Los cardencheros de Sapioriz

Oct 20 • Conexiones, destacamos, principales • 2083 Views • No hay comentarios en Los cardencheros de Sapioriz

El cardenche, tradición musical de la Comarca lagunera, se resiste a la extinción. La voz a cappella de este grupo de jornaleros persiste en cantarle a sus tierras y a las historias de su pueblo

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POR MIRIAM CANALES

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El camino a Sapioriz, Durango, es árido y distante. Este ejido, a una hora y media de Torreón, Coahuila, es un “pueblo mágico” sin que autoridad alguna lo haya catalogado. Son las voces del cardenche, oriundas de esta región cubierta con terracerías y calles sin nombre, las que le han dado otro matiz a su historia.

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El autobús urbano se detiene frente a una de las pocas iglesias católicas que permanecen en Sapioriz, dominado ya por otras sectas advenedizas; un poblado rural que vive del ganado, la pesca, la tierra y las vacas lecheras. Es ahí donde se concreta el encuentro con los veteranos vocalistas: Guadalupe Salazar Vázquez (voz fundamental), Fidel Elizalde (voz contralta) y Antonio Valles Luna (arrastre), campesinos de oficio y con edades que oscilan entre los 74 y 85 años. La cofradía ha quedado fragmentada tras la reciente partida de uno de sus pilares: Genaro Chavarría Ponce, quien falleció de diabetes a los 82 años el pasado 30 de julio, retirado ya de la actividad.

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Este canto campirano a capella, de registros antropológicos escasos, lleva el nombre de una cactácea con lancetas dentadas que al incrustarse en la carne son de extracción muy dolorosa, de ahí la analogía. Según sus estudios, se ha divulgado que proviene de finales del siglo XIX donde la peonada de las haciendas del mismo Sapioriz y ejidos como Jimulco y La Flor de Jimulco, Durango, imitaban con la voz instrumentos musicales, incapaces de adquirirlos. Otras teorías aseguran que sus verdaderos orígenes se remiten a pueblos como Miguel Auza y Juan Aldama, Zacatecas, hermanados con la Comarca Lagunera. En la década de los treinta vivía en su apogeo con canciones como “A morir a los desiertos”, “Ya me voy amigos míos”, “Ojitos negros”, “Al pie de un árbol” o “A las dos de la mañana”. Como un descanso de sus labores, los jornaleros varones acostumbraban entonarlos por las noches acompañados de alcohol, lo cual le dio un carácter masculino, ya que las encomiendas maternales y domésticas impidieron a las mujeres ejercerlo a su mismo nivel.

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El cardenche se ejecuta de tres a cuatro voces con peculiares nombres como “arrastre”, la más grave, también llamada “marrana”; la voz “contralta”, “requinto” o “superior”; y por último, la “fundamental” o “central” es la que guía al resto. Se requieren de unos tragos de sotol para enfatizarlo, una bebida alcohólica preparada en el norte de México a base de agave silvestre llamado sereque o sotol que crece en el desierto y que de manera paulatina se ha ido popularizando como gourmet sin llegar a los niveles de sobre explotación del mezcal. Romance, nostalgia y desamor son elementos que conforman la esencia de sus canciones llamadas cardenchas, pero también intervienen la devoción religiosa y el tributo a los fieles difuntos para otra de sus categorías como coloquios y alabados que suenan en las pastorelas celebradas en Sapioriz, una tradición navideña cada vez menos recurrente.

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“Hoy estamos aquí y mañana quién sabe. Hay que aprovechar esta existencia y esta vida que Dios nos dio. Para ser un cardenchero pleno se necesita tener sentido, voz y valor porque hay mucho gentío”. Fidel Elizalde, y su amigo Antonio Valles se muestran tímidos, pero determinantes en contar las experiencias de vida y profesionales que los han forjado como cantantes, su reconocimiento nacional e internacional, su paso itinerante por conciertos en toda la República mexicana y festivales culturales en Nueva York, Washington y París; la responsabilidad de cargar con el nombre como los últimos intérpretes reconocidos del género, los desaires gubernamentales de los que todavía son víctimas y su iniciativa de construir en su natal Sapioriz un centro cultural donde no sólo albergue su historial, sino que instruya a sus lugareños a otras actividades como música, baile, manualidades, talleres y conferencias. Fidel me ofrece una silla para esta charla. Hay un silencio pululante en el ejido que sólo se interrumpe por los intermitentes cantos de gallo a la distancia.

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El proyecto de edificación del Recinto del canto cardenche comenzó en septiembre de 2015 por alumnos de la carrera de Arquitectura de la Universidad La Salle Laguna liderados por el artista Gustavo Montes y el arquitecto Carlos Villarreal. Desde el inicio ha sufrido dificultades económicas para finalizarse. En sus interiores ostenta su vasto acervo conformado por fotografías, pinturas, esculturas; un diploma otorgado por el Museo Smithsonian de Washington y el Premio Nacional de Ciencias y Artes 2008, en forma de medalla, entregado de manos del ex presidente Felipe Calderón a quien le solicitaron su construcción.

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Decorado con algunas cactáceas endémicas como noas y biznagas como referencias de la árida Comarca Lagunera, ya se encuentra en una etapa final donde los apoyos gubernamentales y ciudadanos han sido escasos, lo cual ha retrasado su conclusión definitiva: “El municipio de Lerdo nos ha fallado mucho. El ex alcalde Luis de Villa nos ofreció ayudarnos con 500 mil pesos y no; la actual, María Luisa González Achem vino y le cantamos. Nunca nos han redituado, ahorita tenemos una esperancita muy remota”. Revela Don Fidel. Dada su avanzada edad, delegaron su labor campesina a hijos y nietos y a pesar que el canto les reditúa, sus ingresos continúan siendo limitados.

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Amigos desde la juventud, el grupo se conoció en el ejido y a mediados de los ochenta descubrieron su afinidad y amor por la música mediante otros géneros como ranchera y corridos. Influenciados por sus familiares y vecinos como Eduardo Elizalde, Aniceto Chavarría, Juan Sánchez y Pablo García, el cardenche entró a su vida como una espina que sigue clavada en el fondo de su ser: “Nos emborrachábamos y cantábamos con canciones de la época, no tocábamos instrumentos. Como no había luz eléctrica y estaba todo oscuro, nos echábamos un trago. Decíamos: ‘Vamos a la casa de Fulano para cantar canciones’. Había señores que nos decían que nos salían bien que por qué no cantábamos cardenche”, rememora don Toño. Del ejido saltaron a Estados Unidos y al Festival de Otoño de París en el Centro de Arte Velizy-Villacoublay de donde quedaron maravillados con la Torre Eiffel. “Se veía bien aluzadota y bonita”. De sólo recordarlo, se le ilumina la mirada a Fidel y sonríe.

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Si bien no fueron los fundadores, su mérito radica en el matiz que le han impregnado en el siglo XXI y a su destacada labor de difusión: “Casi puedo decir que nosotros venimos a revolucionar esto. Muchos sabían que existía, pero estaba olvidado y luego mucha gente decía: ‘Mi abuelito cantaba, pero con las limitaciones de la época”. Sin estar exentos de incredulidad y hasta de burlas, su popularidad ha ido in crescendo, tan es así que este 2018 se estrenó su documental A morir en los desiertos de la directora catalana Marta Ferrer que les ha dado notoriedad a una nueva generación de interesados en seguir su ejemplo.

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Pero otros rivales mayores les aquejan, como la precariedad en la salud a medida que su edad avanza. Fidel padeció en recientes fechas de ciática y un dolor en su pierna que le ha carcomido la carne. Así como Genaro sufrió de una diabetes progresiva que terminó por apagar su voz, ellos se sienten cada vez más quebrantados. Por ello, desean dejar la estafeta del canto a sus sobrinos como Higinio Chavarría y otros amigos más jóvenes, pero la triada de veteranos sigue siendo convocada a ferias, conciertos y eventos culturales. “La diabetes se lo fue acabando día con día, le pegó la enfermedad en el pie y tuvieron que amputarle un dedo. Le decían que a lo mejor tendrían que cortárselo completo y con esa presión se lo llevaron al hospital y se puso grave. Como a los dos días nos dijeron que estaba muy malito”. A su sepelio llegó desde la prensa local hasta nacional, integrantes de la Secretaría de Cultura y sus compañeros lo despidieron con algunas canciones como “Ya me voy amigos míos”.

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Higinio Chavarría, sobrino de Genaro, de 44 años de edad, ingeniero agrónomo de profesión e integrante intermitente, lo recuerda como un maestro: “Mi tío cantaba con voz contralta y tenía una forma muy peculiar de perpetrarlo. Cuentan que nadie había igualado su voz, subía los tonos altos y se escuchaba muy bonito, me decía que había que apretar la garganta. Él era muy serio, poco efusivo. En Navidad íbamos al cerro para recoger lo del Nacimiento y para el Niño Dios”. Hoy reside en Zacatecas, pero recibió su enseñanza y el de los viejos cardencheros como herencia.

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Esta reportera tuvo la oportunidad de conocer al fallecido intérprete y hablar con él en el otoño de 2006, antes de que suspendiera sus presentaciones musicales. Contó, entre sus anécdotas, que cierta vez su sobrino descubrió en El equilibrio, disco debut de la banda Jaguares de 1996, una canción homónima con su voz de fondo, la de Eduardo Elizalde y Juan García entonando “Al pie de un árbol”. Ante su desconcierto se preguntaba cómo fue que aquella pista llegó ahí, pero a decir del sitio oficial de internet de Saúl Hernández, el crédito y agradecimiento se otorga al Departamento de Culturas Populares. Así como él, otros músicos se han interesado en interpretar cardenche o cantar con ellos como Lila Downs, Los Caballeros del Plan G, el estadounidense Todd Clouser de la banda A Love Electric, y Juan Pablo Villa, quien instruye y promueve su Coro Acardenchado en la Ciudad de México junto con Juan Manuel Torreblanca, Tareke Ortíz y Leonardo Soqui.

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Son casi las siete de la tarde. Se acerca la hora del último autobús de Sapioriz a Torreón. Los cardencheros, los mismos cuyo periplo parisino los dejó marcados de por vida, los que de la labor del campo saltaron a la fama artística a una edad veterana, de salud frágil pero determinante, acompañan a la reportera a esperarlo no sin antes comer un vaso de granada y tuna de un vendedor ambulante.

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El silencio continúa pululando, pero mientras sus voces se mantengan, iluminarán el desierto.

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FOTO:  Los cardencheros de Sapioriz está integrado por Antonio Valles, Fidel Elizalde y Guadalupe Salazar./ Tomada de la página de Facebook de Los Cardencheros de Sapioriz.

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