Beethoven 250: tres obras para alientos

Ago 1 • Miradas, Música • 1913 Views • No hay comentarios en Beethoven 250: tres obras para alientos

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El encierro pandémico nos lleva a descubrir una vez más las grabaciones de los grandes maestros, como el compositor alemán que perduran en la historia de la música

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POR IVÁN MARTÍNEZ
El título que usted leyó aquí arriba fue mi segunda opción. La primera, cuando pensé en lo que voy a presentar a continuación y que no es más que una recomendación personal, un granito de arena que quiero poner para la justicia hacia una música, hacia un mundo sonoro que me ha maravillado desde niño, era Beethoven 250: lo que de todos modos no iba a escuchar. Ello lo volvía doblemente deprimente y la música de la que quiero hablar hoy no tiene nada de eso. Pero sí es una que, entre el vasto mundo de sus sinfonías, de sus cuartetos o la supremacía del piano, se ha ido perdiendo del conocimiento del público.

 

No hablo de toda la música para alientos, sino de un apartado de “rarezas” que no le piden nada ni en contenido o construcción, ni en sus armamentos discursivos al resto de su producción, pero que diversos factores, a veces de dificultad o pertinencia, a veces falta de contextos para presentarlos, las hacen ser poco escuchadas en vivo, y en disco. Espero que los tiempos que vivimos y a falta, quién sabe por cuánto tiempo más, de conciertos en vivo, nos permitan descubrir y redescubrir estas maravillas: se lo merece Ludwig, al menos por su cumpleaños.

 

 

La Sonata para corno y piano, op. 17
Esta obra no es tan rara, de las que mencionaré quizá sea la más conocida; para los intérpretes de este instrumento es la obra obligada de cualquier recital y si se le quiere conocer fuera del contexto orquestal, ésta es la puerta de entrada; así como lo sería de la literatura para metales de este compositor. Una pista de su popularidad entre el público es la cantidad de grabaciones existentes (frente a las 146 de la novena sonata para violín y piano, sólo 48 y casi un tercio son transcripciones para otros instrumentos). Está registrado que Beethoven la escribió en sólo dos días y la inspiración fue el célebre cornista de la época, Giovanni Punto, en ocasión de un concierto en su honor.

 

Aunque es breve, es un ejemplo de maestría arquitectónica y eficacia técnica; el periódico musical Allgemeine Musikalische Zeitung registró en su reseña del estreno que los aplausos fueron tan estruendosos y continuos, que se tuvo que repetir completa a manera de encore. Su estructura es muy clásica, con un allegro final muy vigoroso y triunfal, que puede no significar la plana más difícil de la literatura para el corno como algunos conciertos posteriores, pero sí una prueba de energía, sonido y vitalidad para quien la toque. Son varios los cornistas actuales a los que escucho continuamente con admiración, pero la referencia es Barry Tuckwell, quien la grabó en 1974 junto al pianista Vladimir Azhkenazy, al lanzar la carrera como solista más relevante que haya tenido un cornista (está en Decca, remasterizada en diferentes compilaciones).

 

 

Equali para cuatro trombones, WoO. 30
Ésta sí es una rareza de rarezas. ¿Una pieza para cuatro trombones? ¿Qué clase de músico experimental era Beethoven? ¿Quién querría escuchar cuatro trombones juntos, solos? Es difícil saber por qué, pero tras haber escrito algunas primeras obras con instrumentos de aliento en contextos protagónicos durante sus primeros años, los abandonó para volver a encontrarlos en el último tercio de su vida creativa (ésta es de 1812), cuando ya sufría severamente su sordera.

 

Esta “obrita” de la que se desconoce su inspiración es una de las más serias en su catálogo, hablando de carácter: se trata de tres “cantos” inspirados en el modelo de Equales (literalmente voces iguales, exclusivamente hombres o mujeres) que se cantaban durante los entierros; de hecho, se interpretaron en su propio funeral. Definitivamente es raro encontrar un recital donde se junten cuatro trombonistas, a menos que se trate de un recital estudiantil. Y son precisamente estudiantes de la Universidad de Indiana quienes hace apenas unas semanas presentaron un disco donde fueron incluidas tan solemnes páginas (Beethoven: Chamber music, Naxos, 2020). Ahí mismo se encuentran otras obras “raras”, como algunas de sus marchas para banda o lo escrito para tres cornos franceses.

 

 

Tríos para dos oboes y corno inglés
Como dije, una pista sobre la poca difusión que tienen algunas obras es saber el apetito que han tenido los intérpretes por registrarlas: 48 grabaciones de la Sonata de corno francés suenan suficientes al lado de las únicas dos que hay de los Equales. Y por ahí mismo andan sus dos tríos para dos oboes y corno inglés: el op. 87 en Do y el WoO 28, que son unas muy simpáticas y originales Variaciones sobre “La ci darem la mano”, el dueto de la ópera Don Giovanni de Mozart.

 

Las transcripciones siempre fueron importantes para la difusión de ciertas músicas en su época (uno escuchaba cierta obra y luego corría a comprar la adaptación para los instrumentistas que hubiera en la familia con la facilidad con que hoy se elige el juego de mesa para pasar el rato), y en la música de Beethoven son abundantes, fueran hechas o autorizadas por él mismo, o no (una de mis versiones favoritas de las sinfonías Séptima y Octava, por ejemplo, es la del octeto de alientos de Sabine Meyer). Estos dos tríos juveniles son ampliamente conocidos en múltiples versiones, con cuerdas, maderas, metales, combinaciones, o piano. Y aunque su intención fue pedagógica (como mucha de su música temprana para alientos: explorar y aprender la escritura idiomática de los instrumentos, luego representada en su música orquestal), en éstos logró inyectar con consistencia material que no puede ser llamado superficial (sobre todo en el op. 87).

 

Pensando en esa intención primaria, mi recomendación es regresar a la versión original, que se encuentra en una compilación de música para vientos de Deutsche Grammophon (1997), donde se puede escuchar al legendario Heinz Holliger acompañado por Hans Elhorst y Maurice Bourgue.

 

FOTO: Especial

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