Jazz = XY

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Un texto entusiasta sobre este género musical, escrito por el poeta en las páginas de El Universal Ilustrado, el 3 de julio de 1924

 

POR MANUEL MAPLES ARCE

A Carlos Noriega Hope

 

En esta igualación expositiva del enunciado poemático neo-musical —Jazz— X Y, etc., X Y, sólo representa una proposición constructiva: teoría del sonido (vibración regular de los cuerpos en su posición de equilibrio) como en álgebra cantidades-hipótesis; en plástica, volúmenes, calidades y dimensiones; en poesía, imágenes directas, indirectas, multánimes, etc., más una raíz cúbica (expresión neo-plasticista) de los ritmos sincrónicos sincopados en sus descomposiciones tonales. La técnica del poema musical, así, reducida a expresión ecuativa, tiene los caracteres de abstracción, universalidad y comprobación, fundamentales a todo sistema.

 

Futursimo y estridentismo

 

No hace mucho tiempo, en Milán, capital del movimiento futurista, Luigi Russolo, lanzó una nueva teoría de la música, en la que fundamentalmente expone: “Se puede por medio de los ruidos ejecutar las melodías diatónicas y cromáticas en todos los tonos posibles de la gama y en todos los ritmos”. ¿Pero es que los “ruidos” sujetos a la aritmética de las valoraciones tonales, no son un sonido en la realidad? Esto que para Russolo es un “ruido”, para mí es expresión musical. La diferencia entre el ruido y el sonido, consiste en la estabilidad o inestabilidad de las vibraciones (de 16 a 48, 000 percentiles), producidas por los cuerpos sonoros. La crítica certera de Henry Bidou ha confirmado después mi juicio inicial. M. Bidou cree que el aporte hecho por el líder futurista se refiere, únicamente, a la invención de los timbres nuevos, producidos por la variabilidad de los instrumentos orquestales.

 

En el jazz, la sugerencia de ruido para los oídos educados en el simplicismo de las expresiones musicales melódicas y armónicas, depende de la realidad auditiva producida por la sincopación y fusión de los ritmos (elemento estridentista) en su dimensión enunciativa (duración), creando para ellos un desequilibrio ideológico, desconocido para nosotros, equilibrados dentro de una nueva naturaleza, en donde a veces, los sentidos, delimitándose y superponiéndose, por momentos parciales, movimiento que ha llegado a constituir una función orgánica normal, y llegan a crear así, una supra-sensibilidad cambiante, diversa y originalísima.

 

La realidad nueva

 

La civilización occidental en su vigoroso esfuerzo constructivo y superatriz, ha ido rectificando a la naturaleza, a veces, corrigiéndola, y quizá, a veces, también, superándola. No crea en realidad, pero sí organiza y construye aprovechando sus elementos naturales. Acumula intereses y multiplica los tantos por ciento. Los caminos de hierro y los grandes trusts internacionales. Aparato respiratorio, chimeneas. Oímos un concierto en Singapore, y después la catástrofe antípoda que se desploma en el acoplador mecánico. Es una realidad la trasmisión de la fotografía a distancia. Y finalmente, ha desacreditado el analitismo racionalista, exposición doctrinal, hasta la primera mitad del siglo XIX. Pero después, la humanidad, tiene que sufrir, como una consecuencia integral de las leyes bio-sociales, la imposición evidente del medio transformado por ella, en el decurso de los últimos tiempos, creándose a sí misma una sensibilidad novísima. El hombre, vuelve a ser primitivo, original y sincrónico.

 

Música negra

 

Ese nuevo estado de espíritu, a la importación continental de la música negra, hecha primero de las Antillas y posesiones franco-inglesas de Sudán ya degenerada, y, después, de algunas tribus caníbales de sud-África, de donde tomó el jazz norteamericano sus primordiales elementos técnicos y estructuralización polirrítmica dinámica, encontró una identidad espiritual y una ideología favorable en su provenirismo.

 

El sentimiento más definido e intensamente vital, entre los pueblos primitivos, es seguramente el religioso, primero, y después el estético (la música y la danza) manifestación deductiva de aquél y cuyo sentido místico fue desvirtuándose más tarde por las costumbres profanas.

 

La raza negra, que por espacio de muchos siglos ha estado sumida en la esclavitud, o expuesta a los rigores de la naturaleza, nos ha dado esta música profundamente humana y casi subterránea. Sólo un sentimiento apasionado y una técnica —tan honda— del dolor, podrían haber realizado este milagro palpitante.

 

Teoría

 

La estructuralización mecánica de las grandes ciudades modernas, en su expresión auditiva (el ruido de los motores, el silbato de las sirenas, la trepidación de las máquinas y todas las manifestaciones fonéticas Brrs ttrns!!! Trff tRRReSSNNN bbbRRr Ruuuuu!! de los automóviles trasatlánticos, aeroplanos, etc., considerados como elementos arquitecturales del jazz, poema neo-musical, debe sólo recordarse en su valor sugerido, y no real, pues esto, que llama Paul Mondrian, en sustitución a lo pintoresco, lo más o menos matemático, no es otra cosa sino lo mismo pintoresco de la realidad nueva: pero no por eso menos evidente que la anterior. Hacer arte de lo pintoresco es hacer arte superficial. Todo debe ser superación. La música no expresa esa realidad exterior, ni siquiera la interpreta: se sirve de esa noción física para construir también su realidad propia en el desarrollo temático del poema. La música negra, éxito vital y estridentista, tiene el secreto de una ideología animal, violenta y subversiva. Los burgueses se sublevan, pero a pesar de todo, viven el ritmo de su animalismo mecánico.

 

Manifiesto

 

Hoy asistimos a la pista de lo sensacional toda sonora y cambiante de emoción. Súbito, el auditorio se ha puesto lívido de estupor: una estrella equilibrista cayó desde el trapecio entre la maquinaria de la noche. Todos exclamamos: ¡Ah! Después todo se acerca y se distancia. El navío levó anclas. El Atlántico la ha dio dejando en cada puerto. Sus abrazos blancos, como en el poema de a Max-Jacob, habían llegado a ser todo nuestro horizonte. Trombones caníbales aullarán a su presencia, siempre sorpresa, hoy en Haití, mañana, en Nueva York. Entonces, ¿para qué una gran frase romántica?

 

 

 

FOTO: Imagen que acompañó el artículo de Manuel Maples Arce titulado Jazz = XY. Crédito de imagen: El Universal Ilustrado.

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