La felicidad contra el simulacro

Jun 17 • Escenarios, Miradas • 1127 Views • No hay comentarios en La felicidad contra el simulacro

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La herencia cultural de Oriente pervive en el discurso dancístico contemporáneo, como sucede en Tres silencios del aire, donde las azafatas desvelan sus tragedias por medio del baile flamenco

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POR JUAN HERNÁNDEZ

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En la expresión escénica de Ensamble Al Mosharabia, compañía dirigida por Lila Zellet Elías, se acude a una cita con raíces culturales reconocibles en el zapateado, la contundencia en la ondulación de las manos o del torso y el gesto crispado de los rostros de la danza andaluz, y la sensualidad de las caderas de la danza árabe. Ambas expresiones caminan en líneas paralelas para encontrarse en un punto: el de la actualidad.

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La ocupación musulmana de la Península Ibérica no fue de balde. La presencia árabe ha quedado grabada en la memoria de los cuerpos; esos cuerpos palpitantes, que al iniciar sus danzas liberan una energía descomunal: sensual y seductora que permita a Eros poseer a la bailarina que encanta por un instante que se experimenta eterno.

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No es cosa fácil. Se requiere de un entrenamiento, desde luego, de una técnica. Del mismo modo, en la danza andaluza no se consigue la manifestación plena si no se tiene el “duende”, ese don específico y misterioso, heredado en la sangre por una estirpe, que provoca momentos epifánicos: la revelación de lo sagrado, de manera súbita, en medio de un ritual dionisiaco.

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Lila Zellet Elías dirige a la compañía Ensamble Al Mosharabia y se expresa a través de la “danza morisca”. Un tipo de música y de ritmo corporal que, no obstante venir de oriente, forma parte de la herencia cultural de América, a través del encuentro que estas tierras tuvieron con los conquistadores españoles, que trajeron a las tierras vírgenes la herencia cultural de oriente.

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Fenómeno escénico que revela la riqueza de los encontronazos culturales, muchas veces violentos, para dar vida a nuevas formas de ser, de sentir, de relacionarse con el espacio interior —un concepto inseparable de la danza— y el mundo.

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En el espectáculo Tres silencios del aire, la creadora y bailaora Lila Zellet Elías aprovecha aquellas raíces originarias del movimiento de oriente y de occidente, para hacerlas confluir en un discurso contemporáneo, que nos habla sobre lo que significa ser mujer hoy, en un mundo acostumbrado a la simulación de la felicidad.

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La directora de la puesta en escena teje una coreografía que nos lleva a las alturas, a la vida de las “damas del aire”; las azafatas de trajes pegados al cuerpo para resaltar sus cuerpos voluptuosos, de miradas ensayadas y labios pintados con el color carmesí que hacen forma de corazón para decir: “Que tenga usted un buen día”.

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El resultado de esta obra escénica no busca la grandilocuencia, sino la actualidad de la tragedia. La tragedia personal oculta detrás de los maquillajes y las sonrisas falsas de las azafatas, que es el pan nuestro de cada día. El sonido de los teléfonos celulares, las proyecciones de videos tomados en los aeropuertos, el ir y venir de las mujeres que deben volar para vivir plenas, generan una atmósfera caótica.

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Las maletas iguales y los uniformes se distorsionan para mostrar lo que hay bajo esas pieles tersas, sonrisas obligadas y miradas casi autómatas. Es el contraste el que se busca en el movimiento, las transiciones, los encuentros dislocados del andar en los aeropuertos. La espera.

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FOTO: Tres silencios del aire, con el Ensamble Al Mosharabia, con la dirección de Lila Zellet Elías, diseño de iluminación de Xóchitl González, y las interpretaciones de Mariana Bortoni, Angie Marín, Bárbara Mora, Claudia Ramos, Ana Paula Zamora, Lila Zellet, y la bailarina invitada Dominga Martínez, se presenta en el Teatro Benito Juárez (Villalongín 15, Cuauhtémoc), miércoles y jueves a las 20 horas, hasta el 29 de junio./Sistema de Teatros de la Ciudad de México.

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