El regreso de El Tigre

Nov 16 • Conexiones, destacamos, principales • 2177 Views • No hay comentarios en El regreso de El Tigre

POR GERARDO ANTONIO MARTÍNEZ

 

La memoria de los camaradas puede ser falible, incluso traicionera; la pareja puede olvidar su amor en ese juego de la lejanía, pero un hijo nunca olvida. El hijo de Evelio Vadillo es hoy un meteorólogo retirado de la Fuerza Aérea Mexicana, exportador de mango en los años ochenta y noventa, ex contratista del gobierno mexicano y ex dirigente de la organización El Barzón en Mazatlán.

 

A 55 años de la muerte de Evelio Vadillo, el mexicano preso 20 años en la Rusia comunista (Confabulario, número 9), su hijo Evelio Vadillo Gutiérrez detalla los más de dos años que compartieron desde el retorno de su padre hasta semanas previas a su deceso intempestivo en la ciudad de México el 8 de abril de 1958.

 

“Mi padre fue víctima de una traición en la que participaron dirigentes comunistas en México y la policía política de la URSS”, acusa. El señalamiento recae en Lavrenti Beria, hombre fuerte de la represión estalinista en 1936, y que sería ejecutado en la Navidad de 1953, tras la muerte de Stalin.

 

Con su testimonio, esta historia no sólo se resume a los tirones entre la Embajada de México en Moscú y el gobierno soviético. También existe el perfil de un hombre que añoró conocer a su hijo. De su padre heredó Evelio hijo no sólo el nombre, sino los ojos azules y el fenotipo rubio, ahora acumulado de años y cabello blanco. “Evidentemente los 20 años en Rusia lo deterioraron en lo físico. Cuando regresó, su amigo Adolfo Zamora lo ayudó a entender la realidad de un país que había cambiado en ese tiempo. Sin embargo, mantenía la misma entereza intelectual que antes de su viaje”.

 

El Cuyo, como lo conocen sus amigos desde la infancia, sentencia: “El error de mi padre en esa escuela marxista leninista fue decirle a sus compañeros que a su regreso dijeran la verdad de lo que sucedía en la URSS. Eso le ganó la enemistad de los dirigentes comunistas de aquí y de allá”.

 

La conexión nicaragüense y la autobiografía extraviada

 

El 7 de junio de 1947, Evelio Vadillo Martínez tocó las puertas de la Embajada mexicana en Moscú para solicitar asilo. Los 11 años anteriores, en los que había pasado por al menos cuatro cárceles y una aldea de Kazajistán, había vivido una condena injusta. Al recibirlo, los empleados consulares solicitaron referencias para corroborar la autenticidad de su palabra.

 

El embajador Luciano Joublanc solicitó a las autoridades mexicanas la localización de familiares y amigos. El cruce de cables internos entre las dependencias involucradas recayó finalmente en la oficina de la Presidencia, a cargo de Rogerio de la Selva, mano derecha del presidente Miguel Alemán. Entre la lista de nombres apareció uno que llamó la atención de De la Selva: Adolfo Zamora. De inmediato se comunicó con el abogado, con quien mantenía una cercanía personal y política. Ambos eran exiliados nicaragüenses desde hacía dos décadas.

 

Zamora confirmó la identidad de Vadillo. Del otro lado del mundo, la Embajada de México en Moscú se aprestó a asilar al mexicano, a quien la familia comenzaba a dar por muerto.

 

En este mismo periodo de siete meses Vadillo entregó su autobiografía al entonces coronel Manuel Robledo Rojas, agregado militar de la Embajada, con la intención de que, si él mismo no podía regresar para dar su testimonio personalmente, Robledo la publicara.

 

El militar regiomontano regresó a México en enero de 1948. Evelio Antonio Vadillo exhibe una carta del coronel Robledo dirigida a su padre y en la que asegura que la autobiografía se extravió en sus constantes mudanzas.

 

Un Tigre abraza a un Cuyo

 

A la una de la tarde del 17 de octubre de 1955, cuando salía de su turno en la torre de control del aeropuerto de Mazatlán, Vadillo Gutiérrez recibió una llamada de la ciudad de México:

 

—Evelio, ¿estás sentado? —le preguntaron del otro lado de la línea.

—Sí, mano. ¿Por qué?

—Pues si no estás sentado, siéntate porque te tengo una noticia.

—¿Para qué tanto misterio? Suéltala ya.

—Tu padre regresó de Rusia.

 

 

En pocos minutos El Cuyo escuchó un resumen de los encabezados de los periódicos. Evelio Vadillo había vuelto dos días atrás luego de un largo cautiverio. Cuatro horas después el joven meteorólogo había pedido los permisos a sus superiores. Tomó algunas pertenencias en el cuartel ubicado a unas cuadras de la Plaza Machado del casco viejo de Mazatlán y abordó el primer autobús a la ciudad de México.

 

Un día después, aún con uniforme y gorra de oficial, llegó al departamento de su tía María, en la calle Martí de Tacubaya, donde su padre fue recibido mientras ordenaba pendientes como encontrar un empleo, matricularse de nuevo en la universidad y se ponía al día con la historia reciente del país y los amigos.

 

El Cuyo esperó a su padre toda la tarde, en compañía de algunos familiares que poco a poco se fueron marchando hasta dejarlo solo en la sala. Cerca de las diez de la noche alguien abrió la puerta de entrada. Evelio Vadillo Martínez vio a un joven de 22 años sentado en el sillón. Éste se puso de pie. El antiguo prófugo lo observó unos segundos con extrañeza. Entonces su hermana María apareció y le preguntó: “Evelio, ¿no lo conoces?” El hombre negó con la cabeza mientras aguzaba reconocer algún rasgo en ese desconocido que no menos asombrado que él lo observaba fijamente. “Es tu hijo. Es El Cuyo”.

 

Padre e hijo se veían por primera vez en 20 años. El hijo que había dejado con sólo año y medio de edad lo abrazó. Evelio Vadillo le correspondió. La charla duró hasta las tres de la mañana y continuó los días subsecuentes hasta que el joven meteorólogo regresó a su trabajo.

 

Todo acabó en el Café Cosmos

 

8 de abril de 1958. Niño Perdido (hoy Eje Central) es una avenida sin glamour. En un café aledaño al Cinelandia, Evelio Vadillo Martínez, empleado del Seguro Social de 53 años, sintió un mareo.

 

Primero se mantuvo en silencio, se refrescó la cara en el baño. Pidió un Alka Seltzer. Volvió a la mesa. Alguien habrá preguntado: “¿Te sientes bien?”. Dijo que no. Ese alguien se puso de pie. Evelio Vadillo, el mismo que conmocionó a la sociedad mexicana por su largo cautiverio en Rusia, murió en el interior del café Cosmos.

 

Los restos del dirigente comunista descansan en el Panteón Jardín de la ciudad de México.

 

 

FOTO: Evelio Vadillo Gutiérrez sostiene una fotografía de su padre en su casa de Mazatlán, Sinaloa

 

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