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Un Hamlet latinoamericano

Feb 11 • Escenarios, Miradas • 1321 Views • No hay comentarios en Un Hamlet latinoamericano

POR JUAN HERNÁNDEZ 

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Hamlet en Caracas, escrita y dirigida por el venezolano Jesús Delgado, con las actuaciones de Sebastián Torres, Simona Chirinos y Eduardo Treviño, es una obra política que evita el panfleto y ejerce la reflexión inteligente respecto a los abusos de poder y sus consecuencias en la vida cotidiana y en el ámbito de una intimidad profunda. Plantea a los personajes el dilema de asumir el costo que implica vivir fiel a sus ideales en un sistema político autoritario o sumarse al discurso oficial para sobrevivir.

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La historia de esta puesta en escena ocurre en Venezuela, pero podría ubicarse en cualquier país del mundo en donde las libertades humanas se constriñan al discurso de la oficialidad, venga éste de la derecha, la izquierda o una supuesta democracia. Cuando las garantías individuales existen sólo en el papel, pero no en la práctica, las relaciones sociales se pervierten, dando paso a la persecución, el aislamiento, la desconfianza en el prójimo y la traición.

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Delgado busca los puntos de coincidencia entre la historia contemporánea y la trama del Hamlet de Shakespeare, al establecer semejanzas entre el drama de “Arturo” —el estudiante de actuación que ha disentido de la normatividad al asumirse gay y cuestionar al sistema político de su país, e incluso poner en tela de juicio la legitimidad de los artistas, a quienes acusa de ser sumisos frente al discurso oficial— y el del príncipe de Dinamarca, quien debe descubrir al asesino de su padre para vengarlo, aunque eso signifique desafiar el poder absoluto del traidor: su tío “Claudio”.

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Hamlet en Caracas se lleva a escena con una poética que entrevera realidad y ficción. Utiliza el conocido recurso de meter al teatro dentro del teatro y se sumerge en el delirio para hacer énfasis en la intención discursiva en relación con la corrupción moral, la traición de los ideales, el autoritarismo, el amor filial y la defensa de las libertades.

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Arturo” debe interpretar a “Hamlet” en el montaje de fin de cursos de una universidad de artes en Venezuela. El montaje, que lleva por título “Hamlet, el revolucionario” busca congraciarse con el gobierno en turno. El joven debe acudir a una conferencia de prensa a la que se le ha invitado sólo para repetir las palabras que le han dado por escrito, en las cuales el actor expresaría las bondades del gobierno de la revolución bolivariana.

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El protagonista hace, en cambio, todo lo contrario: dice lo que piensa y habla sobre una realidad que denuncia la traición a la revolución, consecuente con sus ideales y en solidaridad con los ciudadanos de su país que viven en la opresión y la pobreza.

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Si bien se trata de una historia que genera empatía con los protagonistas, ésta no se busca con recursos melodramáticos, sino con el planteamiento de una poética que profundiza en el estado del alma de los personajes. Por otro lado, el montaje ofrece momentos de un humor inteligente que permiten al espectador tomar una postura frente a la realidad del mundo contemporáneo.

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La producción recurre a pocos elementos en escena —apenas unos muebles de madera con ruedas—, pero la obra es más amplia en el momento de evocar espacios diversos: un teatro, el exterior y el interior de una casa, así como el foro de una universidad o la oficina de un periodista.

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El trazo escénico es, diríamos, coreográfico. Movimientos pensados para dar dinamismo al trabajo actoral y a la creación de atmósferas, que van del drama cotidiano, a la nostalgia evocada por la canción latinoamericana, interpretada por Simona Chirinos, quien se revela como una cantante de excepción, con una voz clara, profunda y potente, la voz en off para dar lugar a personajes que no aparecen físicamente pero tienen gran peso en el drama, o la recreación de la aparición fantasmal del padre de “Arturo”, asesinado por haber disentido como su hijo, en clara alusión a una escena clave del Hamlet de Shakespeare.

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Hamlet en Caracas es una propuesta del teatro latinoamericano contemporáneo, con un equipo creativo que maneja los hilos de la escena con eficacia. Resalta la dramaturgia y dirección de Delgado, quien se revela como un creador talentoso al manejar con pulcritud y solvencia los elementos de la composición dramática, para dar actualidad a la tragedia, así como para conseguir una puesta en escena empática con las preocupaciones de los espectadores.

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FOTO: Hamlet en Caracas, texto y dirección de Jesús Delgado, con las actuaciones de Sebastián Torres, Simona Chirinos y Eduardo Treviño, así como las voz en off de Franklin Virgüez, Pablo Andrade y Franco Tintori, escenografía de Fátima Murguía y Jesús Delgado, vestuario de Mauricio Arizona, y el uso de las canciones La tierra del olvido, de Carlos Vives; Tonada de luna llena, El alcaraván y Mi querencia, de Simón Díaz, coproducción de la Escuela Nacional de Arte Teatral del INBA y el Grupo Teatral Emergente de Caracas, se presenta en el Teatro El Milagro (Milán 24, Juárez), jueves y viernes a las 18:30, hasta el 3 de marzo, así como el 4 y 5 de marzo, a las 19 y 18:30 horas, respectivamente./Cortesía teatro El Milagro.

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