Cuatro cuerdas, una voz

Ene 26 • Miradas, Música • 830 Views • No hay comentarios en Cuatro cuerdas, una voz

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El año inició con la presentación, en la Sala Carlos Chávez del CCU, del Cuarteto Ruvalcaba, un conjunto con futuro

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POR IVÁN MARTÍNEZ

Tras las vacaciones, dio inicio el pasado fin de semana la temporada de conciertos del año, que en el caso de la Filarmónica de la UNAM arrancó con una “Gala de inauguración”, en su Sala Nezahualcóyotl el sábado 19, dedicada a dos de los aniversarios musicales emblemáticos de este 2019, el bicentenario de Franz von Suppé y el 150 aniversario luctuoso de Hector Berlioz, que fue dirigida por el titular del ensamble, el violinista Massimo Quarta.

 

Pero la actividad musical comenzó un par de horas antes, ahí mismo en la Sala Carlos Chávez del Centro Cultural Universitario, con un concierto del joven Cuarteto Ruvalcaba. Diría que se trató de un aperitivo, pero estaría siendo injusto cuando en realidad se trató del plato fuerte con que comencé este nuevo ciclo.

 

Desde mediados del año pasado, vi con entusiasmo pero no sin poca cautela la aparición continua del nuevo cuarteto en diferentes carteleras. Es usual que continuamente y sin cesar aparezcan y desaparezcan nuevos grupos, sobre todo cuartetos de cuerda; lo inédito es que éste, el Cuarteto Ruvalcaba se tomara en serio la nueva formación, preparara una corta pero contundente lista de repertorio, se dedicaran a hacer trabajo de mesa y oficina, y las diferentes instancias programadoras los tomaran en cuenta para darse a conocer. Los identifica un supuesto interés en el repertorio mexicano que habrá que ver si es cierto en los programas que sigan conformando, pero sobre todo la juventud de sus miembros. Su nombre lo toman del legendario violinista mexicano Higinio Ruvalcaba (1905-1976).

 

En el poco menos de un año de vida que llevan como grupo los violinistas Fernando Vizcayno y Alejandro Serna junto al violista Mauricio Alvarado y el violonchelista Rodolfo Jiménez, se han presentado ya en las salas de cámara importantes de esta ciudad, logrado colaboraciones con otros músicos de trayectoria, e incluso ya han hecho un par de giras nacionales.

 

En esta ocasión presentaron un programa sustancioso conformado primero por el Cuarteto no. 19, en Do, K. 465, el conocido por sus disonancias, de Mozart y el Cuarto, “Música de feria”, de Revueltas, y luego de un intermedio, el Segundo, en la menor, op. 13 de Mendelssohn. Se escucha de ellos un sonido ecuánime como cuarteto, su voz es fuerte como un solo instrumento cuartetístico que a primera oída no parecieran un grupo novato; se entienden entre ellos y es palpable que la comunicación visual durante la presentación pública ya no es imperante: trabajaron antes, se entendieron y sobre todo, se escuchan. Son un instrumento sonoro sólido.

 

No debería hacer comparaciones y menos con la nada, pero aquí hay que hacer notar, al menos para justificar mi entusiasmo, la diferencia con los grupos de veteranos que se reúnen ocasionalmente, le dan nombre a un colectivo que no vuelve a juntarse, ensayan un par de obras, las tocan y quizá algunas veces hasta lo hacen de manera correcta, pero como la formación es ocasional, no se preocupan –insisto, sobre todo cuartetos– en la formación del sonido cuartetístico como una sola voz.

 

Sin embargo, no todo está solucionado. A estos jóvenes les hace falta trabajar mucho para consolidarse y traspasar con éxito este fuerte primer arranque: de entrada hay que eliminar las brusquedades y cuidar la lectura individual de cada obra. En general hay un sentido de urgencia en cada frase a la que le hacen falta momentos de reposo. En cuestión de balances, hay que pulir el primer violín, pues se escucha como un solista y no como la primera voz; se confunde liderazgo con volumen y Vizcayno puede llegar a ser un gran líder. Hay que buscar más delicadezas estilísticas que quizá se consigan con madurez. Y, no menos importante, pulir pasajes donde los dedos no están todavía puestos al cien por ciento. Se trata de pequeños detalles que no hicieron emocionarme menos en pasajes sobre todo de Revueltas o del cuarto movimiento del op. 13 de Mendelssohn.

 

Ojalá que este nuevo grupo que ya superó lo ocasional se solidifique en su personalidad artística y en el futuro veamos su nombre al lado de cuartetos mexicanos que lograron la trascendencia como el Latinoamericano, el White, el Ruso-Americano o el mismo Lenner, que en su tiempo lideró el violinista de quien toman su nombra. El entusiasmo ya lo tienen ellos, este crítico y, como atestigüé, el público (nunca antes vi la Sala Chávez a reventar).

 

El de la OFUNAM que escuché enseguida fue un concierto también mejor de lo que esperaba; aunque tampoco había mucho qué escuchar en el mini programa de apenas 60 minutos. De Suppé, Quarta dirigió la obertura a la opereta Poeta y Campesino, a la que muchas bandas sinfónicas juveniles recurren con más entusiasmo y probablemente con mayor limpieza en sus ataques. Y de Berlioz, la emblemática Sinfonía Fantástica, que supo mantener bajo control, aunque con un discurso tan poco elaborado que perdí interés dramático apenas terminando el primer movimiento.

 

Sí, es verdad que logró mejores condiciones que las que nos tiene acostumbrados, hay detalles de sonoridad que he criticado y que en esta ocasión estuvieron más cuidados (un sonido menos gritado de los alientos, por ejemplo, o uno más redondo de las cuerdas), pero aun me sigue faltando la experiencia de descubrir texturas, gestos, entender por qué está y qué dice cada nota. Sobre todo en obras del contenido narrativo de ésta.

 

FOTO: Alejandro Serna y Fernando Vizcayno (violines), junto con Rodolfo Jiménez (cello) y Mauricio Alvarado (viola), forman el Cuarteto Ruvalcaba. / Tomada de la página de Facebook del Cuarteto Ruvalcaba

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