Tres mercados en un cucurucho

Nov 18 • destacamos, principales, Reflexiones • 2568 Views • No hay comentarios en Tres mercados en un cucurucho

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En la Ciudad de México hay mercados de todo tipo, desde los especializados en flores, frutas y legumbres; otros que ofrecen calzado y ropa buena, bonita y barata, y en los  que se pueden encontrar plantas medicinales para todo tipo de males. Este es un breve recorrido por la historia de algunos de los mercados más emblemáticos de la capital: Jamaica, Sonora y Mixcalco, que este año cumplen sesenta años

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POR LUCERO PÉREZ

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Con amor para Julieta, Antonio y Alberto

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Los mercados mexicanos son reconocidos a nivel internacional como lugar de encuentro de ideas, costumbres, colores, sabores y sonidos, enmarcados en infinito movimiento; dentro de ellos se preservan tradiciones y creencias, en su mayoría ligadas a la religiosidad. Sólo basta entrar a alguno en vísperas del Día de La Candelaria, Cuaresma, Semana Santa, Día de Muertos o las Posadas y Navidad. Además de encontrar el abasto cotidiano, conseguimos artículos de ocasión, regalos y adornos para las Fiestas Patrias, cumpleaños, bodas, XV años, Día del Niño, de la Madre, que sin importar tamaño o ubicación del mercado, estamos seguros de hallar.

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Como parte del proyecto de ampliación de La Merced, los mercados de Mixcalco, Jamaica y Sonora forman parte de las siete naves anexas y fueron inaugurados el 23 de septiembre de 1957 por el presidente Adolfo Ruiz Cortines y Ernesto P. Uruchurtu, regente del Departamento del Distrito Federal.

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Estos tres sitios son lugares para la recreación de los sentidos, donde podemos encontrar toda la variedad de colores en sus frutas y verduras, aspirar delicados perfumes en sus flores y hierbas, dar una visita olfativa al mar en sus pescaderías, a estados de la República como Oaxaca y Puebla con su comida típica o mitigar la sed con los múltiples sabores de sus aguas frescas; espacios para el “regateo” y la convivencia entre “marchantes”, pues el acto de “mercar” inherente a los mexicanos desde tiempos prehispánicos, pervive en ellos.

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Mercado de Jamaica

Para el año 1895, de once mercados, que existían en la ciudad, uno era el desembarcadero de Jamaica. A lo largo del Canal de la Viga se instalaba un tianguis donde se vendían flores y legumbres traídas desde Xochimilco y los puentes de Pipis y Jamaica —este último de mampostería— tuvieron que modificar su altura cuando se autorizó el uso de barcos de vapor. Este último era de los más concurridos por facilitar el comercio y el paso de religiosos entre los barrios de Otengo, Tultengo, Iznahuatongo, Resurrección y Candelaria. Durante la festividad del Viernes de Dolores o Fiesta de las Flores, el embarcadero de Roldán era punto de partida de los paseantes que abordaban trajineras adornadas con amapolas y claveles. En agosto de 1869, al paisaje de este puente se unieron la estatua de Cuauhtémoc, y más tarde, en 1901, las de los Indios Verdes: Ahuízotl e Itzcóatl, traídas del Paseo de la Reforma1.

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En La vida en México en 1810, Luis González Obregón daba algunas descripciones de la vida en en este embarcadero durante los albores de la intependencia, por ejemplo sobre la Celebración del Viernes de Dolores: “La gente pobre, principalmente en La Viga, va comiendo golosinas a la orilla del canal cenagoso, cubierto por infinitas chalupas tripuladas por pintorescas floreras indígenas”. Este ambiente festivo fue una característica de Jamaica, como podemos observar también en el libro México y sus alrededores. Guía para los viajeros, escrita por un mexicano, de 1893, que dedica algunos párrafos a los mercados y al Paseo de La Viga, que era la principal vía de comunicación con los pueblos de Santa Anita, Mexicaltzingo e Iztapalapa: “En el pueblo de Jamaica, casi unido a México, está la ‘Quinta Corona’ en la que, lo mismo que en la ‘Castañeda’, hay fiestas los domingos, pagándose la misma cantidad por la entrada”.

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A inicios del siglo XX, según la historiadora Araceli Peralta, campesinos de Xochimilco venían a vender “a México” cada quince días. “Se embarcaban a las 5 o 6 de tarde para llegar al amanecer a La Viga o Jamaica, o salían de madrugada para llegar al anochecer”. Terminada su venta, compraban en el mercado de la Merced los productos que necesitaban y regresaban a sus comunidades. Ese fue el trajín durante muchos años hasta que se asfaltó el Canal de la Viga. Ya en la década de 1920, como sucedió con La Merced, el espacio terminó desbordado por puestos de madera y lámina por varias cuadras hasta la calle Morelos. En 1940 comenzó el proceso de relleno y se erigió el actual mercado de Jamaica, obra de los arquitectos Félix Candela y Pedro Ramírez Vázquez, quienes priorizaron el espacio, ventilación e iluminación natural, dando un efecto estético a la caída de las aguas pluviales, por lo que usaron paraguas de concreto, un juego arquitectónico que dio equilibrio al peso de los materiales.

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Sin embargo, los esfuerzos de estos arquitectos quedaron superados el 19 de septiembre de 1985, cuando una de las naves del mercado no resistió el movimiento telúrico. El libro Jamaica Vive describe los días de angustia que vivieron los locatarios: “En la oscura incertidumbre de una ciudad silenciosa y aterrada por la destrucción implacable del sismo del 19 de septiembre de 1985, los comerciantes pasaron la noche unidos, todos por un mismo pensamiento: Mi mercado no lo dejo… es mi casa, es mi vida”. Luego de manifestaciones, plantones en el Zócalo y la reubicación de algunos puestos en la Central de Abasto, la tenacidad de los locatarios de Jamaica logró la reapertura del mercado, testimonio de lucha y organización.

Aspecto del Mercado de Jamaica, recién inaugurado en 1957, obra de Félix Candela. Foto: Tomada del libro Jamaica Vive.

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Mercado Sonora

De acuerdo con la delimitación de los Cuatro Barrios de Indios realizada por Alfonso Caso2, los terrenos donde actualmente se ubica este mercado pertenecerían al más antiguo de estos, el de San Pablo Teopan o Zoquipan, un asentamiento xochimilca que abarcaba desde las actuales calles de Guatemala y Miguel Negrete al norte; Balbuena al oriente; Chabacano y Morelos al sur, y San Antonio Abad al poniente. Como muestran mapas del siglo XIX, esta zona formó parte de los Llanos y Rancho de Balbuena, hasta donde llegaba la traza de la ciudad con el llamado albarradón de San Lázaro. Ahí destacaban la Capilla de la Concepción, el Puente de Pipis, de Garabito y la Calle de Chinapa.

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El señor Alberto Medina nació en el espacio que hoy ocupa el Mercado de Sonora hacia 1933, pues había varias vecindades en ese terreno, y cuenta que solía ir a jugar con otros niños a los cercanos llanos de Balbuena, además de asistir al Cine Sonora, —del cual al parecer, tomó nombre el mercado—. Con la construcción del mercado en 1957, a un costado de lo que fuera el Canal de la Viga, entubado en la década de 1950, comenzó la transformación del lugar. En 1974 adquirió su aspecto actual de casi 10 mil 300 metros cuadrados. Desde su edificación es considerado el principal centro de venta de plantas medicinales provenientes de Xochimilco, Milpa Alta y el Ajusco, en la Ciudad de México; San Martín Texmelucan, en Puebla; Texcoco, Chalco y Ozumba 3, en el Estado de México. Además, en este mercado se vende todo tipo de artesanías de barro, cerámica y talavera, juguetes tradicionales, disfraces y artículos para bodas y XV años. Algunos pasillos del mercado son exclusivos para la venta de animales y accesorios para mascotas.

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Pero lo que le ha dado fama mundial al mercado Sonora, es su vocación para la magia. En este sitio pueden verse junto al altar católico, cruces egipcias, estrellas judías, figurillas para santería y vudú, cuadros de santos católicos y orishas africanos. Aquí se entrelazan distintas religiosidades a favor del cliente y sus necesidades: salud, dinero, para retirar salaciones o atraer al ser amado. Los locatarios también ofrecen productos y rituales para optimizar resultados. Estos son lugares para la sabiduría espiritual y medicinal indígena, sincretizada con las versiones de magia traídas por los españoles, influenciados a su vez por la cultura árabe y las creencias de los esclavos traídos de África. En últimas fechas se han incorporado prácticas de la santería cubana.

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Para el fotógrafo y escritor neoyorquino Kurt Hollander, radicado durante más de dos décadas en la Ciudad de México, en las que documentó parte de la cultura urbana, “los curanderos espirituales representan un intermediario entre lo tradicional y lo moderno, lo rural y lo urbano, lo indígena y lo europeo”.

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Mercado Mixcalco

Si Jamaica tiene una historia ligada al Canal de la Viga y el Mercado Sonora acapara las miradas por sus exóticas mercancías, el Mercado Mixcalco, con su especialidad de venta de ropa y zapatos, cuenta con una muy larga e interesante historia. Al formar parte del Barrio de Indios de San Sebastián Atzacoalco, en el límite de la antigua traza española que llegaba hasta la Plaza de Loreto, el barrio conserva su nombre náhuatl, que significa “Lugar entre las nubes”.

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Desde 17534 ya existía una plazuela en el terreno hoy ocupado por el mercado, y contaba con una fuente pública que abastecía al barrio, según un expediente fechado en marzo de 1854, que recoge la queja de los vecinos sobre el uso que un particular daba a la fuente: “Vecinos del barrio de Mixcalco, (…) exponen que el agua de la fuente pública (…) venía disminuyendo (…) debido a que José María Ortega cambió las cañerías por las cuales corría el liquido (…) hacia el corral de su propiedad…”5

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Luis González Obregón, en su libro ya citado, refiere que “plazas como la del Volador servían de mercado, la de la Cruz del Factor de baratillo y la de Mixcalco para ejecuciones de justicia, cuando los reos no eran ahorcados o agarrotados en la picota pública”. Y sobre este hecho nos dice en nota al pie: “Precisamente en 1810 fue ejecutado en la Plazuela de Mixcalco un tal Anastacio Lora, que había asesinado a su mujer”. Una serie de notas periodísticas dan parte del fusilamiento del guerrillero Nicolás Romero y tres de sus hombres —quienes combatían al Ejército francés— a las seis de la mañana del 18 de marzo de 1865. El uso que se dio a esta plaza fue plasmado por Guadalupe Posada nos dejó el grabado “Corrido: el ahorcado en Mixcalco”, cuyo original forma parte de la Colección Blaisten.

Plaza de Mixcalco a inicios del siglo XX. Foto: Mediateca del INAH

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Hacia la década de 1920, Mixcalco ya no era escenario de ejecuciones. A la Plazuela se había trasladado parte del comercio del extinto mercado del Volador. Aquí ya se ubicaban la pulquería La Gloria, el Hotel Ideal, la Escuela número 36, y al lado de ésta la casa que habitó el muralista Diego Rivera con Guadalupe Marín, en la época en que pintó los murales del Anfiteatro Simón Bolívar en el Colegio de San Ildefonso. Fue en esta casa donde nació su hija Ruth y donde era visitado por artistas e escritores como Tina Modotti, Agustín Lazo, Enrique González Rojo, Samuel Ramos, Salvador Novo, Jorge Cuesta, Germán Cueto (propietario de la casa), José Juan Tablada y el futuro mariscal yugoslavo Josif Broz “Tito”, quien vivió un tiempo con ellos y visitaba el mercado de La Merced. Todos ellos se sentían atraídos por este barrio, que “revolvía los olores con los pregones, los pelados con los burócratas, los burdeles con el mercado de La Merced, el otro vientre de la ciudad.”6

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Antes de 1957, el ambiente del barrio lo formaban cines como el Cervantes, Florida, Acapulco, Victoria y el Bahía, Salones de baile como el Chamberí y La Playa, —todos extintos hoy—, según doña Julieta Rojas, quien cuenta que al mercado llegaron costureras como ella y vendedores ambulantes o “toreros” como don Toño, su pareja, todos con la idea de forjarse un patrimonio. Podemos imaginarlos bailando en el Chamberí, corriendo por mercancía a Jesús María o tomando la ruta México-Mixcalco de regreso a casa. Espacios que sí persisten son la Antigua Sinagoga que se ubica frente a la Plaza de Loreto y la Panadería Huaxteca, fundada en 1937.

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Notas:

1 Araceli Peralta Flores, El canal, puente y garita de la Viga en Attolini, Lecón Amalia y Janet Long Towell coordinadoras, Caminos y Mercados de México, México, UNAM-INAH, 2009, pp. 460-466

2 Caso, Alfonso, “Los Barrios Antiguos de Tenochtitlán y Tlatelolco”, Memorias de la Academia Mexicana de la Historia, Tomo XV, No 1, México, 1956

3 Edelmira Linares y Robert Bye, “La dinámica de un mercado periférico de plantas medicinales de México: el tianguis de Ozumba, Estado de México, como centro acopiador para el mercado de Sonora ”, en Caminos y Mercados de México, p. 636

4 Lombardo de Ruiz, Sonia, et. al, Territorio y demarcación en los censos de población. Ciudad de México 1753, 1790, 1848 y 1882, México, INAH, 2009, p. 80

5 Ávila González, Salvador, Guía de Fuentes documentales para la historia del agua en el Valle de México (1824-1928), México, CIESAS-IMTA, p. 36

6 Bradu, Fabienne, Damas de Corazón, México, FCE, 1994

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FOTO: Desde hace sesenta años, el Mercado de Sonora surte de plantas medicinales a los capitalinos. /Yadín Xolalpa /EL UNIVERSAL

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