Ávila Dueñas y el dominio romántico

Jul 6 • Miradas, Pantallas • 1590 Views • No hay comentarios en Ávila Dueñas y el dominio romántico

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Un peluquero que vive entre la rutina y el luto por la muerte de su madre, bastante deprimido busca nuevas aventuras en su madurez

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POR JORGE AYALA BLANCO 
En El peluquero romántico (España-México, 2016), insólito film 6 del poemático autor total zacatecano de 50 años Iván Ávila Dueñas (corto sadiano: Vocación de martirio 99; largos inclasificables: Adán y Eva (todavía) 04, La sangre iluminada 07 y La mañana no comienza aquí 14), el arrumbado peluquero barrial de 37 solterones e inadaptados años Víctor (Antonio Salinas con archisobrio bigotito bien recortado) sufre el deceso de su madre al parecer absorbente y decide continuar en triste solitario con su rutinaria vida de hijo de padre ausente/desconocido pero plena de súbitas ausencias esquizofrénicas y enfrascada en los goces etílicos de una anacrónica sensibilidad romántica añorante de los boleros y las películas mexicanas de la Época de Oro, le va al impresentable equipo de futbol Atlas siempre perdedor (como él), juega póker los sábados con sus cuates borrachones Sergio (Carlos Valencia) y Humberto (Germán Betancourt) y Daniel (Abraham Jurado), se entrega a las esperas infinitas a que lo condena la paulatina desaparición de su clientela, recibe sus alimentos de la linda chava Rosy (Sara Juárez) a la que sólo por cotorreo le propone matrimonio aunque se conforma con cortarle las maltratadas puntas de sus cabellos largos, dormita sus crudas a gusto, reinicia con efímera falta de gracia erótica su relación con la peligrosa pelirroja Susy (Brenda Castro) que alguna vez le rompió el corazón, y se deja invadir domésticamente por el entre confianzudo y abusivo amigo Sergio, cuya intempestiva galana aliviada Gladys (Mayra Hermosillo) le da a elegir al héroe entre presentarle una amiga para coger o para andar de novios, hasta que el afligido Víctor sea de repente contactado por su antes escondido/escamoteado padre brasileño (Fernando Becerra), quien le hará entrega de las llaves de la casa barriotera a él heredada por una epistolar abuela cariñosa en Río de Janeiro, adonde nuestro ideosincrático peluquero orgulloso se dirige, para conocer allí a una franca afrocarioca universitaria hispanoparlante de 24 años (Larissa Wanke), integrarse sin dificultad al grupo de amigos de ella, ligársela pese a su diferencia de edades e instalar felizmente una peluquería sólo para caballeros y con vista al mar en ese su nuevo y expansivo dominio romántico.

 

El dominio romántico se revela como una obra de varias maneras totalizadora, al englobar de entrada, en un solo impulso rapsódico narrativo, cada trasunto de las anteriores películas poemáticas de Ávila Dueñas: la inflexible Vocación de martirio del inasible héroe en conflicto con las mujeres, la condición de éste fundamentalmente ajena a su duelo y a su época y a su ámbito particular como ya lo eran los amantes fatalmente eternos de Adán y Eva (todavía) emigrando ya a Sudamérica (Buenos Aires) en busca de satisfacer sus deseos arcanos, la trasmigración de las almas de La sangre iluminada si bien ahora en un solo cuerpo/espíritu desmembrado entre dos hemisferios mal que bien embonados, y la confluencia de la multidisciplina artística de vanguardia y el pastoreo rústico de La mañana no comienza aquí en una sola figura sintetizadora de ambos mundos y de muchos más.

 

El dominio romántico alía en ese infeliz personaje mudable, y como exclusiva forma de empática introspección transferida-proyectiva y elegante, la picardía mujeriega del colega peluquero Tin-Tán en La tijera de oro (Alazraki 58), el envidiable carisma ñoño y superartificial de Angélica María en Como perros y gatos (Delgado 68), la aprehensión aprensiva de un traumatizante DF explosivo y lleno de rollos incallables en Del brazo y por la calle (Bustillo Oro 55), la nobleza del nupcial macho alfa rogón Pedro Armendáriz en El rebozo de Soledad (Gavaldón 52), o así, pero sobre todo ello la esquizofrenia de ausencias que son desdoblamientos de personalidad sensual-sensitiva de Ninón Sevilla en la psiquiátrica ultrakitsch Aventura en Río (Gout 52), exacto aquellas películas que fascinan a nuestro artista peluquero y con cuyos protagonistas, sean hembras o varones, se identifica, e identifica su sensibilidad entre perdida y vulnerada, al igual que lo hace con esa tenue pero poderosa línea sentimental que une a “Bonita” de Luis Arcaraz y a “Sin ti” de Los Panchos con “Divina dama” del brasileño Cartola, porque hay que resistir, conmovidos o deshechos, en un perpetuado presente pasado liricoloquial.

 

El dominio romántico concatena así un prólogo pueblerino cual defectuosa cinta amateur con demasiada cola que le pisen, secuencias invariablemente interrumpidas por corte a planos todoabarcadores de la cámara detrás de frontgrounds escamoteadores o vidrieras sobre vidrieras ad nauseam (en los rezos del novenario materno, en los cafés de la reconquista o en las encerronas alcohólicas), fragmentos dislocados en blanco/negro que acosan a cada tercera secuencia al infeliz Víctor cual pez fuera del agua, amenazantes imágenes oníricas con cabelleras atadas en los zapatos y calzones puestos de Rosy con estampado de colorido paisaje tropical, un avión-visión elíptica y detallados cortes de cabello cuyos big close-shots significan una inmediata posesión lujuriosa y una consumada fusión existencial.

 

Y el dominio romántico toma partido contra cualquier comedia romántica de moda, tanto como por el triunfo de la sensibilidad sobre cualquier complaciente desesperación irremediable, acogiéndose a la tenaz búsqueda primero subyacente y luego directa de una armonía total y absoluta, imponiéndose absurda pero gloriosa, porque la esencia del héroe se hallaba bipartida entre su mitad mexicana y su mitad brasileña, para hacer de él un ser desmembrado y en pena, apenas a la vez dentro y fuera de la esfera social y su dictadura temporal, a semejanza de ese fabuloso panning a la derecha que enlaza el paseo de los nuevos novios del brazo y por la calle con la instalación del inaugural peluquero enseñoreado por encima de la favelas aguardando a sus clientes cariocas del barrio de Santa Teresa.

 

FOTO:  El peluquero romántico, con actuación protagónica de Antonio Salinas, se exhibirá en la Cineteca Nacional hasta el 11 de julio./Especial

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