¿Va a quedar olvidado el Istmo como siempre ha estado olvidado?

Sep 23 • Conexiones, destacamos, principales • 2793 Views • No hay comentarios en ¿Va a quedar olvidado el Istmo como siempre ha estado olvidado?

Como si fueran cortinas mal puestas, cuelgan extremos de balcones o tejados de farmacias, tiendas de conveniencia, bancos o casas de empeño. Lo que le pasó a Juchitán con el terremoto del pasado 7 de septiembre antes de la medianoche no tiene precedentes. Las afectaciones en el templo de San Vicente Ferrer y en la Casa de Cultura simbolizan el olvido pero también la esperanza de este pueblo oaxaqueño.

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POR SONIA SIERRA/ENVIADA

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Juchitán, Oaxaca. Lucio Santiago Santiago, párroco de San Vicente Ferrer, el más antiguo e importante templo de Juchitán (data del siglo XVI) y el más afectado en la ciudad por el sismo del 7 de septiembre, tuvo que dejar el edificio histórico de la casa cural e irse a vivir a la casa de unos vecinos, ahí, a la vuelta del Parque Charis, que toma el nombre del histórico general rebelde Heliodoro Charis Castro, cuya casa tampoco pasó la prueba del siniestro.


El padre Santiago no fue el único que tuvo que improvisar oficina por culpa del terremoto. En una banca del mismo parque atiende al público Vidal Ramírez Pineda, quien desde hace nueve años es el coordinador de la Casa de Cultura de Juchitán, la tercera que se creó en el país, después de las de Aguascalientes y Jalisco. En el parque Charis coinciden tres de los edificios que peor quedaron en Juchitán tras el sismo de 8.1 grados: el templo de San Vicente Ferrer, la Casa de Cultura y el Centro Escolar Federal Juchitán derribado en su totalidad a mediados de esta semana, por el Ejército; hoy el área está totalmente cercada.


La iglesia perdió su torre derecha. Hasta esta semana, la otra torre se inclinaba y parecía estar destinada a sufrir la misma historia de la primera —las constantes réplicas aceleran este proceso—; adentro, en la cúpula de este templo de San Vicente Ferrer, se formó una grieta prolongada cuya profundidad no se conoce y, a un costado, cerca de la ventana, se formó una fisura que es pequeña pero por donde sí pasa la luz del Sol. En la Casa de Cultura, que está cerrada al igual que el templo, los corredores y las columnas que los soportaban acabaron casi desplomados.


El templo de San Vicente Ferrer y la Casa de Cultura comparten la condición de ser edificios históricos, y además comparten la condición de ser dos de los lugares que a lo largo de los años, varias generaciones han convertido en sitios emblemáticos de su historia cultural, religiosidad y vida política. La de la Casa de Cultura es una historia de hace 45 años; la del templo, de más de cuatro siglos.

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De ahí que no resultan exageradas las palabras del padre Santiago, un sacerdote nacido muy cerca, en El Camarón, y buen conocedor del modo de ser de los juchitecos, que dice que el terremoto dejó herido el corazón del pueblo y que la condición actual de ese corazón se compara a la de quien recibe oxígeno artificial:

“Hay gente que pasa y llora, sobre todo los de más edad. El templo tiene una referencia cristiana, pero sobre todo tiene una referencia profundamente cultural porque se une con sus tradiciones, con las famosas velas de Juchitán que terminan aquí en el templo; es una referencia en el ámbito cultural para el pueblo. Y luego, es memoria histórica para las luchas de Juchitán; por ese espíritu guerrero que tiene el pueblo, siempre tomaron de bandera a San Vicente; la memoria histórica que guardan con relación al templo es muy grande. Entonces se guardan tres elementos: el cultural, el de fe que está envuelto en la religiosidad popular y el histórico. Esos elementos se juntan y se convierte el templo en el corazón del pueblo. Así que hoy el corazón está lastimado; está recibiendo oxígeno artificial. Y se tiene que reanimar ese corazón para reanimar al pueblo. Se los dije a los del INAH (Instituto Nacional de Antropología e Historia) que es donde tienen que poner atención porque de ahí va a cobrar fuerzas el pueblo, va a encontrarle sentido a su vida. Si le pregunta a la gente, la mayoría no sabe quién fue San Vicente Ferrer, pero sí saben que siempre ha estado presente”.

Panorámica de una parte de la ciudad de Juchitán, Oaxaca, que fue azotada por el terremoto del 7 de septiembre.

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El paisaje perdido
Tampoco suenan exageradas las palabras de la escritora Natalia Toledo y del artista Demián Flores, que se encuentran en su ciudad por estos días organizando la entrega de despensas o llevándolas hasta otros municipios de la región, cuando coinciden en afirmar que a Juchitán parece que le cayó una bomba. “Como que la vida se detuvo”, describe la poeta.

A la entrada de Juchitán aparecen acumuladas montañas de desechos, sobre todo de adobes, en torno de las cuales algunos niños y adultos buscan extraer algo servible. Las han sacado de toda la ciudad pues en prácticamente todas las calles hubo alguna casa derribada en su totalidad o con daños evidentes. Las fachadas a veces parecen estar estables, pero adentro se han venido abajo cuartos o muros.


Aunque los monumentos históricos con más daños son cinco (la Casa de Cultura, el Palacio Municipal, San Vicente Ferrer y dos templos más), hay otros inmuebles históricos afectados: casas señoriales que sufrieron grandes pérdidas, pero cuya cifra todavía no tiene el INAH, dado que son propiedades particulares y su censo está en manos de la Sedatu (Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano).


Como si fueran cortinas mal puestas, cuelgan extremos de balcones o tejados de farmacias, tiendas de conveniencia, bancos o casas de empeño. Coloridos letreros están atravesados por vigas metálicas y las cintas rojas y amarillas de precaución detienen el paso en muchas calles; el siga sólo lo libran mototaxis y bicitaxis; no ayuda la lluvia que anega las calles por las cuales es preciso caminar en el centro pues las aceras o banquetas son un riesgo. Y a pesar de todo eso, los parques y el centro están llenos de mujeres que venden alimentos, artesanías, frutas y otros productos; los del Mercado —otro de los que tuvo grandes daños— están en el Parque Benito Juárez trabajando e intentan, a pesar de todo, salir adelante.

De los monumentos históricos, el templo de San Vicente Ferrer es el que aparece en peores condiciones; más que el Palacio Municipal —edificio que data de 1860— y que la Casa de Cultura —que tiene un área construida hacia 1890, de acuerdo con testimonios fotográficos.


Lo que le pasó a Juchitán tras el terremoto no tiene precedente en su historia. Pero sí está presente en la memoria el otro gran golpe a su corazón: tuvo lugar hace alrededor de 150 años, cuando el entonces gobernador del estado de Oaxaca, Félix “El Chato” Díaz —hermano de Porfirio Díaz— en 1870 arrasó e incendió el pueblo, sacó de su nicho al San Vicente Ferrer y lo arrastró amarrado a su caballo por las calles del pueblo. La humillante historia no acabó ahí: el santo estuvo perdido durante casi 100 años hasta que se recuperó en el vecino municipio de San Blas, en 1964.


“Aquí, si se toca a San Vicente de mala manera, arde el pueblo”, concluye el sacerdote, después de narrar esa historia.
El santo es centro del mayor culto en Juchitán, pero es también uno de los bienes históricos más importantes del templo de San Vicente Ferrer, inmueble que goza de la catalogación de Monumento Histórico, por parte del INAH. Hoy, a pesar del terremoto y de las condiciones que presenta el edificio, este santo y los otros (también son históricos el de la Natividad y el de San Pedro Cantarito) no puede salir del lugar, aunque es algo que evalúan las diferentes sociedades religiosas, pues su resguardo precisa permisos de las instituciones.

El templo cuenta con dos “estatuas” de San Vicente justamente porque cuando se perdió el original, se compró otra en España. La primera se conoce como San Vicente Gola (“grande” en zapoteco) y es una obra histórica y artística, hecha en madera, que está afuera de un nicho en la iglesia, de frente al retablo; esa pieza no sufrió daño alguno con el sismo. El San Vicente Huiini (“pequeño”) está en el nicho y es el que vino de España, tras la pérdida del original.


Para la preservación de esas obras, dice el sacerdote, se evalúa si se van a retirar del templo: “Cada santo tiene sociedades, tuvimos reunión con algunos miembros de esas sociedades, un primer acercamiento para contarles de los santos que están de pie, porque cayeron varios, hubo destrozos y algunos se dañaron. El Cristo Resucitado, que es una imagen preciosa, quedó destruido, aunque no es histórico; el San Vicente Gola no sufrió ningún daño; las de San Pedro Cantarito y de la Natividad sí se cayeron. Estamos en eso. Están retirando escombros primero y los especialistas del INAH nos van a indicar qué van a hacer”.

El padre Santiago, que espera que pronto se apuntalen los edificios para evitar que la otra torre se venga abajo o que haya daños en el centro del templo, ha ingresado al templo, tras el terremoto, en cuatro ocasiones con personal del INAH. Los especialistas le han dicho que se harán todo para que recuperar el inmueble. Esto lo confirma el antropólogo Joel Omar Vázquez, delegado Federal del INAH en Oaxaca: “Los especialistas en monumentos históricos nos han dicho que, en términos estructurales, sí se puede recuperar el templo; en cuanto a la segunda torre, si se recupera o no, es algo que dirán ellos. Lo que se hará es utilizar todos los materiales de la región, recuperar la arquitectura de tierra, de origen. Sabemos también que los edificios de la Casa de Cultura y del Palacio Municipal son recuperables, de acuerdo con los especialistas”.

En el Istmo de Tehuantepec, Oaxaca, la Casa de Cultura sufrió graves daños en sus instalaciones tras el sismo del 7 de septiembre./Juan Carlos Reyes/El Universal


Revivir la Casa
Vidal Ramírez Pineda confía también en que la Casa de Cultura se restaure y no vaya a acabar demolida como el Centro Escolar Federal Juchitán. Sentado en el parque Charis (o Parque Viejo), Vidal, que fue de la primera generación de estudiantes de la Casa de Cultura de Juchitán (ahí se formó en zapoteco y danza regional, y aprendió a ser gestor cultural) defiende el papel de ese centro en la vida de la ciudad: “La casa es el punto de reunión de todo el pueblo juchiteco, para las actividades culturales, deportivas, religiosas, de orden político —que aquí la gente es muy politizada— reuniones sindicales, de todo”.

Este centro cultural, que cumplió 45 años en marzo pasado, fue impulsado por el pintor Francisco Toledo y posee una colección que incluye más de 700 piezas arqueológicas —donadas por el propio Toledo—, biblioteca, auditorio, salón de música, salón para danza y teatro y sala de arte.

Un área de la Casa de la Cultura era parte del templo de San Vicente Ferrer: el atrio poniente, donde está la biblioteca pública Rosa Escudero. “En los años 30, el general Heliodoro Charis Castro expropió ese espacio a la iglesia como parte del movimiento cristero y callista, era puro patio. El edificio tuvo muchos usos educativos”, cuenta Vidal y, mientras recorre el inmueble, dice sentirse optimista: “Los corredores se vinieron abajo, es la parte que se agregó en el 72, los demás salones siguen en pie. Muchos dicen que tendría que demolerse, hacerse de nuevo en el mismo concepto. Pero los del INAH dicen que no hay necesidad de demoler”.

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El incierto futuro
El padre Santiago, que se había ido a dormir temprano la noche del siete de septiembre porque tendría al siguiente día la misa de la Natividad —a las 10 de la mañana—, no sabe qué va a pasar con las próximas fiestas de la comunidad, como la vela de los Muxes en octubre, pero mucho menos con el futuro. Está lleno de preguntas:


“Tengo grandes preocupaciones a nivel de la respuesta que el gobierno pueda dar: ¿Va a quedar olvidado el Istmo, como siempre ha estado olvidado? Vinieron el presidente, el gobernador dos o tres veces, y dicen: ‘No se preocupen, vamos a ayudar’. Y mi preocupación va en esta línea: en que no nos convirtamos nada más en una promesa; que aunado al dolor que sentimos, esto se convierta en un ofrecimiento más o que se den los recursos a familias señaladas porque están cercanas a una autoridad. Ahora, preguntan ‘¿qué necesita la comunidad?’ Yo digo que la comida, con el día a día la vamos teniendo, aunque sí hay carencias: estamos acostumbrados a un plato de frijoles y arrocito, la pasamos y hacemos fiesta, pero es una economía informal la de Juchitán: hoy vendo una cosita, mañana otra, pero no hay un ahorro suficiente para decir: ‘Voy a levantar mi casa’. Si me preguntan a mí cual es la necesidad más urgente, es economía para construir un cuartito. Hablan de que los templos tienen seguro, pero mi duda es: ¿No será que el que vende el seguro es del mismo gobierno? Si hay ese seguro, ¿por qué tiene que limitarse? Y para mí es prioridad el templo, si conseguimos que en unos meses esté listo el templo, va a ser un consuelo para la gente. La necesidad es fortalecer un espacio donde tú vas a recibir el consuelo y a pedir la misericordia de Dios”.

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