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La danza evolucionista de Antares

Ene 7 • Escenarios, Miradas • 1261 Views • No hay comentarios en La danza evolucionista de Antares

POR JUAN HERNÁNDEZ

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En 1987 se fundó Antares Danza Contemporánea, dirigida por Miguel Mancillas (Hermosillo, Sonora, 1963), cuya presencia en la escena nacional e internacional ha sido fundamental, gracias al rigor y el compromiso para ejercer el lenguaje del cuerpo, así como en el uso de los medios que acompañan la ceremonia de la creación coreográfica.

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El lenguaje escénico de Antares se ha caracterizado por una evolución permanente, debido al talante ideológico de su director artístico, en quién debemos reconocer la contención del desbordamiento emocional o dramático en escena, para dar espacio a la reflexión y al abordaje intelectual (es decir, el ejercicio de la inteligencia) en el acto creativo.

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Quizá a ello se deba que sus aportaciones en el ámbito escénico se concentren en la búsqueda de un equilibrio entre dos instintos —ampliamente estudiados por Nietzsche en El nacimiento de la tragedia— que son opuestos pero inseparables de la obra artística: lo apolíneo y lo dionisiaco.

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En los 30 años de estar en la escena, Antares Danza Contemporánea ha conseguido crear un sello único, que la identifica en la creación coreográfica nacional e internacional. 2017 es un año que inicia con retos importantes para la agrupación, pues tiene frente a sí la celebración de tres décadas de existencia y, también, responder a las expectativas que ha generado con la solidez de su trabajo.

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De 1987 a la actualidad, la compañía ha experimentado un crecimiento constante y llega a la madurez con una propuesta creativa de gran actualidad; a veces, quizá, con un prurito técnico, que para algunos resulta chocante y frío, pero que aquí consideramos es la base de la solidez de su lenguaje, toda vez que no se queda en la búsqueda de la perfección en la ejecución, sino que alumbra nuevos caminos para la aproximación al hecho escénico, como una forma nueva y única de existir en el mundo.

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Los bailarines de Antares tienen la fuerza muscular de un atleta, sus piernas —como columnas clásicas— deben ser redondas y firmes para sostener el edificio de la arquitectura coreográfica y, al mismo tiempo, ofrecer —siguiendo los cánones de la Antigüedad clásica— belleza, armonía y una cierta utilidad que hace que sus creaciones tengan estructuras habitables y humanas.

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Sorprende, en ese sentido, la manera en que la danza de Antares y la propuesta de su principal creador, Miguel Mancillas, ha recuperado distintas tradiciones: la de la Antigüedad clásica, pero también la de la Ilustración —permitiendo el carácter racional de la expresión creadora— y, desde luego, las vanguardias históricas, que buscan subvertir y poner en entre dicho la existencia misma del arte.

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Por todo esto, la danza de esta agrupación artística resulta altamente interesante como objeto de estudio, pero también como una experiencia viva, que vale la pena atestiguar, en el entendido de que estamos frente a una de las síntesis más logradas de nuestra tradición occidental.

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Miguel Mancillas es un coreógrafo que asume el hecho escénico con una solvencia creadora en el espacio-tiempo para ofrecer mundos habitables, espejos de lo que somos como especie; universos sagrados y profanos, ahí en donde el erotismo explota para ser vida y luego dar paso a la muerte (Tánatos), una trayectoria que confirma, como diría Paul Ricoeur, la capacidad y afirmación del hombre “respecto a sí mismo y a su mundo” cuando asciende a la consciencia la noción de la finitud.

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El trabajo creativo de Antares, en los 30 años que tiene de vida, es una aportación fundamental a la escena y a la comprensión del mundo desde el arte que potencia el instante: la danza. Entre sus obras se pueden mencionar: Ángel (1987), Ese lado del tiempo (1989), Vestigio (9 minutos después) (1995), Tiro al blanco, historia por entrega (1997), Disertaciones (1998), En espera… (1999), Cielo en rojo (2004), Tu hombro (2007), LadoaLado (2009), Falso cognado (2011), Que no descubran tu nombre (2012), Pliegues (2014) y Los descalzos (2016).

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Este año esperamos la celebración de los 30 años de la compañía, con sede en Hermosillo, Sonora, y con esta conmemoración la ratificación del carácter evolucionista de esta compañía, que sin desdeñar la tradición busca nuevas formas de adaptarse a las necesidades de un mundo cambiante y acelerado. De ahí que estemos frente a una agrupación sólida, vital y, sin duda alguna, fundamental en el panorama coreográfico internacional.

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