Una puesta teatral… para arrepentirse

Jul 7 • Escenarios, Miradas • 1217 Views • No hay comentarios en Una puesta teatral… para arrepentirse

La adaptación para el teatro de Arte, novela de Yazmina Reza, abunda en desatinos escénicos que crean un universo femenino cargado de estereotipos

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POR JUAN HERNÁNDEZ 

Alan Blasco (Xalapa, Veracruz, 1992) adaptó la obra Arte, de la escritora francesa Yasmina Reza, la tituló Tarde para arrepentirse, y la dirige con las actuaciones de Estefanía Ahumada, Ana Corti y Anahí Dávila, en el Teatro La Capilla. Una comedia sobre la amistad de tres mujeres de la burguesía mexicana, quienes libran una batalla, a partir de la elección del vestido de novia de una de ellas.

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En la pieza original de Reza, la discusión gira en torno al significado del arte, cuando uno de los personajes compra un cuadro que no es más que una tela blanca, la cual para él tiene un gran valor estético. Sus amigos, por el contrario, la consideran un engaño.

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El desarrollo de la discusión en la obra de la francesa, pone en escena una discusión trascendente, no sólo en el contexto de la intimidad de los amigos, sino en el amplio espectro social, en relación con las distintas posturas que se adoptan frente a la definición del arte contemporáneo y, al mismo tiempo, lleva al conflicto de la amistad de los personajes.

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La obra Tarde para arrepentirse banaliza el tema central de la obra original de Reza. El autor y director lo hace de manera premeditada, según lo ha dicho él mismo. Y es que en su adaptación y puesta en escena, quiere hacer una crítica a la superficialidad de la “la burguesía” mexicana, a través de una comedia de humor negro.

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El texto en efecto tiene algunos momentos graciosos, algunas pullas lanzadas entre tres “niñas bien”, quienes desentrañan sus frustraciones, a partir de un conflicto absurdo: la discusión sobre la elección de un vestido de novia, que no es de diseñador, ha sido comprado en una tienda del centro (se entiende que de la Ciudad de México), con toda la connotación clasista que esto implica, y además ha sido adquirido en barata.

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Las mujeres llevan el tema a un nivel absurdo, inverosímil, superficial, en el cual exponen, cada una, su postura frente a la vida que les ha tocado vivir: una desde su alta posición política y económica, la otra desde la aparente neutralidad que la lleva a la violencia pasiva y, la novia, representando a la mujer cuyo único sueño es casarse y tener una familia en su acepción conservadora.

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El autor ha considerado que la obra puede ser tan profunda o superficial, dependiendo de la experiencia de cada espectador. Verdad de Perogrullo, si entendemos que toda obra artística tiene una lectura única en quien la observa. Es decir, que su significación encuentra sentido en la manera de ser percibida por un ser humano, de acuerdo a su tradición, herramientas culturales, condición social, educativa y económica. Sin embargo, la premisa no alcanza para justificar la adaptación de una obra (Arte, de Reza), que es llevada a un nivel inferior a la de su concepción original.

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Tarde para arrepentirse es una puesta en escena que se construye en un espacio semivacío, en donde sólo hay una mesa y algunos sillones, así como la túnica o vestido de novia, que baja de las alturas, en medio de música sacra, para jugar con el sentido divino que el objeto tiene para uno de los personajes.

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Lo que viene después es una serie de situaciones absurdas, ataques más parecidos a berrinches de niñas bien que no llegan a revelar absolutamente nada profundo sobre la condición humana; pese a los esfuerzos de las actrices por encontrar un asidero en el texto, que les permitiera crear momentos verosímiles en términos de la verdad a la que aspira el teatro.

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Los personajes gritan, se ofenden y se atacan físicamente. No se puede dejar de lado la misoginia que se desvela en el sentido del discurso, al proponer un universo femenino reducido, limitado, estereotipado, en el que la figura de la mujer es rebajado a la estupidez absoluta.

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La falta de contención de la dinámica escénica, impide a las actrices hacer la enunciación desde el entendimiento, para dar sentido al texto. El trabajo corporal encuadrado en el estereotipo deja a las intérpretes sin la posibilidad de encontrar la verdad reveladora que el hecho escénico obsequia.

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Alan Blasco es un joven dramaturgo y director de escena, quien se ha preparado con diferentes maestros en México y el extranjero, y ha sido reconocido por su obra ExSexo, en el Quinto Concurso de Joven Dramaturgia de Teatro Sin Paredes, en el 2017. Es autor de las obras: Amor, En Línea, No tiene nombre, Diez obras patéticamente cortas, Psicomania y Un velorio inolvidable, entre otras. Además ha dirigido microteatro en la Ciudad de México, Xalapa y Guadalajara.

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Tarde para arrepentirse no resulta afortunada ni en su adaptación ni en su propuesta escénica. Sin embargo, a sus 26 años, Blasco es uno de los creadores de teatro con una presencia importante en el ámbito de la experimentación dramatúrgica y escénica. Vale la pena acercarse a su trabajo, para conocer la línea de su pensamiento, en relación a su quehacer, como un exponente de la generación joven del quehacer teatral mexicano.

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Foto: Tarde para arrepentirse, adaptación de Arte, de Yasmina Reza, realizada por Alan Blasco y con su dirección escénica, se presenta con las actuaciones de Estefanía Ahumda, Ana Corti y Anahí Dávila, en el Teatro La Capilla (Madrid 13, Coyoacán), miércoles a las 20 horas, hasta el 25 de julio. / Éder Zárate.

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