Archivo Bolaño 1977-2003, festín para lectores

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POR PEDRO PABLO GUERRERO

 

(Nota publicada el 9 de junio de 2013 en el diario chileno El Mercurio / GDA)

 

Llega a Chile Archivo Bolaño. 1977-2003. El volumen reproduce manuscritos del autor que se exhiben en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona. El libro incluye textos de Javier Cercas, Enrique Vila-Matas y Antoni García-Porta, entre otros colaboradores.

 

Este 15 de julio se cumplirán 10 años de su muerte. En el plazo de este decenio, traducciones, películas, libros póstumos tan relevantes como 2666 y una creciente bibliografía de ensayos críticos demuestran que no ha hecho falta ninguna efeméride para mantener el nombre de Roberto Bolaño en el primer plano de la actualidad cultural. Sin embargo, familiares, estudiosos y amigos han organizado diversas conmemoraciones.

 

En Chile, la actividad pública de mayor envergadura es el congreso literario Estrella Distante -que se realizará en las ciudades de Santiago, Viña del Mar y Valparaíso los días 15, 17 y 18 de julio-, convocado por la Facultad de Letras de la Universidad Católica, el Departamento de Literatura de la Universidad de Playa Ancha y la carrera de Licenciatura en Letras de la Universidad Andrés Bello. En el encuentro participarán no sólo investigadores chilenos como Grínor Rojo, Patricia Espinosa, Fernando Moreno, Alexis Candia y Roberto Hozven, sino también especialistas internacionales entre los que destacan Celina Manzoni y Wilfrido Corral. También han sido invitados el escritor Roberto Brodsky (autor de la novela Veneno) y Jorge Herralde, editor de Bolaño a partir de Estrella distante (1996).

 

A la espera de ese banquete para bolañistas, sus lectores pueden encontrar un excelente aperitivo en un libro que acaba de llegar a Chile: Archivo Bolaño. 1977-2003. Editado con el objetivo de presentar la exposición del mismo nombre que organizó el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), el volumen bilingüe -español e inglés- sobrepasa largamente los propósitos de un catálogo para la muestra de cartas, manuscritos, diarios, fotografías y objetos personales conservados por la viuda del escritor, Carolina López, quien facilitó importantes piezas a la exhibición.

 

Es un regalo poder acercarse, siquiera mediante fotografías, a la materialidad de la escritura de Bolaño. Desde nuestra época digital, en la que ya no hay borradores ni originales, conmueve enterarse de que una simple libreta de cuentas fue soporte de Consejos de un discípulo de Morrisona a un fanático de Joyce, escrito en colaboración con Antoni García Porta. Emociones parecidas transmiten las tapas de sus novelas inéditas Diorama y El espíritu de la ciencia ficción (escrita en 1984 y dedicada a Philip K. Dick), redactadas en modestos cuadernos escolares.

 

 

Las tertulias de calle Tallers

 

 

Pero Archivo Bolaño, el libro, reúne además de estas valiosas imágenes ocho textos escritos especialmente para el volumen. La mitad corresponde a testimonios de los narradores españoles Javier Cercas, Enrique Vila-Matas y Antoni García Porta, así como de la poeta asturiana Olvido García Valdés, todos ellos viejos amigos del homenajeado.

 

García Porta evoca los años en que, recién llegado a Barcelona, Roberto Bolaño “recibía como si fuera la Duquesa de Guermantes o la Madame Verdurin” en su piso de la calle Tallers. Quizás sin el glamour proustiano, pero con igual pasión, las tertulias giraban en torno a Pound, Joyce y a proyectos de libros y películas que nunca se realizaron. O si se hicieron, los menos, vieron la luz muchos años después, cuando ya nadie recordaba a los poetas eléctricos franceses y apenas se veía el cine de Fassbinder o Alexander Kluge. García Porta trae al presente noticias de la correspondencia que en esa época mantenía Bolaño con Ariel Dorfman, Jaime Quezada, Poli Délano, Omar Lara y Soledad Bianchi, cuando el autor “llevaba programado en el ADN el sello del agitador literario”.

 

Javier Cercas vuelve a contar la anécdota de cómo conoció a Bolaño en Gerona hacia 1981 y lo encontró nuevamente en 1997. Pero cada vez la cuenta mejor. Afloran nuevos detalles, se establecen sugerentes relaciones y la generosidad del chileno crece aún más. Que su apoyo fue decisivo para escribir Soldados de Salamina ya lo sabían los lectores de ambos. Pero no es verdad, como dijeron algunos, que el retrato de Bolaño presente en esa novela lo hubiera molestado, aunque Cercas admite que tras su publicación se distanciaron y no volvieron a hablarse hasta el reencuentro que se produjo en 2003, frente al mar de Blanes, poco antes de su muerte. Cercas no se acuerda gran cosa de esa noche, salvo que luego de comer en un restaurante chino y buscar sin fortuna algún bar abierto, no aceptó la invitación de quedarse a alojar en el departamento de Bolaño. “Apenas recuerdo nada de ese piso, salvo que estuvimos mucho rato allí y que en el baño había un ejemplar de El canon occidental, de Harold Bloom, abierto por una página dedicada a Neruda”, escribe Cercas.

 

En el texto “Blanes o los escritores de antes”, Enrique Vila-Matas constata una feliz paradoja. Atribuye al aislamiento de Bolaño en esa localidad costera un papel gravitante en su futuro reconocimiento literario: “Bolaño seguramente no habría podido decir tantas cosas de no haber estado mudo durante todo ese tiempo”. Luego de citar a Ignacio Echevarría -que no figura entre los colaboradores de Archivo Bolaño -, Vila-Matas agrega que Bolaño probablemente sintió en esos años “la felicidad de no ser nadie y al mismo tiempo ser alguien que escribía”. Tan Bartleby como siempre, el autor de Suicidios ejemplares escribe a contrapelo de nuestra época de marketing y festivales literarios: “A veces, el tiempo de silencio es el paraíso de los escritores”.

 

“El poeta Roberto Bolaño”, de Olvido García Valdés, indaga en torno al ambiguo lugar que ocupa en la obra de Bolaño su libro Amberes. Presentado en 2002 como la octava novela del autor, el texto fue incluido más tarde, con variantes y un título distinto (Gente que se aleja) en La Universidad Desconocida (2007), volumen póstumo que reunía su obra poética. Días antes de morir, en la que sería su última entrevista, Roberto Bolaño le dijo a Mónica Maristain: “La única novela de la que no me avergüenzo es Amberes, tal vez porque sigue siendo ininteligible”.

 

Por sus visiones sonoras, cromáticas, verbales, por sus dilaciones kafkianas, por su desesperanza que le recuerda a “un Rulfo de camping y arrabal”, Olvido García considera que Gente que se aleja (Amberes) “supone un crecimiento en la trayectoria de Bolaño para la averiguación de qué sea lo poético”. La autora recuerda que cuando conoció al escritor compartieron esa pasión por la poesía, pero dice respecto de Bolaño que “su mirada y su posición en el núcleo de lo colectivo -la pandilla con sus múltiples ramificaciones, prehistorias y estratos- era naturalmente masculina”.

 

Por qué triunfa en Estados Unidos

 

Alejados de la crónica, los cuatro artículos restantes de Archivo Bolaño, escritos por Valerie Miles, Juan Insua, Patricia Espinosa -autora de la única contribución chilena al volumen- y Barbara Epler, tienen un carácter más ensayístico.

 

De gran interés para comprender el arrollador éxito de Bolaño en Norteamérica es el trabajo de Epler, directora de New Directions, el primer sello que lo publicó en Estados Unidos. Epler alcanzó a sacar varios libros del escritor antes de que la poderosa editorial Farrar, Straus & amp; Giroux hiciera la mejor oferta por los derechos de Los detectives salvajes. El entusiasmo de Francisco Goldman, los consejos de Susan Sontag y las traducciones pioneras realizadas por Chris Andrews fueron, según Epler, cruciales para difundir a Bolaño. Lo mismo que la frecuente publicación de sus relatos en The New Yorker, a partir de 2005.

 

Pero la editora de New Directions escarba más hondo para encontrar las raíces del “hechizo” que la obra del escritor ejerce en Estados Unidos.

 

“La cámara de tortura subterránea de Nocturno de Chile es nuestra: puede que la anfitriona sea chilena y que la casa esté en Santiago, pero el marido es norteamericano. El espectáculo del terror latinoamericano es parte de nuestra  locura, y para bien o para mal ese es un elemento que hace que la obra de Bolaño sea tan irresistible aquí, tan fascinante como la propia historia familiar”, concluye Epler.

 

 

FOTOGRAFÍA: Roberto Bolaño/Archivo El Universal

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