancho de nuestro mundo.

 

FOTO: Ruta 70. Recuerdos del aula, Varios autores. (Compilación de Ave Barrera), México, Sélector, 2017, 160 pp. / Especial

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