Carlos Monsiváis: “Londres me da lo que nunca podría la Ciudad de México”

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A inicios de los años 70, Carlos Mosiváis fue profesor invitado en la Universidad de Essex. Su sentir pesimista acerca de México, sus círculos intelectuales y la cultura de la época lo llevaron a buscar refugio en Londres; donde tuvo un romance formal con una joven mexicana, estudiante de artes plásticas de 21 años, como lo confesó en una carta a su amiga y escritora María Luisa “la China” Mendoza, correspondencia a la cual Confabulario tuvo acceso

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POR GERARDO ANTONIO MARTÍNEZ

Entre noviembre de 1970 y marzo de 1972, Carlos Monsiváis intercambió una serie de cartas con José Luis Martínez, entonces embajador de México en Grecia. En ellas, el joven escritor compartió comentarios sobre los proyectos literarios en los que trabajaba –prólogos, textos sobre los hermanos Marx, sus relecturas de Altamirano, Payno y Micrós– durante su estancia en la Universidad de Essex, Reino Unido, a la que se integró como docente invitado en septiembre de 1970. Ahí estaría dos años más hasta su regreso a México para hacerse cargo de La cultura en México por invitación de Fernando Benítez, su director saliente.

 

Una de esas cartas está fechada el 25 de agosto de 1971. Ahí dice que está a punto de cumplir un año en Europa, una etapa poco explorada de la trayectoria intelectual de Monsiváis y que puede definirse como un breve autoexilio en el que disfrutó de ese “baño de anonimato”, puerta de salida temporal ante el asedio que comenzaba a padecer en México, donde era ya una emergente celebridad de la vida intelectual y de la que, muy a su pesar, no se desprendería en adelante.

 

Como explica Rodrigo Martínez Baracs en las notas que acompañan la publicación de estas seis cartas en Letras Libres en febrero de 2016: “Monsiváis debió llegar a la Universidad de Essex en septiembre de 1970, donde estuvo hasta fines de junio de 1971, para irse a Londres. Viajó después a Atenas, El Cairo y Estambul. Regresó en octubre a Londres, en donde permaneció hasta marzo de 1972”.

 

Este periodo londinense, que al parecer no inicia en septiembre de 1970, sino a finales de 1969, fue para Monsiváis un lapso en el que se alejó de la política cultural del México post 68. Abandonó su programa en Radio UNAM para hacer la vida en Londres, vivir de las colaboraciones que enviaba a la Ciudad de México, ver dos películas diarias, leer dos libros de un tirón en la misma jornada y desayunar –en la cima de sus capacidades domésticas–, una taza de té, toda una proeza para estirar el presupuesto, constantemente sableado por el fisco británico.

 

Por supuesto que no era el único mexicano en esa “macabra ciudad”, según su propia definición. Tres décadas después, en su columna “Bazar de asombros” del 10 de enero de 1999, el poeta Hugo Gutiérrez Vega describió la ciudad de Londres de principios de los 70 como un hervidero de creadores latinoamericanos que escapaban de las amenazas de aquellos años: “Los mexicanos, en su mayor parte, habían huido del ’68 y de la barbarie estatal. Los otros latinoamericanos huían de sus espadones y gorilas, mientras que los españoles escapaban de los remanentes de las castas prisiones franquistas, y los portugueses dejaban atrás los ropajes negros y las siniestras austeridades monjiles del tenebroso Oliveira de Salazar”.

 

Como relata el mismo Gutiérrez Vega, entonces agregado cultural de la embajada de México en Reino Unido –a cargo del embajador Eduardo Suárez–, Londres era una bulliciosa ciudad donde podían coincidir con pocas fechas de diferencia presentaciones de Jimi Hendrix, Janis Joplin, The Rolling Stones y unos Beatles sumidos en la crisis que los llevaría a su separación. Incluso, como Monsiváis contó a los hijos del embajador José Luis Martínez a su paso por Atenas unos meses después, sus aventuras nocturnas lo llevaron a presenciar un concierto de Frank Zappa, con quien quedó maravillado.

 

La casa donde vivía Gutiérrez Vega, en el barrio de Paddington, se había convertido en refugio recurrente de todo aquel que pidiera asilo, entre ellos Carlos Monsiváis en los meses que antecedieron su regreso a México en 1972. Y continúa Gutiérrez Vega en su apunte autobiográfico: “Carlos Fuentes, Rita Macedo y Cecilia vivían en Hampstead, Vargas Llosa en Sheperds Bush, Cabrera Infante en Gloucester Road, Toño Cisneros en Nothing Hill Gate, José Emilio Pacheco y Cristina acampaban en Colchester, Sergio Pitol enseñaba literatura en Bristol…” 1

 

Sin embargo, celoso de su vida personal, lo poco que se conoce de las andanzas londinenses de Monsiváis está en su correspondencia con distintas amistades. Una de ellas fue la narradora María Luisa “La China” Mendoza, con quien tuvo una nutrida relación epistolar, hoy resguardada en la Universidad de Guanajuato y en trabajos de catalogación coordinados por el escritor Luis Felipe Pérez.

 

Una de estas cartas está fechada el 12 de enero de 1970, en la que Monsiváis se apresura a declarar su suspicacia sobre el generalizado entusiasmo que algunas voces influyentes de la cultura mexicana, entre ellos Carlos Fuentes, habían manifestado por Luis Echeverría, candidato del PRI a la Presidencia del país. Se entiende que en cartas anteriores han tocado los temas de la sucesión sexenal, sus impresiones sobre otros personajes, las expectativas de lo que Londres le promete en su madurez como espectador de cine, teatro y los movimientos juveniles, entre ellos el feminismo británico. Sin temor a equivocarse sobre lo que está presenciando y como anuncio de ese Monsiváis que conjugó el goce por la cultura pop con la agudeza del cronista escribe en esta carta: “El Women’s Liberation es un gran movimiento”.

 

Augura un buen recibimiento que tendrá entre los lectores Con él, conmigo, con nosotros tres, la “cronovela” de la “China” Mendoza que aparecería en 1971 y confiesa que desde hace tiempo vive un romance con una joven de 21 años, mexicana y estudiante de pintura. Ella se llama Gabriela, un enigma de la vida londinense de Monsiváis. Más adelante, confiesa sus intenciones de no volver a México: “En mi caso, el empeño es evidente: no volver, demorar el regreso lo más que pueda, si se puede forever. No hay disyuntiva: en México no sirvo para nada; Inglaterra a mí me sirve mucho”.

 

Aquí la carta:

 

 

12/I/70
Querida China:

 

Me da mucho gusto que la situación mejore ostensiblemente. ¡Qué bueno lo de Edmundo2 y qué bien (aunque yo por puro espíritu de contrariedad, mantengo reservas profundas el entusiasmo universal ante Echeverría! Será un gran presidente, mucho mejor que Cárdenas, parece ser la consigna del optimismo general. Y tú, mientras lo apoyas, vas a la francachela de los Cesarmán3 y ostentas botas increíbles ante la admiración de Jean Franco.4 ¿Qué te parece? Yo, mientras, empiezo a vivir Londres y empiezo a enamorarme de esta macabra ciudad. Y, la verdad, no quiero volver. ¿Para qué? Yo no me creo ni me considero un escritor, no tengo por qué cumplir trámite alguno en México y me da igual la política literaria. Así, en plan de espectador y de espectador que así, en su condición de tal, se cumple y se realiza de modo intensísimo, Londres me da lo que nunca me podría dar la Ciudad de México: sensación de libertad, cine, teatro, espectáculos (externos e internos) y la absoluta satisfacción de no ser nadie y de no tener que complementar a los demás. En uno de sus geniales artículos, Neuvillate5 (el amo de la prosa poética que se escribe sola, sin ayuda humana) luego de citarte decía, para agradecerme diciéndome Charles Manson6 (?), que en Europa uno es alguien más y en México uno es algo más. Prefiero ser alguien más con posibilidades de ver lo que necesito y en contacto inmediato con las grandes fuentes (ilegible), que ser algo más en un mundo sin exigencias y hecho para la autoindulgencia y el halago. Ya lo verás, China, de un modo intransferible ahora que publiques la cronovela 7. No hay lectores, y por lo mismo, no hay críticos. Leerán lo que no escucharán, les regocijará lo que no está ahí. Pesimismo inevitable: escribir en México es declarar en público el afán de no comunicarse. Sólo unos cuantos, cuyos nombres sabemos, te entenderán y admirarán tu trabajo. Y los que no conocemos, los estudiantes, los jóvenes desconocidos, elogiarán y vivirán tu prosa, de modo entrañable, pero eso lo sabrás después, cuando ya ni modo. Las respuestas inmediatas al trabajo intelectual siempre son frías y mínimas. Ya basta de pesimismo. Te estoy preparando para una respuesta que a mí me corresponde, no a ti ¡oh triunfadora! (Y eso lo digo pese a tus desplantes demagógicos de soledad) Ya te veo, viviendo engolosinada la respuesta jubilosa a tu masterpiece. En mi caso, el empeño es evidente: no volver, demorar el regreso lo más que pueda, si se puede forever. No hay disyuntiva: en México no sirvo para nada; Inglaterra a mí me sirve de mucho.

 

Lamento discrepar: Lozoya8 no es Carlos Fuentes, pero es un elemento honesto, que trabaja en serio, como verás si le lees su libro sobre el ejército mexicano. Lo disminuyes sin más trámite, debido a su “defectito” y en esto actúas, como dirían ahora, “sexistamente” (Sexismo: la ideología del prejuicio sexual, del chovinismo masculino, etc). Siempre has tendido a elaborar esa reacción. Digas lo que digas en condición de “gay power más bello del ejido” (frase por otra parte genial) lo vuelve irrisorio a tus ojos y una vez más el prejuicio triunfa/ ¡Qué lata! Hoy estoy en predicador y ni remedio. Perdón, China, no volverá a suceder. Seré dócil y halagüeño. Déjame declararte mi amor sin más para recuperar tu atención, contrariada ante mis necedades. Ahora estoy viviendo la mitad del tiempo en Londres. Inicio un romance real pero difícil con una niña mexicana de 21 años, estudiante de pintura. La sensación es novedosa y muy intensa. No estoy jugando contigo, China y no me lances uno de esos regaños telefónicos con que me obligabas a confesar la verdad. No sé cuánto dure el asunto, pero por ahora lo de esta niña va muy en serio. Se llama Gabriela9 y te conoce de vista. (¡Qué bella biografía en cápsulas: “Se llama Gabriela y te conoce de vista”. Voy a pedir chamba en El Heraldo).

 

Te quiero muchísimo. Salúdame a Edmundo, a los amigos, a Paco, a Carlos Fuentes, y, last but not least, a Valdadina.
Love de
Carlos

 

 

P.D. El Women’s Liberation es un gran movimiento.

 

Notas

1. Otro creador mexicano que por esas fechas vivió en Londres fue el poeta José Carlos Becerra (1936-1970).
2. Edmundo Domínguez Aragonés (1938-2014), entonces esposo de María Luisa Mendoza. Autor de libros de crónica, novela policiaca y poesía. Fue director general de la Organización Editorial Mexicana; subdirector de supervisión y operación de la Dirección de Análisis y Evaluación de la Dirección General en RTC; subdirector de El Gallo Ilustrado, suplemento del periódico El Día. También fue director editorial de El Sol de México y colaborador de distintos medios de comunicación.
3. Se refiere a los hermanos Eduardo y Fernando Césarman. El primero (1931-2004) fue médico y escritor. Autor de Cuarto menguante (Grijalbo, 1986), Trompa talega: poema épico (Gernika, 1991), entre otros libros; su hermano Fernando (1925-2017) fue médico psiquiatra, ensayista, narrador y poeta. Autor de Una grieta en la pared (Martín Casillas 1984), Otra vez (Océano, 1986) y El ecocidio permitido (Gernika-Profeco, 1996).
4. Jean Franco (1924), académica británica especializada en literatura latinoamericana. Autora de An Introduction to Latin American Literature (Cambridge University Press, 1969), Spanish American Literature since Independence (Barnes and Noble, 1973), y más recientemente The Decline and Fall of the Lettered City: Latin America in the Cold war (Harvard University Press 2002). Tuvo una fuerte influencia en la percepción de los lectores de lengua inglesa sobre la literatura latinoamericana.
5. Alfonso de Neuvillate (1937), crítico de artes en México en la Cultura, suplemento de Novedades.
6. Líder de la Familia Manson, secta formada a finales de los 60 en California. Célebre por el asesinato de la actriz Sharon Tate el 9 de agosto de 1969.
7. Se refiere a Con él, conmigo, con nosotros tres (Joaquín Mortiz, 1971).
8. Jorge Alberto Lozoya Legorreta (1943) es internacionalista e historiador. Autor de El Ejército Mexicano (1911-1965), publicado por El Colegio de México en 1970. Monsiváis regresa al tema de alguna conversación anterior, que pudo darse por vía epistolar o por teléfono, como el autor refiere más adelante sobre sus charlas con “la China” Mendoza.
9. Ni Carmen Galindo, amiga cercana durante toda la vida de Carlos, ni su prima Beatriz Sánchez Monsiváis recuerdan que él hubiera mencionado la existencia de este romance londinense. Ambas refieren que las dos únicas mujeres sobre quienes Carlos Monsiváis expresó públicamente su relación sentimental fueron Tania Celaya, a inicios de los 60, y años después Laura Oseguera.

 

FOTO: Retrato del pasaporte de Carlos Monsiváis (circa 1970). /Beatriz Sánchez Monxiváis/ Cortesía Museo del Estanquillo

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