Trocar, un inteligente disco sobre Bach

Ago 31 • Miradas, Música • 1472 Views • No hay comentarios en Trocar, un inteligente disco sobre Bach

POR LUIS PÉREZ SANTOJA

 

En Trocar, el guitarrista y musicólogo Raúl Zambrano ha producido un inteligente disco, justificado por su planteamiento musicológico y basado en ese fenómeno tan barroco de transcribir e intercambiar piezas entre obras o de un instrumento a otro: cuatro grandes obras de Johann Sebastian Bach, interpretadas en cuatro diferentes instrumentos solos.

 

El punto de partida es muy congruente. Siendo Zambrano su propiciador, la motivación son cuatro de las siete obras de Bach que fueron destinadas al laúd por el compositor, aun cuando la probable versión original de algunas corresponda al instrumento que escuchamos en el disco.

En principio, la Suite BWV 996, obra de juventud, llega a nosotros en tres manuscritos diferentes de músicos contemporáneos de Bach; mientras que uno de ellos anota su dedicatoria al laúd, una tercera copia presenta la obra transportada para ser tocada en clavecín; por ello no debe extrañar que la versión que escuchamos en este disco sea en piano, por Alberto Cruzprieto, (recién “regresado” de su trascendental disco de Nocturnos de Chopin) en una sutil interpretación de ornamentos matizados y del mejor gusto.

 

 

La Suite BWV 995 también aparece en otro manuscrito transcrita para ser tocada en violonchelo, la famosa Quinta Suite BWV 1011, favorita de esa maravillosa serie de obras, admiradas y responsables de la popularidad de Bach en el siglo XX. Todo parece indicar que el proceso fue a la inversa, pues primero fue para violonchelo, escrita después de 1717, cuando Bach trabajaba en el palatinado de Cöthen; pero, mientras que esa versión nos llegó en un manuscrito copiado por Carl F. Abel, el violonchelista destinatario, la versión para laúd se conserva en un ejemplar manuscrito del propio Bach. Las dos son válidas: el violonchelo ganó una obra sin par (no es cierto, tiene otras cinco hermanas semejantes) y el laúd tiene en ella su obra más sólida, plena de riquezas tímbricas, armónicas y de bello contenido musical. Es curioso que se eligiera para su interpretación en violonchelo, pero ello justifica el título y el sentido del disco. El músico israelí Asaf Kolerstein, nacido en Israel y radicado en México, hace una interpretación muy cercana a los conceptos románticos, a ratos, algo rígida e incisiva en su fraseo, pero con gracilidad barroca en la Gavota y la Giga finales. Para nuestro gusto, Kolerstein no aprovecha el momento más introspectivo de toda la creación bachiana, la introspectiva sarabanda (usada magistralmente por Ingmar Bergman en una

inolvidable secuencia de Gritos y susurros) y le resta algo de su profundidad   ideal, pero es su respetable concepto.

 

 

También en su época de Cöthen, compuso Bach varias obras para violín solo. La tercera partita BWV 1006 ha sido una favorita de público e intérpretes, especialmente por el prodigioso moto perpetuo del Preludio, verdadero tour de force para violinistas, que como mago del trueque el propio Bach convirtió también en la Sinfonía de su cantata 29, ¡con órgano solista! y de la 120. Poder conocer a un laudista de la magnitud de Sylvius L. Weiss fue una experiencia para Bach, quien deseó trocar esta partita y darse el gusto de escucharla en la sonoridad del laúd. Erika Dobosiewicz inicia el disco con una impecable versión violinística, a la que estamos más acostumbrados; es curioso que en el siglo XIX se quiso trocar su dedicatoria al clavecín, desafortunada idea que se revirtió en el XX y ahora la obra sirve a dos amos, el laúd y el violín.

 

 

Raúl Zambrano hace otro trueque al revivir la partita BWV 997, de numerosas “ediciones” y copias que hacen incierto el instrumento original. Pensada por muchos como obra para clavecín, por otros para flauta e incluso violín

acompañado, pero la versión más congruente de todas, con mayor cercanía a la maestría de Bach para lograr equilibrio en las voces internas de una obra, es la de laúd. Si, como hace Zambrano, se combinan todas las partes de las diversas copias, con su grandiosa estructura y una monumental fuga repetida, tenemos una obra fundamental del repertorio de laúd. ¡Ah! Por cierto, Zambrano no deja de trocar y la toca con naturalidad y belleza… en guitarra.

 

 

Trocar, con obras del “repertorio tradicional”, nos confirma que podemos y hacemos cada vez mejores y más bellos discos en México.

 

 

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