Contra los detractores de “Despacito”

Jul 15 • destacamos, Miradas, Música, principales • 8767 Views • No hay comentarios en Contra los detractores de “Despacito”

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¿De dónde viene el éxito de esta canción de moda? ¿Su pertenencia al género reggaetón demerita su calidad musical? ¿Es mejor una mala obra de Bach que una buena melodía de Luis Fonsi y Daddy Yankee?

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POR IVÁN MARTÍNEZ

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Escuché “Despacito”, la canción de moda. Luego la escuché un par de veces más. Y no le di mayor importancia hasta que alguien preguntó mi opinión: ¿por qué alguien preguntaba mi opinión sobre un hit comercial? La escuché entonces con detenimiento y me di cuenta que es una joya; es decir, una joya de su género. O mejor dicho, de sus géneros, porque no es exclusiva del reggaetón, sino una combinación de pop latino tradicional inyectado con un poco de los nuevos ritmos conocidos como urbanos. Y es una joya porque sus autores, Luis Fonsi y Erika Ender, le han atinado a lo que todo cantautor comercial quiere: que su rola venda. Para este domingo, el video original de “Despacito” habrá pasado con creces los dos mil quinientos millones de vistas en Youtube, frente a los 650 mil de “Felices los 4”, de Maluma, la otra canción de moda.

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La canción, que a simple oído es una rola sencilla y bailable más, pegó. Pero no creo del todo cuando Ender y Fonsi se dicen sorprendidos por un golpe de suerte: quizá no esperaban la respuesta que ha tenido y vieron la posibilidad de que pasara desapercibida, pero cada decisión autoral en “Despacito” es deliberada, y aunque esté inscrita en una receta básica tiene elementos diferentes al común de lo que escuchamos en la radio o en los antros: un registro vocal más amplio, patrones rítmicos más variados, síncopas más continuas y más de dos motivos melódicos. A eso, hay que sumar el descubrimiento (sic) de un analista del sitio Playground que se jacta de haber revelado el secreto: acude a un rallentando que engaña al cerebro haciéndole creer, en la enésima escucha, que no sabe lo que va a pasar. Y sí, es cierto que a diferencia de la música clásica o el jazz, a la música comercial –que no acude a herramientas interpretativas como ésa en los estudios de grabación– la escuchamos en automático. Aun así, creo que esta avalancha de la que nadie con redes sociales se ha salvado es un fenómeno coyuntural.

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No es fortuito que el primer hit en español en llegar a la lista de Billboard lo haya hecho en el 2017: el año que volvieron a salir los radicales que apuestan porque en Estados Unidos se hable sólo inglés, el peor año de hostilidad contra los latinos y contra el uso de nuestro idioma. Si en la América de Trump, el éxito de “Despacito” le está diciendo algo a la comunidad latina, o a la diversidad de tradiciones musicales que ya se la han apropiado, también debería estarlo haciendo a los estudiosos de la cultura, que son, paradójicamente, los protagonistas de la otra cara del fenómeno: la virulencia y el clasismo con que lo critican.

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A la crítica que reciben los géneros urbanos, y en especial “Despacito”, no sólo la distingue la visceralidad, sino un montón de razones y la dirección equivocada. En su mayoría, los detractores no están en contra de lo que digan los autores comerciales, ni siquiera en cómo lo dicen, sino en los destinatarios. Y todos somos ese destinatario, sobre todo en música y en cine, pero cabe cualquier expresión de la cultura.

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Nadie se salva porque siempre habrá alguien con gustos y conocimientos más refinados que los propios y porque todos acudimos en algún momento a expresiones culturales que no nacen precisamente de tradiciones clásicas o sofisticadas, sino que por su naturaleza son productos efímeros. Entretenimiento puro. Y me niego a pensar que esté mal disfrutar, por ejemplo, de una buena comedia romántica en el cine aunque sepa cómo la trama llegará a cada tercio de su estructura: la prefiero sobre una mala película “de autor”, como prefiero un buen reggaetón por encima de una mala sinfonía, que se han escrito muchas.

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Vale citar a Christian Vázquez cuando escribe “Contra la arrogancia de los que leen” (Letras Libres, 6 de junio de 2017): “Hay gente que cree que, sólo por haber leído unos cuantos libros a lo largo de su vida, tiene mayor autoridad ética o moral que la gente que no lo ha hecho. No solamente minusvaloran sus ideas y opiniones, sino que además a menudo convierten a esas personas en objeto de burlas. Es curioso, porque el efecto debería ser justo el contrario. Se atribuye a Flaubert una frase que afirma que ‘viajar te hace modesto, porque te das cuenta del pequeño lugar que ocupas en el mundo’. Pues leer debería hacerte modesto también, ya que te permite advertir lo poco que sabes cuando hay tanto por saber.” Enumera una lista de beneficios de la lectura y, claro, “leer es mejor que no leer”.

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Pasa lo mismo con la música. Conocer a Bach es mejor que no conocerlo, pero en lugar de denostar a quien no lo conoce o a quien tiene un gusto no desarrollado por ejemplos más sofisticados de música, ¿por qué no mostrarle sus ventajas?

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Según han contado, Fonsi tenía en su cabeza un breve coro y se sentó a desarrollarlo con Ender. Dicen que sin ninguna pretensión más que la de dejarse guiar por ese motivo, construyendo una canción que pudieran cantar y bailar cadenciosamente lo mismo con la intimidad de una guitarra que en los clubes nocturnos acompañados de la maquinaria sonora propia. No buscaban contenido y “Despacito” no lo tiene. Quizá “Despacito” no diga nada, ni a mí, ni a los lectores de un suplemento cultural, y ni siquiera a los jóvenes que sólo quieren bailarla. Pero está diciendo mucho de sus detractores.

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FOTO: A mediados de mayo, esta canción compuesta por Erika Ender y Luis Fonsi alcanzó el primer lugar en popularidad en Estados Unidos, según la revista Billboard. Es el primer tema en español en esta posición desde 1996. En la imagen, los intérpretes de la canción, Daddy Yankee y Luis Fonsi (ambos en la imagen)./Especial

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