….Y la guitarra seguía ahí

Dic 14 • Miradas, Música • 1852 Views • No hay comentarios en ….Y la guitarra seguía ahí

POR LUIS PÉREZ SANTOJA

 

Después de tantos meses de ocuparnos de música intensa y compleja (vanguardistas

geniales, trueques barrocos, danzas petrificadas, leyendas de Gurre y sublimes armonías

wagnerianas) se me antojaba terminar el año con un desahogo de profunda ligereza,

partiendo de la música popular, a veces raíz, a veces musa, pero siempre feliz y lúdica. Para

ello quise recurrir a un instrumento que siempre está ahí, que me llega de cerca por una

entrañable razón filial: la guitarra. Y entonces se acercaron discos de aparición reciente,

basados todos en fuentes vernáculas y ritmos del pueblo.

 

El primero nos reserva dos enormes sorpresas: los arreglos de Toru Takemitsu a doce

canciones populares y ¡una impensable versión guitarrística de La internacional!, el

himno por excelencia de las organizaciones socialistas obreras. Takemitsu, el compositor

japonés más importante del siglo XX, se distinguió por su originalidad, con una

singular asimilación del contexto musical de su propia cultura (escalas pentafónicas, los

instrumentos tradicionales) y la música occidental de sus contemporáneos (armonías y

texturas sonoras cercanas a Debussy y a Messiaen y la aleatoriedad de Cage), pero además

estableció una voz propia, identificada por su carácter introspectivo, sus austeras y sutiles

texturas y el uso del silencio como parte de la evolución de la música, en la que siempre

he sentido una sensación onírica. Su música también acompañó varias de las épicas obras

maestras de Akira Kurosawa (Ran), las de otros cineastas japoneses (La mujer de la arena

de Hiroshi Teshigahara, por ejemplo) y casi un centenar de filmes que musicalizó.

 

Nadie habría supuesto que por gusto propio Takemitsu realizara estos arreglos de canciones

populares occidentales y alguna japonesa. El compositor decía que la guitarra era un

instrumento “grandilocuente” y la usó con gran inteligencia y sentido; sus transcripciones

son mucho más que eso, pues Takemitsu enriquece las sencillas melodías con un colorido

especial y pequeños e ingeniosos contrapuntos.

 

El disco fue grabado en Milán por el guitarrista y laudista italiano Claudio Tumeo pero ahora

es editado en México por Tempus. El espectro elegido por el autor es muy curioso: no debe

extrañar que destaquen las cuatro canciones de The Beatles (como Leo Brouwer, antes

trascendental guitarrista, quien compuso From Yesterday to Penny Lane), y también están

presentes Gershwin y Kosma y Harold Arlen (Over the Rainbow), entre otros autores,

además de una canción japonesa… y la ya mencionada, La internacional.

 

Tumeo complementa el disco con un contenido muy distinto, también una docena de

las Children’s Songs del famoso y versátil pianista de jazz Chick Corea, escritas para

piano con el deseo de sugerir el mundo infantil con sus cantos y juegos, y también la nada

superficial y compleja introspección y sensibilidad de los niños, nada superficiales. Todo

eso capturó Corea en sus emblemáticas piezas, que ahora Tumeo transcribe para guitarra

(esa pequeña orquesta, según Berlioz, quien la tocaba para componer sus monumentales

obras).

 

Desde Brasil, también por medio de Tempus, llega una formidable antología de algunos

de sus más importantes compositores, todos con arraigo en el folclor. En este caso, Cyro

Delvizio  —alumno del gran Turibio Santos— graba un rico material en el que, si bien

no está Heitor Villa-Lobos, el más famoso y grabado, sí están Camargo Guarnieri, su

sucesor (toda proporción guardada), y Radamés Gnattali y su mezcla de vanguardia, jazz

y clásica brasileña. Edino Krieger y Ricardo Tacuchian, son, en cambio, de generaciones

intermedias, Krieger el primer vanguardista brasileño para la guitarra, quien aun en la

atonalidad no pierde la compostura rítmica, y Tacuchian, apegado a las formas folklóricas.

Algunos grandes de la segunda mitad del siglo XX fueron Fred Schneider, Marcos Alan,

uno de los músicos más malogrados de la historia, muerto a los 17 años, y Marco Pereira,

quien recupera algunas danzas típicas de los carnavales. A la inversa, el gran creador del

Bossa Nova, Antônio Carlos Jobim, sorprende con el lenguaje clásico de Amparo, original

para piano, con trémolos que en guitarra traen reminiscencias de Tárrega.

 

Poseedora de un lenguaje común e identificable, la música brasileña para guitarra se

identifica con un mismo espíritu, que hermana a la auténtica música popular y a la clásica

de concierto que, finalmente y más allá de los formalismos académicos, abrevan en aquella.

Así pasan sofisticadamente varios ejemplos de vals-choro, el típico vals brasileño, la

modinha y la maxixe y hasta la samba carnavalesca. Un disco divulgador y disfrutable.

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