El universo visual de un periódico centenario

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100 años de fotografía en EL UNIVERSAL es un amplio rescate del trabajo de destacados fotorreporteros y de grandes maestros de la lente que han pasado por este periódico

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POR REBECA MONROY NASR

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Visionario político, ingeniero de profesión, periodista por convicción, Félix Fulgencio Palavicini inauguró el 1º de octubre de 1916 El Gran Diario de México como una forma de apoyo a los postulados de la Revolución Mexicana, justo al iniciarse los trabajos del Congreso Constituyente, del cual el mismo ingeniero Palavicini formaba parte. En aquel momento supo que ponía en la palestra nacional un periódico de grandes alcances, aunque seguramente no pudo imaginar cómo sería este país y su diario, a cien años de distancia.

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100 años de fotografía en EL UNIVERSAL es el recuento que hacen el experimentado historiador y crítico del arte José Antonio Rodríguez, junto con dos destacados alumnos e investigadores que han trabajado desde diferentes trincheras la fotografía del siglo XIX y del XX. Brenda Ledesma y Arturo Ávila Cano lo acompañaron en este análisis profundo, profuso y muy complejo, que nos hacen llegar de manera amena y muy atractiva, para develar la historia gráfica no sólo de EL UNIVERSAL, sino de El Universal Ilustrado y también de El Universal Gráfico. Miles de páginas, autores y fotógrafos fueron revisados, seleccionados y analizados con el cuidado que merece el rescate de un “universo visual”, como lo llama el propio José Antonio Rodríguez, de esta síntesis secular.

“Dos cabezas”, de Edward Weston, publicada el 10 de julio de 1924 en El Universal Ilustrado. /Archivo EL UNIVERSAL

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A partir de siete capítulos, los investigadores van trabajando las imágenes producidas en siglo XX y XXI, y de las amarillentas orillas de los diarios y revistas rescatan sustancialmente a diversos fotógrafos para recolocar los géneros, estilos y formas de producción plástica-periodística, y con ello van revelado las formas en que se desarrolló la fotografía de prensa frente a otros medios de producción visual. Porque el periodismo dotó a las artes plásticas, a las artes gráficas, entre otras, de innovaciones visuales que se impregnaron en las páginas de los diarios y revistas en las formas de hacer y trabajar la visualidad a lo largo del siglo XX y gracias a este profuso libro podemos observar cómo se dio esa “era de los contagios”. Importante para comprender la formación visual de los fotógrafos, editores, pero aún más de los lectores de aquellas páginas de EL UNIVERSAL y sus productos hebdomadarios.

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En los diferentes textos, cada uno de los autores rescata a diversos fotógrafos, desde aquellos que no pudieron trascender en fama, como el gran paisajista Rafael García, conocido como el “Pequeño Raflex”; o bien, dan cuenta de aquellos fotorreporteros muy dotados que murieron jóvenes como Carlos Muñana, de quien hacen referencia tanto Daniel Escorza como Luciano Ramírez Hurtado, pero del cual es necesario un rescate más profundo de su obra. Los autores muestran también las tesituras estéticas de Edward Weston y Tina Modotti, quienes propiciaron la comprensión de la fotografía con un lenguaje propio. También nos muestran a una Modotti en su parte más militante y fotodocumentalista. Aparecen también los pictorialistas como: Librado García “Smarth”, Gustavo F. Silva, Martín Ortiz, Juan Ocón, la entrañable María Santibáñez, en donde la presencia de las texturas, del flóu, de la geometrización y de las sombras agudas permiten reconocer a una generación con propuestas sobresalientes, como lo ha analizado en su momento Carlos Córdova. Los investigadores tampoco se olvidan de los hermanos Lupercio, ni de Hugo Brehme y Luis Márquez, a quienes nos muestran con sus imbricados tintes mexicanistas, cada uno a su estilo y forma de representación, sin lugar a dudas. Ellos son quienes a mi parecer también abren el camino hacia lo que Sergei Einsenstein y Eduard Tissé reflejaron de ese México profundo, con una inacabada película con grandes problemas entre la dirección y la producción, que no concretó el sueño del director soviético. También está presente Rafael Carrillo Jr., quien imprimiera su gusto por desnudos sugerentes en las páginas de El Universal Ilustrado, aunque fuera uno de los más destacados fotodocumentalistas de la época. Aparecen también aquellos fotógrafos de la vida cotidiana como Manuel “El Chato” Montes de Oca, quien prefiere encontrarse entre las riñas, los golpes, los desencuentros de las más controvertidas facciones en los años 30, dura lucha que heredaría Jesús Fonseca, fotógrafo aún vivo, quién mostró los cambios visuales en los tiempos endurecidos entre el Estado y los estudiantes en el movimiento de 1968. La suya fue una noble cámara que documentó hasta el fondo de esos sucesos, junto al “Mariachito”, fotógrafo de la Secretaría de Gobernación.

1968. Un estudiante que subió al campanario de Catedral Metropolitana trata de repicar la campana. Foto: Jesús Fonseca.


1968. Un estudiante que subió al campanario de Catedral Metropolitana trata de repicar la campana. Foto: Jesús Fonseca.

Un estudiante trata de repicar la campana de la Catedral Metropolitana durante una manifestación del movimiento estudiantil de 1968/FOTO: Jesús Fonseca/Archivo EL UNIVERSAL

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Es ahí cuando probablemente se notan más los cambios que se desarrollarían más tarde, la fotografía de fin de siglo y principios del XXI, de lo analógico a lo digital, del blanco y negro al color. Abordada de manera más acotada por los autores, es “Una historia por contarse”, que merecería un tomo especial, porque material hay de sobra: histórico, estético y documental.

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100 años de fotografía en EL UNIVERSAL es una historia de la mirada congelada en las páginas de este maravilloso y elegante libro. De gran talla, narra historias visuales, eventos icónicos, fotógrafos no anunciados en otras historias convencionales de la fotografía mexicana. Es una gran muestra de lo que nos falta por hacer, pero también de lo que hemos realizado. Ahora más que nunca entre lo veraz y lo verosímil, la ficción y la realidad, los fotógrafos de prensa de entresiglos al XXI nos muestran su gran valor, su dedicación, su intromisión y su capacidad de superar obstáculos. Ahora se puede enviar una foto en fracciones de segundo a la imprenta, pero los retos son mayores, los peligros también. A estos trabajadores de la lente, que “se la juegan” en el día a día hay que dedicarles este material precioso en su concepción, factura y hechura. Hoy por hoy es peligroso realizar la nota gráfica o el fotorreportaje: desde el Senado con golpes bajos y sinsabores, hasta aquella dolorosa por la violencia expresa sobre el cuerpo de Arturo Beltrán Leyva. También aparecen aquellas fotos de las quemaduras de los niños, hoy adolescentes, de la guardería ABC; de los cuerpos inertes en carreteras, llenas de fascinación por el morbo, el miedo y el dolor inacabable.

“Discrimíname más”, de Jorge Serratos, publicada el 5 de noviembre de 2015./EL UNIVERSAL

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100 años de fotografía en EL UNIVERSAL es un logro de los investigadores por reunir a tradicionales, vanguardistas y posmodernos fotorreporteros, pero sobre todo, por no permitir el olvido. No dejemos que la demencia senil de la historia ataque nuestras fuentes, importante aportación a la fotohistoria, una historia centenaria con decenas de miles de historias por contar, de fotógrafos por revisar, de imágenes por develar del sueño que viven entre las amarillentas páginas del diarismo, del archivo y de lo digital. Hoy este libro abre una ventana a ese mundo de manera inequívocamente singular.

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FOTO:  Rodríguez, José Antonio, Brenda Ledesma y Arturo Ávila Cano, 100 años de fotografía en EL UNIVERSAL, México, EL UNIVERSAL-Secretaría de Cultura, 363 pp.

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