El barrio y los señores de Gonçalo M. Tavares: autobiografías apócrifas

Jun 22 • Lecturas, Miradas • 3442 Views • No hay comentarios en El barrio y los señores de Gonçalo M. Tavares: autobiografías apócrifas

POR HÉCTOR IVÁN GONZÁLEZ

 

En un momento en que el plagio se volvió para algunos escritores una falta menor, Gonçalo M. Tavares (Luanda, Angola, 1970) publica un libro donde la dinámica radica en invertir el sentido del plagio y adjudicar algunos pensamientos, actividades, tics u obsesiones a un grupo de escritores que forman su panteón. A la manera de unas autobiografías apócrifas, el joven escritor lusoparlante ha captado la esencia de 10 autores centrales y algunos adláteres.

 

Inicialmente publicados de forma paralela, Elbarrio y los señores (Almadía, 2012) forma una ciudadela invisible cuyo lugar de arraigamiento es la imaginación, pues si como dijo Félix de Azúa “toda relación estética precisa de un lugar, pues nunca se da en el vacío de la pura conciencia”, Tavares crea una utopía literaria donde estos espectros habiten lúdicamente.

 

Los Señores: Breton, Valéry, Calvino, Krauss, y también Borges, Juarroz, et al son las figuras que merodean este espacio a la manera de un croquis (tal como lo han hecho en plumas como las de Augusto Monterroso (1921-2003) o José de la Colina (1934) personajes que nos han involucrado en esta literatura) que, a guisa de un espejo retrovisor, refleja a los artífices de la literatura; o a la manera de una obra de fan fiction (ahí donde el lector se apropia de los autores predilectos y personajes de sus obras para acrecentar la órbita) donde se trasladan algunas esencias poéticas, paradójicas o excéntricas.

 

¿Quién mejor que el lector que es Tavares que domina los libros, los párrafos o los versos de estos autores para dimensionarlos? Por eso se puede arrogar el derecho de dar una declaración a modo de persona interpósita o, simplemente, de un voyeur que observa a los escritores en su intimidad: “Tener vida propia no era –para el señor Calvino– apenas pasar por experiencias atribuladas en el juego de los acercamientos y alejamientos humanos; para él, quien no tiene pensamientos propios no tenía vida propia” o: “Era posible pasar un día entero diciendo mentiras, pero imposible pasarlo diciendo la verdad.

 

Todas las relaciones personales, sociales entre naciones se desmoronarían”. En otros momentos nos regala la contemplación de un ser infatigable como el Señor Walser: “Walser se había prometido a sí mismo tener siempre el diario del día que de mañana traería de allá abajo con la avidez física de los que en un balde traen a la casa agua del pozo”.

 

Asimismo es interesante la forma en que se ve en esta reunión de Los Señores -acierto de Almadía- que estaban dispersos y que al reunirlos se puede paladear un –por no tener un término más común– canon que transita de Valéry y Breton –dos autores que no son tan visitados actualmente– y otros como Walser o Krauss –quienes están en la punta de la lengua en las tertulias literarias de los lectores avezados. Con lo cual tenemos una transición atractiva de este canon en el que Gonçalo M. Tavares deja ver sus interés y antecedentes literarios.

 

Es probable que para quienes hemos disfrutado de esa obra perdurable como Historias falsas (2008) y la paradigmática Jerusalén (2009), El barrio y los señores será un acontecimiento, y para los que aún no los conozcan este libro será una puerta grande para llegar a un autor en plenos poderes poético y narrativo.

 

*FOTOGRAFÍA: Portada del libro El barrio y los señores/ESPECIAL.

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