Alicia Alonso: ¡voy a vivir 200 años!

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Alicia Alonso, prima ballerina assoluta, falleció a los 98 años dejando como legado una metodología férrea que es parte de la tradición del ballet clásico en Cuba y también en México

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POR JUAN HERNÁNDEZ

Alicia Alonso falleció este 17 de octubre, a los 98 años de edad, en La Habana, Cuba. La prima ballerina assoluta cubana es figura emblemática de la danza mundial. Intérprete, directora y maestra de carácter de acero, dejó un legado que le garantiza un sitio privilegiado en la historia del arte universal.

 

Nacida como Alicia Ernestina de la Caridad del Cobre Martínez del Hoyo, el 21 de diciembre de 1920. Su nombre artístico lo adoptó luego de casarse con fernando Alonso, de quien tomó el apellido.

 

La vida de la bailarina no se entiende sin la danza y la tradición del ballet en Latinoamérica, en el siglo XX y hasta la actualidad, no se comprendería sin el nombre de la mítica intérprete y maestra, quien comenzó a construir su leyenda en 1940, cuando formó parte de los fundadores del American Ballet Theatre, en donde se ubicó como una de las bailarinas principales.

 

En México tuvimos la oportunidad de gozar de su presencia en múltiples ocasiones. De carácter imponente, su palabra resonaba siempre como de la de quien alecciona desde el púlpito.

 

Su cabello recogido lo cubría con una mascada de seda, su ceja levantada sobresalía por encima de las gafas, que solía usar para disimular una condición visual (limitación de la visión periférica) y su labios rojos contrastaban con la blancura de su rostro.

 

Fue la primera bailarina en interpretar Giselle para el American Ballet Theatre, el 2 de noviembre de 1943, en sustitución de Alicia Markova, quien no pudo llegar al estreno. De ahí que el papel protagónico de aquel ballet se asocie irremediablemente a la emblemática bailarina, quien al personaje a su gloria máxima, gracias al pleno dominio de la técnica del baile en puntas, por medio del cual se genera el efecto etéreo de la aparición fantasmal y mágica de la “Willy”, un ser espiritual tomado de la mitología eslava.

 

Alonso fundó después el Ballet Nacional de Cuba, compañía a la que dirigió con mano firme, rigor artístico y apego a los cánones del repertorio del ballet tradicional.

 

Gracias a la disciplina que la directora impuso, la agrupación obtuvo reconocimiento internacional y, al mismo tiempo, dio al mundo primeros bailarines, que se convirtieron en estrellas de las compañías de mayor prestigio en el orbe.

 

En el 2002, en uno de sus viajes a México, Alonso hizo alusión a la gran influencia que la Escuela Cubana de Ballet tuvo en el país. Aquí llegaron maestros cubanos y pusieron en marcha la metodología creada por la primera bailarina, para la formación de los bailarines clásicos.

 

“Tengo una gran emoción. Siempre nos ha unido mucho la danza. La Escuela Cubana de Ballet y los bailarines mexicanos han estado muy cerca. Hay algo especial con México. Ya no voy a decir que hay una unidad histórica, pero sí artística. Nos ha unido el amor a la danza y seguiremos así”, expresó en aquella ocasión. Alicia Alonso se sentía orgullosa de sus logros. Hablaba con seguridad de la versión de Giselle que hizo para el Ballet de la Ópera de París y que después sumó al repertorio del Ballet Nacional de Cuba. “Es considerada por la crítica como la mejor versión que existe”, aseguraba.

 

Aquella versión de Giselle de la que se ufanaba Alonso la vimos nuevamente con el Ballet Nacional de Cuba, en el Auditorio Nacional, el 27 de septiembre de este año. Se extrañó, en esta última visita, la presencia de Alonso, quien por su edad avanzada había dejado la dirección artística en manos de la también bailarina Viengsay Valdés, aunque en el programa de mano el nombre de la prima ballerina assoluta siguió apareciendo con el nombramiento de directora general. Cuando le preguntamos en aquel 2002, cómo definiría a la Escuela Cubana de Ballet, Alicia Alonso respondió:

 

“Iba a decir que como una muy buena escuela. Pero no. Voy a explicar más. Hemos estado estudiando muy fuertemente nuestras características físicas, culturales, históricas, y todo eso lo aplicamos físicamente, intelectualmente en la forma artística que producimos. El ballet no sólo lo pueden bailar los europeos. Nuestra América puede bailar ballet tanto o mejor que cualquiera. La historia lo ha demostrado”.

 

Alicia Alonso fue una estrella del ballet mundial, figuró en la tradición rusa y en la de Europa occidental. Se convirtió en un leyenda viva y hoy, tras su muerte, en un mito del arte universal.
“La danza me ha dado la razón de mi vida, también fuerza para seguir adelante: viviendo y soñando. Soy optimista a través de mi danza. Vivo por la danza. Y cuando uno ama algo de verdad, uno es recompensado. Las alabanzas son preciosas, es un alimento para el espíritu, pero también te pueden hundir. El crítico más severo eres tú mismo”, dijo en aquel 2002.

 

El trabajo de la bailarina no solo impactó en la danza profesional, otra disciplinas como el teatro también se vieron enriquecidas con la profundidad de su técnica artística y expresiva que ayudaron a formar a centenares de actores de la escuela cubana.

 

Cómo no recordar la firmeza con la que decía: “¡Voy a vivir 200 años!”. Hoy sabemos que su legado artístico y su nombre pasarán a la eternidad. Descanse en paz la prima ballerina assoluta.

 

FOTO: Alicia Alonso recibió el Premio “Irene Lidova a toda una carrera”, en Cannes, Francia, en 2005.

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