¿Cuándo estaremos listos?

Ago 17 • Conexiones • 1738 Views • No hay comentarios en ¿Cuándo estaremos listos?

POR FRANCISCO JAVIER MESA RÍOS

 

El tema de la legalización de la mariguana requiere de una serie de esfuerzos críticos por parte de los distintos actores sociales que permitan como objetivo final tomar una decisión. Pero —cabe aclarar— no será una decisión simple y llana, como un sí o un no. Será una decisión con una serie de vertientes complejas: ¿por qué?, ¿para qué?, ¿bajo qué condiciones?, ¿en qué términos? Y más aún: es una decisión que requerirá un soporte operativo, logístico, con una visión clara hacia el futuro, y con las condiciones planteadas a partir del momento en que se tome, con el fin de verificar su viabilidad, evaluar sus resultados y sostener, contener y tratar a ese grupo de población (actualmente considerado el 10% de los usuarios de cannabis) que requiera atenciones médicas, psicológicas y sociales, secundarias al desarrollo de una dependencia a la sustancia.

 

Asimismo, se requerirá modificar una serie de construcciones sociales y culturales amplias, como ir revalorando la manera en la que entendemos a la mariguana y sus usuarios. Dejar de conceptualizarla como una “droga” desde la postura del juicio de valor o un vicio, y definirla como una sustancia de origen natural con efectos generadores de bienestar físico y psicológico, y cuyo abuso tiene riesgos potenciales. Alrededor de ella se construirían paulatinamente medidas sociales de consumo (restricciones de lugares, comercialización, impuestos, publicidad) y los adultos conscientemente decidirían si la utilizan o no.

 

Hace no más de un es, se publicó en un diario de circulación nacional una entrevista que me realizaron y en la que explicaba los posibles riesgos para la salud qye hay en la dependencia a mariguana. A pesar de que el artículo, al menos desde mi perspectiva, giraba exclusivamente en torno al tema médico, generó una serie de reacciones entre los lectores. Quizás por el periódico, quizás por el público objetivo, pero eran comentarios y observaciones al artículo, como si yo estuviera decidiendo una postura o emitiendo un juicio de valor generalizable al resto de mis congéneres.

 

Señalo esto porque considero que ese es nuestro gran reto social actualmente: dejar de pensar en este tema como una decisión alrededor de lo bueno o malo, del vicio en términos moralistas (si acaso, quizás rememorando a Aristóteles, con aquella virtud localizada en el punto medio entre dos extremos). Y más bien comenzarlo a pensar como una decisión consciente que nos coloque frente a la posición reflexiva, pensante y crítica de generar mejores opciones de vida, con la que los mexicanos hagan uso de su ciudadanía en cada acto de vida.

 

He oído algunas aseveraciones, como: “No estamos preparados para tales decisiones. No estamos listos socialmente, ni tenemos la infraestructura necesaria para tales objetivos. La gente aún no puede lidiar con la decisión de consumir o no consumir mariguana. El país no tiene los elementos necesarios para resolver esta decisión ahora. Los mexicanos no podemos con una decisión de tal magnitud”. ¿En serio?, yo me pregunto… ¿alguna vez estaremos listos cien por ciento para tomar dicha decisión? ¿En qué momento podríamos considerarnos completamente seguros de que estemos tomando la decisión más adecuada?

 

Si a finales del siglo XIX una de estas grandes empresas mitad marketing mitad visión política hubiera construido una encuesta para los mexicanos (y mexicanas), preguntando: “¿Es conveniente que las mujeres estudien en la Universidad? ¿Será prudente que las féminas se acerquen al conocimiento universal y cursen una carrera en la Nacional? ¿Será necesario (si, así preguntarían: necesario) que las féminas dejen la casa y se acerquen a las artes y ciencias liberales?” Seguramente la población, cuando menos la mayoría habría respondido: “No”. E incluso creo que dentro de esos respondedores con negativa habría habido muchas mujeres. Y cuando les preguntemos fantasiosamente: “¿Por qué no?”, habría muchas razones atribuidas: “La familia se destruiría, la mujer debe permanecer en la casa, son carreras de hombres”, hasta insensateces como: “La mujer no se hizo para la Academia”. Y seguramente todas aquellas mujeres que contra viento y marea pudieron abrirse paso para ingresar en los colegios superiores, que tuvieron que disfrazar su feminidad entre ropas masculinas, cabellos cortos y actitudes serias, fueron señaladas, criticadas y sancionadas socialmente, explicita o tácitamente. Matilde Montoya, Columba Rivera, Guadalupe Sánchez, Soledad Régules, María Asunción Sandoval de Zarco y Dolores Rubio Ávila, esas pioneras en la Academia, realizaron el esfuerzo personal de ir en contra del contexto social y cumplir su visión personal. Si nos hubieran preguntado en ese momento: “¿estamos listos para tomar esa decisión? ¿El país tiene las condiciones necesarias para aceptar y asumir dicho proceso?” La respuesta sin duda habría sido: “No”. Y tomamos la decisión, a pesar de los contras, a pesar de los miedos, a pesar de los sinsabores. Y, bueno: sobra hablar de las ventajas del resultado.

 

En 1919, la enmienda XVIII de la Constitución de los Estados Unidos de Norteamérica, mejor conocida como Ley Volstead, sustentada por el presidente Woodrow Wilson, regulaba que “ninguna persona debía manufacturar, vender, servir, transportar, importar, exportar, repartir, o promover, cualquier licor tóxico (definiendo estos licores como aquellos que tuvieran más del 0.5% de alcohol por unidad volumétrica)”. Conocemos un poco acerca de la historia: los efectos fueron inesperados, las bandas criminales se apropiaron del negocio ilegitimo, y lucharon unas con otras intentando controlar el mercado, incluso llegando a realizar asesinatos en masa. Al Capone y Tom Dennison cimbraban Chicago, y así a lo largo de toda la unión americana había mafiosos, capos y traficantes de distintas magnitudes. En 1933, el legislativo federal abolió la ley, y restauró el control del alcohol por los estados.

 

Las bebidas alcohólicas son sustancias peligrosas para la salud física y mental de los individuos. El etanol es una potente droga psicoactiva cuyos efectos se presentan en diversas magnitudes, que básicamente dependen del tamaño de la dosis ingerida, la cronicidad de su uso y las características individuales del usuario, es decir, de su vulnerabilidad biológica. Los efectos hepáticos, pancreáticos, digestivos, intestinales, cerebrales, cardiovasculares, renales, hematológicos, cognitivos, emocionales y sociales del alcohol son tantos, que necesitaríamos una serie de revisiones completas para cada uno de ellos. Seguramente en 1933, ninguna nación estaba lista para lidiar con todas las complicaciones secundarias a la utilización del alcohol, a corto, mediano y largo plazo. Y la pregunta conveniente sería: “Y ahora, en el 2013, 80 años después, ¿estamos listos?”.

 

¡Por supuesto que no! Sin duda, estamos mejor preparados, tenemos estrategias más amplias, mejor sustentadas, con una visión estratégica genuina y realista, generamos acciones que inciden más profundamente en los efectos del alcohol, educamos mejor a la población, promovemos la salud en términos del consumo del alcohol y sus riesgos, evitamos campañas publicitarias, señalamos sus peligros potenciales. Pero, hasta el momento, cuando menos en México, no podemos afirmar que tengamos todo lo necesario y todo lo suficiente, para hacer frente a la decisión unipersonal de quienes consumen alcohol. Y quizás convendría reflexionar: ¿y si lo volvemos a criminalizar? Regresaríamos a esos tiempos en donde el padre que todo lo ve y todo controla, decide qué es mejor para sus hijos. El doctor Freud, Erich Fromm, Erickson, Santiago Ramírez, y todos aquellos que nos han descrito y narrado pensarían que estamos en etapas regresivas.

 

Concluyo con el pensamiento de que no estamos listos, ni estaremos listos pronto para tomar la decisión de la legalización de la mariguana. Seguramente será un proceso largo y que requerirá visiones y narrativas desde distintos niveles. Pero, si nos esperamos hasta estar cien por ciento listos, probablemente nunca lo estemos. Eso sí, mientras más clara tengamos nuestra visión estratégica y una planificación clara, socialmente podremos hacer frente a cualquier resultado.

 

 

Psiquiatra del Hospital Psiquiátrico Fray Bernardino Álvarez, de la ciudad de México

 

*Fotografía: Se llevo acabo en el Parque México, el CannaFest de Invierno 2011, festival de la marihuana, donde centenares de jóvenes acudieron a escuchar música y comprar productos derivados del cannabis/Archivo/EL UNIVERSAL.

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