El arte de trovar y de trotar en las ficciones

Jun 17 • destacamos, Lecturas, Miradas, principales • 1484 Views • No hay comentarios en El arte de trovar y de trotar en las ficciones

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Las piezas del ajedrez toman vida en este poemario, ganador del Premio de Poesía Aguascalientes 2017, en el que aborda la materialidad y la condición perecedera del ser humano

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POR LEONARDO IVÁN MARTÍNEZ

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La muerte llega igual para quien duerme a la intemperie/ que para aquel que goza de casa y blando lecho”. Y es que la vida es una azarosa partida de ajedrez en donde a veces la inteligencia no es suficiente. El golpe de suerte es una sentencia también de muerte, una resolución dictada por los dioses que atentos nos observan a una altura que supera las almenas y atalayas que dispone un simple tablero de ajedrez.

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La carnalidad de una pieza de madera, entonces se confunde con la sangre derramada en la batalla, con el aserrín del hacedor de piececillas de caoba o mármol:

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Será posible entonces

Sentir el picotazo del pájaro en la rama,

los dientes del serrucho

hincándose en los huesos.

En el arte sutil del ebanista

Aprender la desnudez del semejante.

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Fábulas e historias de estrategas es el libro ganador del Premio Aguascalientes de Poesía 2017. Renato Tinajero, su autor, es consciente de la materialidad, de lo perecedero del ser humano. Se trata de un libro de poesía que se sitúa desde distintos planos de lo material. El punto de partida es el tablero de ajedrez y sus múltiples dimensiones. El peón se transforma y deja de ser la piececilla inerte en la cuadrícula, se convierte en un hombre que “con armas y blasones se opone al enemigo”. Dialogan las piezas entre sí, se aconsejan en un discurso de bravura, a veces en soliloquio cuasi caballeresco que nos recuerdan mucho de aquel proverbio italiano Si non è vero, é ben trovato. En este leitmotiv se mueve el poemario de Tinajero. La fragilidad de cada pieza, que con un manotazo del jugador puede reducirse a astillas, se convierte en una fábula, en una ficción de hechura y ritmo propias de un oficio de larga data. No es difícil adivinar en la poesía de este autor la presencia en sus lecturas del queretano Francisco Cervantes, quien desde la poesía de tradición lusitana dejó relucir los filos, los aceros de caballeros y de siluetas cortesanas. Sin embargo, la poesía de Tinajero se torna más abierta al devenir y al azar, por no decir que a lo oculto en los vericuetos del destino que tal vez un dios detrás del tablero manipule.

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Cuando Jorge Luis Borges describió al peón ladino que libra “su batalla armada”, el juego se quedó en una apertura de lo material, en una potencial descripción de movimientos. El libro de Tinajero sitúa el poema desde su Apertura Giuoco Piano como un ejercicio de equilibrio y rumbo claro en pleno movimiento y transformación ante los devenires, de las decisiones de la afrenta que representa la vida o un tablero de ajedrez:

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En la fábula del tiempo y de las cosas

algo significa esa balanza con sus dos platos inmóviles,

algo la tonta brújula con su afición al norte,

y un párrafo se incluye sobre átomos y rostros, catástrofes minúsculas

que ojo no ve ni oído escucha

por más que se fatiguen microscopios y bocinas.

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Sin embargo, esa pieza frágil y primera en la línea de ataque va cediendo su voz a otros personajes. El caballo abre sendero a un bestiario, a la voz hípica que aconseja a sus semejantes para el buen destino de los deseos del amo: “A dos saltos debes mantenerte de las líneas enemigas. A un salto, no, que no es prudente. A tres saltos tampoco, pues ganarás azotes. Aprende esta verdad: antes perdona el amo un trote lento que la falta de un simulado brío, de una bravura peor fingida que la suya”.

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Las figuras humanas aparecen flanqueando a los monarcas: el alfil y el bufón. “El hecho consumado: la grave maquinaria se pone en movimiento”, dice el poeta. Y sucede: la silueta del cortesano se mueve a veces con oficio gracioso, a veces viperino; se pone a la misma altura de buitres, de enanos y le habla al oído al poseedor del trono. Aparece el manto tenue de la intriga, la risa de las hienas desde la sombra, en donde sólo alumbra el puñal de la traición y la venganza. En algún momento del poemario aparecen necesariamente los nombres de Otelo y Hamlet. El tablero de ajedrez como álbum de la zoología enigmática que es el espíritu del hombre.

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En este libro de Renato Tinajero hay una premeditada concurrencia de la fantasía y la geométrica razón de la matemática, una poética con cuatro ángulos, cuatro puntos cardinales que se multiplican en la figura erguida de las torres y atalayas: “En lo alto de la torre, Arquímedes prepara el betún de las antorchas y calcula las distancias, los esfuerzos”. Tenemos pues una fábula, una estrategia de afiladas lanzas convertidas en introspección de la grandeza y la miseria humana.

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El jaque sucede en unos cuantos golpes. El rey negro se repliega después de un ataque a la monarca enemiga. Así el juego de Fábulas e historias de estrategas, un partido bien orquestado en la calculada, previsora y sobre todo paciente mirada del poeta. Se trata de un libro que se dejó madurar y reescribir durante todo un lustro, un poemario que tiene su recompensa por no sucumbir al apremio, de no pasar las líneas enemigas prematuramente, de no desbocarse. Un poemario que inteligentemente camina por un sendero trazado por la mano de un dios, de un poeta que la trama empieza, de polvo y tiempo y sueño y agonía.

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FOTO: Fábulas e historias de estrategas, FCE-INBA, 2017, 92 pp.

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