El vacío y la huella

Jul 5 • destacamos, Lecturas, Miradas, principales • 1362 Views • No hay comentarios en El vacío y la huella

 

POR JULIETA GAMBOA

 

Hoy, el último poemario de Juan Gelman (1930- 2014), es el cierre de una propuesta que considera esencial la relación entre poesía y política. En la obra del poeta argentino, launión entre los dos espacios es una constante, determinada por su propia experiencia vital como militante de izquierda y por la desaparición y asesinato de su hijo Marcelo, en el periodo de la dictadura militar de los años setenta en su país. En sus primeras obras, el acercamiento a la poesía política se da a partir del coloquialismo, la exploración retórica de la palabra llana y directa, para ahondar en el sentido social del texto. Después, Gelman desarrolla un lenguaje con un peso mayor en la construcción de imágenes abiertas. No se sigue un esquemacon fines claros o contenidos ideológicos uniformes, limitaciones que muchas veces se atribuyen a la poesíacomprometida, sino que se insiste en una búsqueda de vías formales diversas, reflejada en cada una de sus obras.

 

Para Gelman, es evidente una necesidaddequelohistórico se manifieste en diálogo conlo poético,a partirde la confirmación deunprocesoconflictivoentreloindividualylosocial, revelada en los 297 poemas del libro. El argentino se distingue como un creador consciente de su posición dentro del campo literario, lo que refuerzasuintenciónde denuncia.

 

Las relaciones entre poética y política encuentran en Hoy una manifestación formal menos ligada a la poesía conversacional y más concentrada en imágenes dilatadas, a partir de espacios de tensión entre prosa y poesía. La memoria y la relación ambigua del sujeto con esta es el punto nodal. El yo que enuncia es una superficie de memoria, que interpreta y nombra un momento aciago de la historia latinoamericana, extendido a lo largo de años, desde un grito subjetivo.

 

En este título, Gelman expande la idea que alguna vez expresó acerca de que la poesía debe servir para “terminar con los pactos de silencio vigentes”. Así, Hoy continúa con el intento por reconstruir la memoria perdida de los desaparecidos y torturados desde una zona literaria que prolongue los espacios públicos concretos de denuncia. ¿Cómo la poesía puede enmendar las ausencias? El poeta presenta la tensión entre el recuerdo y el olvido. Nombra la pérdida de su hijo en un pasado suspendido, mientras traza los límites de un tiempo presente, marcado por la injusticia y el duelo.

 

La relación con la memoria se vuelve problemática. Es un sello, un dominio limítrofe y, simultáneamente, una confirmación de la ausencia del otro, manifestada como vacío: la certeza de aquello que no está.

 

El texto nombra su insuficiencia. En uno de los poemas dedicado a su hijo Marcelo se lee la dificultad para reconstruir el pasado:

 

“El poema quiere engañar al tiempo y el sufrimiento lo derrota. Si escuchara lo que huye de la puerta, si la imperfecta luz diera tu libro, si traicionara este dolor, si oyera tu descanso, si el alba tropezara con el árbol que te abrigó una vez, si pudieras volver a casa una noche cualquiera”.

 

La recuperación de la memoria en Hoy no es sólo un movimiento reflexivo, sino un intento por reparar, desde una voz individual, la vida truncada de las víctimas, la imaginación del horror. Se manifiesta entonces la imposibilidad de borrar la memoria del sufrimiento por las pérdidas y, al mismo tiempo, a partir de la conciencia de estas pérdidas, se pronuncia la evidencia de la injuria.

 

El presente, el hoy, es un espacio de incertidumbre determinado por el pasado, en el que se expresa la falta (“La deuda con lo que no fuimos nunca se pagará, anda por ahí con su espejo de medios sellados”). El poeta impugna el tiempo lineal y progresivo y hace evidentes las huellas de la memoria en un ciclo que gira sobre sí mismo. El dolor por la pérdida sigue siendo joven, está presente, en una continuidad amplificada. Así, se manifiestan las tensiones, como en toda expresión literaria comprometida, entre política y discurso, praxis y lenguaje. Las discordancias gramaticales, las invenciones léxicas, los neologismos, densifican el presente de enunciación que expone los rastros de la lucha.

 

Las dedicatorias al pie en muchos de los poemas refuerzan los puentes afectivos con otro: la memoria compartida a partir de un diálogo intelectual y personal, como una delimitación de las redes colectivas.

 

Gelman escribió los textos de Hoy en la ciudad de México, de 2011 a 2014, después de las sentencias a Eduardo Cabanillas, Honorio Martínez Ruiz, Eduardo Alfredo Ruffo y Raúl Guilielminetti, criminales responsables de los asesinatos cometidos en el centro clandestino de detención Automotores Orletti, de quienes fue víctima su hijo Marcelo Ariel. El poeta enmarca un presente que no puede separarse del pasado, pero en el que el pasado se refleja como vacío. El presente ligado a la pérdida, a lo que no pudo decirse, al impedimento de la reconstrucción plena de la memoria:

 

“La memoria sufre accidentes cada vez/barre continuos y pasa de su centro activo a desarticulaciones de las máscaras. Sangra como sangra el mundo y sus certezas caen en cal viva. En el olvido de olvidar no hay descanso, el que murió muere otra vez y golpes lívidos cocean las conjugaciones de la fuga. Saliva fría de la hoguera donde arden los que arrancaron la hoja blanca. En las bondades del engaño se pudren los ciclones. El amor gira y gira en el círculo más ciego, lo único que queda”.

 

 

Juan Gelman, Hoy, Ediciones Era/Dirección de Literatura de la UNAM, México, 2014, 308 pp.

 

*Fotografía: Juan Gelman (1930- 2014), poeta argentino./ Toni Garriga, EFE.

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