Amy Berg y la autodestrucción libertaria

Ago 20 • Miradas, Pantallas • 4489 Views • No hay comentarios en Amy Berg y la autodestrucción libertaria

POR JORGE AYALA BLANCO

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En Janis: chica azul (Janis: Little Girl Blue, EU, 2015), compacto documental largo 5 de la feminista angelina nada angelical de 45 años Amy Berg (Librános del mal 06 sobre la figura viviente de un cura pederasta, Oeste de Memphis 12 sobre un sonado error judicial, Un secreto a voces 14 sobre niños violados, La oración del profeta 15 sobre un poderoso predicador de la poligamia), se revisa cronológicamente pero con alucinante alucinada profundidad humana de anti-biopic convencional, la trayectoria de la bluesista texana vuelta máxima estrella del rock internacional Janis Joplin (1943-70), a través de un auténtico cargamento de documentos, fotos seminéditas del álbum familiar, testimonios de sus envejecidos hermanos menores y excondiscípulos escolares en el poblado perdido de Port Arthur, entrevistas a cuadro con los sobrevivientes de cada una de sus bandas sucesivas (Big Brother and de Holding Company entre 65 y 68, Kozmic Blues Band en 68-69, y la Full Tilt Boogie Band que la acompañaría en sus últimos años incluyendo su disco axial-testamentario Pearl y su éxito de superventas “Me and Bobby McGee”), fragmentos de estruendosos recitales en EU y en su gira por Frankfurt-Estocolmo-Londres todo agotado, subversivas TVinterviews (“Porque así puedo experimentar sentimientos que de otro modo no podría”/“En el escenario hago el amor con 25 mil personas y luego vuelvo sola a casa”) comentadas ahora por algún conductor seducido a perpetuidad, declaraciones a cámara de amigotas otrora compartidas compañeras puntuales en alcohol-drogas y exgalanes suyos nostálgicamente impúdicos al platicar intimidades de su relación o de las recaídas de la heroína en el imparable consumo del estupefaciente idem, escenas desmadrosas en estudios de grabación y multitud de misivas personales, todo ello tendiente a hacer luz sobre la autodestrucción libertaria de esa Chica Azul.

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La autodestrucción libertaria demuestra saberlo todo y poder documentar y fundamentarlo todo acerca del mismo consabido rompecabezas de Janis, pero ordenado de muy otra manera inteligente y transgresora: su infancia descubriendo la importancia del alboroto para llamar la atención, sus dolorosas humillaciones en el colegio machista que la votó unánime “El chico más feo de la secundaria”, su inhibida juventud rebelde en un retrógrada rincón suriano donde coexistía aún el KKK con los movimientos radicales de reivindicación racial, su salto de flaquita minimizable a precoz mujerona fornida, su incorporación al azar como cantante de una insignificante banda local de jazz y blues, su evolución de incipiente roquerita escandalosa a hembra rompedora en clubes de Austin, su sentimiento de manumisión cual pueblerino-traumatizada texanita acomplejada descubriendo el libérrimo San Francisco de la cultura músico-psicotrópica juvenil, su deuda euforizante con dos cantantes afroamericanos de blues fundacionales en la consecución de su arrebatador estilo espectacular: la imitable Odette en su sensual emisión vocal y el venerado Otis Redding (“The Dock in the Bay”) en sus cadencias alucinadas y movimientos ectoplásmicos, su devolución a casa con 30 kilos menos deshecha por la droga que iba en el paquete liberador de la época, su posterior ascenso meteórico a la fama y a la satisfacción colmada de todos sus sueños de grandeza personal y poder económico, su airado rechazo a firmar estratégicamente antes de su participación en el californiano Festival de Monterey Pop en 1967 para ser explotada iconográfica-fílmicamente por el cineasta vivales D.A. Pennebaker, su dureza sólo aparente, su decreciente control sobre sus gritos y chillidos cada vez más ingobernables, su enfática adopción de los visos-vicios de chica mala y su estruendoso atuendo de beatnik ad hoc antes de tomar en efecto la ruta en Brasil con un David luego correlón hasta África pero anunciando por telegrama un salvador regreso demasiado tarde, y su aparición muerta súbitamente por sobredosis a los 27 años en su alcoba, mientras su Seth Morgan en turno jugueteaba con dos rorras en el jardín de su mansión.

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La autodestrucción libertaria se da el lujo de omitir la discusión de piezas básicas en la construcción-eco del personaje de Janis, tales como su hoy evidente bisexualidad, aunque señalando la intensa amistad compartida en todo que la ligaba finalmente con una guapísima adicta y etílica Peggy, o como las causas y circunstancias reales de su deceso, porque lo que importa es su articulación revisionista y la aportación de piezas novedosas como el impacto de la disolución-integración-relevo sus bandas sobre su hipersensibilidad solitaria, afligida, maltratada, magullada, urgida de amor siempre horizonte ante su Tumba sin Sosiego.

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Y la autodestrucción libertaria se redondea a la manera de una epístola documental, o como un documental fundamentalmente epistolar, gracias a la dulce lectura íntegra en voz off, por la cantautora suriana Cat Power/Chan Marshall (¿la voz misma o sucesora de Janis en una nueva Janis?), de las varias docenas de cartas que Janis envío sin cesar a sus padres en el transcurso de sus fulminantes 9 años de carrera, en su mayoría pidiendo consejos o disculpándose o poniendo al día las verdaderas noticias sobre sí, como si sólo hubiera vivido para rendir tranquilizador testimonio de ella ante sus progenitores, como si necesitara retornar periódicamente a su base aérea existencial para abastecerse de energía terrestre al modo del gigante invencible Anteo después de volar desmesuradamente alto durante un lapso excesivo o estando todavía en pleno vuelo, o más simplemente, obedecer el dictum fatal de Aristóteles: “Ninguna felicidad es completa si no se comunica”, para concebir la vida de Janis como un delirio rompedor, un crucial parpadeo mártir de la conciencia/autoconciencia femenina de su siglo XX, una ejecutoria vital que certifica la poética paradoja espaciotemporal de Novalis: “Tiempo es espacio interior, espacio es tiempo exterior”.

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FOTO: El documental Janis: Chica azul, que se exhibe en la cartelera comercial, muestra la correspondencia y otros archivos personales de la cantante norteamericana Janis Joplin. / ESPECIAL

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